Los inútiles: sinceridad emocional = empatía emocional

Título original: I vitelloni
Año: 1953
Nacionalidad: Francia & Italia

Dirección: Federico Fellini
Guión: Ennio Flaiano & Federico Fellini, basado en un argumento de Ennio Flaiano, Federico Fellini & Tullio Pinelli
Producción: Jacques Bar, Mario De Vecchi & Lorenzo Pegoraro
Fotografía: Carlo Carlini, Otello Martelli & Luciano trastatti
Música: Nino Rota
Montaje: Rolando Benedetti
Diseño de producción: Mario Chiari
Decorados: Luigi Giacosi
Vestuario: Margherita Marinari
Reparto: Franco Interlenghi, Alberto Sordi, Flanco Fabrizi, Leopoldo Trieste, Ricardo Fellini, Leonora Ruffo, Jean Brochard, Claude Farell, Carlo Romano, Enrico Viaridio, Paola Borboni, Lída Baarová, Arlette Sauvage, Vira Silenti, Maja Nipora, Achille Majeroni, Guido Martufi, Silvio Bagolini, Milvia Chianelli…

sinceridad emocional = empatía emocional

Federico Fellini es uno de esos autores que no necesitan inventarse las historias que cuentan, o retratar las historias de otras gentes. Es un autor que habla de sí mismo, de sus miedos, de sus temores, de sus amores, de sus amistades, de sus desengaños. Y lo hace con tanta sinceridad –incluso aunque a veces se invente los hechos o los exagere- que no nos queda más remedio que empalizar con él. Reconocer en sus personajes a nuestros amigos, a nuestros amores. Contar una historia tan personal provoca que se vuelva completamente universal.

Porque, aunque algunas voces leyeron este filme como lo que le sucedía a la juventud italiana de posguerra, los mismos personajes y situaciones, podemos encontrarlos en las películas de la misma época de Juan Antonio Bardem, como Calle mayor (1956) o Nunca pasa nada (1963). Incluso cincuenta años después, muchos jóvenes siguen teniendo la misma carencia de inquietudes, la misma carencia de objetivos y viven en el mismo estado de apatía que los personajes que pueblan I viteloni.

Este filme de espíritu neorrealista, se convierte en crítica ácida con la ayuda de unos personajes despiadados, egoístas, que sólo piensan en disfrutar cada momento, sin pensar en el día siguiente, sin pensar en las consecuencias de sus actos sobre las personas que les quieren ni sobre sí mismos, sin pensar en el mañana. Filósofos de pacotilla, ni siquiera son capaces de tener respeto por  ellos mismos.

Un guión escrito en colaboración con Ennio Flaiano, que apunta todos los temas e imágenes que Fellini desarrollaría a lo largo de toda su filmografía en filmes como La dolce vita (1960) o Giulietta de los espíritus (Giulietta degli spiriti, 1965) –ambos escritos también junto a Ennio Flaiano), y reconstruye ,uno a uno, a todos los personajes, repartiendo el peso de la acción de uno a otro, mostrando así los motivos del descontento, de su infelicidad  y de su superficialidad.

Primero tenemos a Leopoldo, que sueña con estrenar sus obras con los más grandes intérpretes, incapaz de escribir más de dos líneas seguidas, frustrado al descubrir que el mundo del teatro no era tal y como él lo había soñado.

Por otro lado Alberto, que por ser “el hombre de la casa”, se cree con todo el derecho de opinar sobre la vida de su hermana, que es la que trabaja y le da de comer. Alberto protagoniza uno de los momentos más fellinianos y barrocos del filme: con su actitud egoísta, no se da cuenta del motivo de las lágrimas de su madre y se disfraza para ir a divertirse al carnaval, viéndose totalmente patético a la mañana siguiente cuando borracho y vestido de mujer llora desconsolado al ver que su hermana se va para no volver nunca más. Momentos antes, Alberto le había sentido identificado con una imagen que le había asaltado y sacado de su divertimento: un payaso.

Por último está el triángulo formado por Fausto, Sandrina y Moraldo. Fausto es, sin duda, el más superficial y egoísta de todos los personajes, capaz de ligar con una desconocida en la sala de un cine, sentado al lado de su mujer, dejándola sentada, sola, mientras con una excusa va en busca de la otra. Vuelve a intentar el adulterio con la esposa de su jefe, que no sólo le rechaza, sino que provoca que le despidan, relatando la historia al revés, después, a Moraldo, incapaz de asumir sus propios actos. Incluso es capaz de engañar a su esposa delante de Moraldo, hermano de esta, dándose este último cuenta así de la superficialidad de su amigo.

Sandrina representa a una mujer abocada a la soledad, enamorada de Fausto, no llega a ver la incapacidad de este para el compromiso. Sin embargo es presentada, como todos los personajes femeninos del filme, como una mujer fuerte, luchadora, que sí asume sus decisiones, aunque le devuelvan dolor y desconsuelo. También Alejandra, la hermana de Alberto es una mujer fuerte que toma la decisión de marcharse y ser la dueña de su vida. Aunque ambas mujeres toman decisiones opuestas las dos están retratadas con la misma fuerza.

Por último está Moraldo, alter ego del director en el filme –aunque bien podría decirse que el director se oculta detrás de cada uno de los personajes-. Es el único que reacciona al final de la película, abandonando el  pueblo y a aquellos a los que a considerado sus amigos. Intentará hacer aquello que antes tanto le sorprendía del niño que trabaja en la estación de tren: trabajar.

La banda sonora, compuesta por otro fiel colaborador del director: Nino Rota, que pondría la música de casi todos sus filmes -demostrando que Fellini, al contrario que los personajes de su película, será capaz de ser fiel a sus amigos-, transmite a la perfección los estados de ánimo de los personajes.

Luis M. Álvarez

Enmarcada en los siguientes ciclos:

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