París, Texas y la primera vez que vi París

Título original: Paris, Texas
Año: 1984
Nacionalidad: Alemania, Gran Bretaña & Francia

Dirección: Wim Wenders
Guión: Sam Shepard, adaptado por L. M. Kit Carson
Producción: Anatole Dauman & Don Guest
Fotografía: Robby Müller
Música: Ry Cooder
Montaje: Peter Przygodda
Dirección artística: Kate Altman
Vestuario: Birgitta Bjerke
Reparto: Harry Dean Stanton, Sam Berry, Bernhard Wicki, Dean Stockwell, Aurore Clément, Claresie Mobley, Hunter Carson, Viva, Socorro Valdez, Edward Fayton, Justin Hogg, Nastassja Kinski, Tom Farrell, John Lurie, Jeni Vici, Sally Norvell, Sharon Menzel, The Mydolls…

la primera vez que vi París

La primera vez que vi Paris, Texas, tan sólo tenía catorce años, obviamente, no había tenido tiempo de experimentar muchas cosas de la vida, pero quedé fascinado, no sólo por la historia, sino por todos los elementos que componen la película: la música, las interpretaciones, la luz, los diálogos, los silencios… Veinte años después, he podido comprobar cómo el paso del tiempo, no sólo la ha mejorado, sino que mis propias experiencias, me hacen entender la historia con toda su dureza y profundidad.

El germen de Paris, Texas se encuentra en un libro de relatos cortos de Sam Shepard: El gran sueño del paraíso (publicado en España por Anagrama). Libro que no contiene un relato que inspire directamente la historia de la película, pero sí algunos de los personajes, escenarios y ambientes que desarrolla. El mismo Sam Shepard firma el guión, después de haber realizado otros como los de Me and My Brother (1968, Robert Frank), Zabriskie Point (1970, Michelangelo Antonioni) y posteriormente la adaptación de su propia obra de teatro para el filme de Robert Altman, Fools for love (1985), Norte Lejano (1988, Sam Shepard), Curse of the Starving Class (1994, J. Michael McClary), Simpático (1999, Matthew Warchus) y In America (2001, Wim Wenders); completando su relación con el séptimo arte con interpretaciones esporádicas tanto en el cine como en la pequeña pantalla y siendo, tanto sus personajes escritos como aquellos a los que ha dado vida, muy parecidos entre si: solitarios, introvertidos, con preocupaciones existenciales, incapaces muchas veces de afrontar las situaciones a las que son sometidos, convirtiéndose en renegados, rebeldes o inadaptados (como los llamó John Huston en su filme Vidas rebeldes (The misfits, 1960).

Por otro lado, tenemos a Wim Wenders, cineasta de origen alemán pero, al igual que otros cineasta de su generación, muy influido por la cultura americana, no sólo desde el punto de vista cinematográfico por directores como Nicholas Ray o Sam Fuller, sino por su literatura. Previamente ya se había acercado a la literatura americana a través de la adaptación de la obra de la escritora Patricia Highsmith en la película El amigo americano de 1977, cuyos personajes ya eran muy parecidos a los retratados en Paris, Texas. Por otro lado es curioso que Wenders se haya convertido en la actualidad en el defensor a ultranza del cine europeo con la creación de los premios Félix, que premian a las producciones europeas de la misma manera que los Oscar premian a las americanas o el cine hecho en inglés.

Comenzaré por señalar los hallazgos del guión, un guión con una estructura inductiva, construido de tal manera que nunca sabemos lo que les pasa a los personajes, teniendo que esperar para conocer sus motivaciones. La historia comienza con Travis caminando sin rumbo por un desolado y desértico paisaje, tan desolado como su propio corazón. No sabremos qué le ha llevado a esa situación hasta llegar a casi la última secuencia del filme. Shepard se encarga de ir dosificando la información en muy pequeñas dosis, economizando las palabras, lo justo para mantener nuestra atención y forzarnos a preguntarnos cómo continuará la historia; lo justo para desarrollar los personajes sin necesidad de dar demasiadas explicaciones, pero con la porción justa para entender en qué momento se encuentra cada personaje y las diferencias que pueda haber entre ellos. Extraordinaria muestra de esto es el momento en que Walt llama a su casa para informar a Hunter, al que se identifica como: “papá”, para decirle después que se encuentra de viaje con su hermano, al que, para nuestra sorpresa se refiere como el padre del niño.

Wenders añade a las acciones y diálogos, las pausas necesarias para que entendamos al completo a los personajes. Mención aparte merece la banda sonora creada por Ry Cooder para la película, que transmite a la perfección el estado de ánimo de los personajes con esa leve duda que se percibe a cada rasgado, que pareciera fuera improvisando las notas en el momento de su ejecución, imprimiendo a las imágenes de una tristeza y melancolía a la que contribuye la elección de Wenders de utilizar planos fijos mayoritariamente, reencuadrando apenas a los personajes, siempre colocados en posiciones estratégicas para alcanzar un perfecto equilibrio entre los paisajes, la arquitectura, los espacios en los que se mueven; dando el conjunto una coherencia a la obra reforzada por el espléndido trabajo de fotografía de Robby Müller, colaborador habitual de Wim Wenders en casi todos sus filmes anteriores. Es curioso que incluso los planos con movimiento, pudieran considerarse fijos, pues muchas veces encuadran al coche en su trayectoria, siguiéndole, pero manteniéndolo siempre en el mismo punto de máxima atención, pareciendo que no se mueve, siendo el paisaje el que lo hace, consiguiendo al final un plano estático, como sus personajes. Me parece muy lograda la elección de todas las localizaciones: las carreteras, los moteles, los parajes en los que se detienen, las tiendas, los bares, las zonas mostradas de Los Angeles, huyendo de los tópicos y centrándose únicamente en transmitir al espectador las emociones de los personajes al mostrarnos el entorno concreto en el que se mueven.

Tanto la mirada de Wenders, como la historia creada por Shepard no son críticas. No intentan analizar a los personajes ni buscar soluciones, ni siquiera criticar a la sociedad americana. Es una mirada expresiva, en la que nos muestran la América profunda, desde luego nunca la retratada en otras producciones de la época como las  de Steven Spielberg: E.T. (1982, Steven Spielberg), Poltergeist, (1982, Tobe Hooper), Gremlins (1984, Joe Dante)  o Regreso al futuro (Back to the future, 1985, Robert Zemeckis) que nos ofrecían un modelo de familias idílico, siempre en consonancia con las casas que habitaban. En Paris, Texas los personajes son ajenos a su entorno, viven sus vidas interiormente, incluso Walt y Aurora que viven y trabajan en Los Angeles pero cuya vida carece del glamour que su conocida ciudad evoca por ser la meca del cine, no van a fiestas, ni se relacionan con el mundo de Hollywood; aunque el trabajo de Walt, pudiera facilitar este contacto. Lo que sí vemos es ese mundo de refilón, gracias a las vallas publicitarias que Walt pinta, situándonos sólo en ese momento en el tiempo en que transcurre la historia. Quizás Hunter es quien nos sitúe más concretamente, dado que por su edad y por su relación con otros niños está más al corriente del mundo que le rodea, como comprobaremos cuando haga alusiones directas con sus diálogos a La guerra de las galaxias (Star wats, 1977, George Lucas), por ejemplo, o simplemente por las sábanas de su cama.

Quizás sea Hunter, también,  el personaje más maduro de toda la película, siendo el único que ha sido capaz de asimilar los golpes de la vida, o por lo menos vivirla sin traumas ni rencores. Walt y Aurora, que han hecho la función de padre y madre durante sus últimos cuatro años y que no han tenido otros hijos, parecen abocados a la separación tras la partida de Hunter. Travis se encuentra totalmente perdido, incapaz de asumir los errores del pasado, intentando buscar el sentido de su vida por el simple hecho de acudir al lugar en el que fue engendrado por sus padres, un lugar en Texas conocido como París. Y Jane, último personaje que conocemos, que decidiera abandonar a su hijo incapaz de afrontar la vida sin Travis, por miedo a verle a él cada vez que mirase a su hijo, o por el miedo a que inconscientemente le hiciera pagar por los errores del otro.

Me llama especialmente al atención la recuperación de Travis: al principio, no habla, no come, no duerme, sólo camina sin rumbo, siguiendo las vías del tren o el tendido eléctrico, buscando, quizás, París, Texas, pero sin intención real de llegar allí, intuyendo, probablemente, que no le traerá ninguna respuesta ni solución. Recuperado por su hermano y a medida que se va desarrollando la acción, irá incorporándose de nuevo al mundo, hasta recuperar su propio ritmo. El primer síntoma de ello es el momento en el que percibe su deterioro físico en el primer motel al que le lleva Walt, después volverá a hablar, sin sentido al principio, aludiendo al mítico lugar: París, Texas. Después volverá a comer y poco a poco irá recuperando la memoria, se irá reconciliando con su pasado hasta que reacciona en el momento que se identifica con un personaje que habla al mundo desde lo alto de un puente, lleno de rabia, sin que realmente le escuche nadie, hablando de supuestas conspiraciones para acabar con todos, tan perdido a su manera como Travis al comienzo de la película. Travis tomará una decisión en ese momento que le llevará a buscar a Jane con la ayuda de Hunter, intentando solucionar lo que en su momento no supo hacer. Asumiendo su culpa en lo que supuso la ruptura con Jane, la buscará para devolverle lo que inconscientemente le arrebató: Hunter; castigándose después, terminando la historia tal como comenzó, con Travis vagando, cerrando el círculo, permitiendo al espectador decidir si esta vez viaja hacia algún sitio concreto o si volverá a perder el ritmo paulatinamente hasta  convertirse en lo que era al principio: un vagabundo.

La incomunicación de los personajes se hace evidente, precisamente, en el momento en que Travis consigue hablar con Jane: a través de un cristal y por un teléfono, no pudiendo ella verle a él. Es curioso que en la primera conversación que tienen, Travis vuelve a reaccionar de la misma manera que posteriormente descubriremos había hecho en el pasado, y en la secuencia en la que relata lo que hizo, momento en que entenderemos la situación de todos los personajes al comienzo de la historia, tiene que hacerlo de espaldas a ella, sin verla, temiendo volver a perder el rumbo sin concluir lo que pretendía viniendo a buscarla.

Por último destacar las interpretaciones de todos y cada uno de los componentes del reparto, desde Harry Dean Stanton en uno de los pocos papeles protagonistas en su extensa e interesante carrera, hasta la breve aparición de Nastassja Kinski, que en apenas unos minutos es capaz de imprimir toda la complejidad y fuerza psicológica que arrastra su personaje. Ambos interpretan a sus personajes con tanta convicción que pudiéramos pensar que se enamoraran en la vida real dada la química tan especial que emanan y desprenden en cada fotograba. No es cuestión de que digan que se quieren porque lo ponga el guión, es que realmente nos hacen creer que se quieren. Igualmente da la sensación de que Dean Stockwell es hermano de Harry Dean Stanton y que aunque hayan estado separados el uno del otro cuatro años, existe ese lazo invisible entre ellos; reforzados por Aurora Climent y la sorprendente interpretación de Hunter Carson como el hijo de Travis y Jane. Estas interpretaciones tan convincentes nos hacen olvidar que estamos viendo una ficción, identificándonos con ellos con cada plano, emocionándonos a medida que vamos conociendo más detalles sobre su historia. Totalmente entregados en ese abrazo final entre Jane y Hunter.

Abrazo que pocas madres han podido experimentar después de haber sufrido los malos tratos en sus carnes y haberse visto obligadas a estar separadas de sus hijos. Abrazo que, sin embargo algunas veces ha sido posible y eso sí que podría atesorarlo por experiencias cercanas que me han ayudado a entender más y mejor a las personas heridas, a los inadaptados, a los que voluntaria o involuntariamente han perdido, como Travis, el ritmo y que no por ello son irrecuperables. Siempre habrá una esperanza. Aunque la decisión final sea suya, igual que la decisión de Travis.

Luis M. Álvarez

Un filme enmarcado en los siguientes seminarios:

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