Calle Mayor, la que nunca cambia

Título original: Calle Mayor
Año: 1956
Nacionalidad: España & Francia

Dirección: Juan Antonio Bardem
Guión: Juan Antonio Bardem, basado en una obra de Carlos Arniches
Producción: Cesáreo González & Georges de Beauregard
Fotografía: Michel Kelber
Música: Joseph Kosma & Isidro B. Maiztegui
Montaje: Margarita de Ochoa
Decorados: Enrique Alarcón
Reparto: Betsy Blair, José Suárez, Yves Massard, Luis Peña, Dora Doll, Alfonso Godá, Manuel Alexandre, José Calvo, Matilde Muñoz Sampedro, René Blancard, María Gámez, Lila Kedrova, Josefina Serratosa, Julia Delgado Caro, José Prada, Pilar Gómez Ferrer…

una calle que nunca cambia

No cabe duda que lo mejor de una buena obra como Calle Mayor, no sólo gana con el paso de los años, sino que a día de hoy, el discurso que plantea, sigue estando tan vigente como en el año de su estreno. Y aunque también haya un intento por parte de Bardem de retratar sutilmente un país ahogado bajo la represión impuesta por la  dictadura, los personajes encarnados por el grupo de jóvenes no se corresponden tan sólo con aquella realidad, sino con la realidad actual, siendo casi inherentes a un tipo de juventud: aquella que rechaza analizarse a sí misma, que asume su condición de fracasada y se resigna a vivir con lo que tiene, sin intentar avanzar o abrirse camino, sin explorar otras realidades, mofándose de todo aquello que no comparte sus opiniones. No sólo este es el punto fuerte del filme, sino que como nos dice la viole over de la primera secuencia: todo esto podría pasar en cualquier país, en cualquier ciudad,  en este mismo pueblo.

Juan Antonio Bardem, que ya diera una clase magistral de cine en Muerte de un ciclista (1955), se supera en esta ocasión desde muchos puntos de vista. En primer lugar, realiza un filme con intérpretes que hablan en inglés, en francés y en castellano, que al contrario que otros filmes con reparto internacional, consigue que actúen y reaccionen perfectamente a sus diálogos, aunque no sepan lo que está diciendo su antagonista. Es obvio que se saben el guión y que saben lo que les van a contestar en todo momento, pero es cierto que reaccionan ante cada diálogo como si lo entendieran perfectamente, como si fuera la primera vez que escuchan esas palabras,  respondiendo de una manera absolutamente espontánea. Reaccionan a cada gesto, a cada movimiento, haciendo totalmente creíble y coherente la farsa que se nos está relatando.

El guión se centra en la historia sin dejar de lado críticas hacia el sistema, eso si, muy bien camufladas y disfrazadas detrás de personajes y diálogos, precisamente para evitar la censura. La historia principal está muy bien llevada por los personajes de Juan e Isabel. El mundo de los pueblos de provincias está perfectamente retratado: el fervor religioso de la época, la hipocresía de la sociedad e incluso el miedo al rechazo por parte de esa misma sociedad. Porque parece que esto mismo es lo que le sucede a Juan. Si analizamos su comportamiento, podremos acordar que desde un primer momento sí se siente interesado por Isabel, de lo contrario no habría accedido a pasear con ella desde la estación. Podría ser el miedo al rechazo de sus camaradas lo que le empuja a no plantearse nada más con ella, pues estos ya la habían tildado de solterona. Non grata para ingresar en su círculo. Pasa a engrosar la lista de las no deseadas sólo porque es un poco más mayor de lo deseable, teniendo que resignarse, como alguno de ellos puntualiza en algún momento: “a casarse con algún forastero”, alguien que desconozca su pasado.

Sin embargo en algunos momentos podemos ver en la espléndida interpretación de José Suarez, que él se siente tan sólo como ella. En el fondo desea lo mismo que ella y su único consuelo es ir a buscarlo en la camarera del Café Moderno, contrapunto de Isabel, y tratándose justamente del caso completamente opuesto, se muestra candidata imposible para el mismo cargo.

Isabel representa la mujer de la época, víctima de esa sociedad, que como ella misma dice, le obliga a tener un único objetivo en la vida después del período escolar: casarse. Objetivo que retrasa por sus aspiraciones románticas. Es esta sociedad la que le presiona a ir a misa todos los domingos, a quedarse sentada en los bailes, a soñar con cocinas de blanco inmaculado. La sociedad que la ha encarcelado, impidiéndole aspirar a dejar el mundo que conoce. Incluso cuando se le presenta la oportunidad la deja escapar por no saber donde quiere ir. Probablemente nunca se haya planteado Isabel dejar el pueblo, aunque frecuentara la estación con anterioridad, nunca se habría planteado abandonar el lugar que le han asignado. En estos y en algunos otros puntos recuerda el personaje y sus actitudes a otras similares de personajes de las obras de Calderón de la Barca, sobretodo en una de las últimas secuencias, cuando Isabel despierta del sueño que estaba viviendo para darse cuenta de que era una pesadilla.

Quisiera resaltar la magistral planificación de dicha secuencia. Previamente, cuando Isabel está en casa esperando la llegada de Juan, como para trasmitirnos el estado emocional de exaltación en que se encuentra, Bardem utiliza la grúa para elevar el punto de vista. Vemos a Isabel desde arriba, como si estuviera flotando, ensimismada en las alturas sin darse cuenta de lo que le va a suceder. Desde ese mismo punto de vista la vemos cuando entra en el salón donde se va a celebrar la fiesta, deseosa de encontrar allí a Juan, se encuentra con el amigo de éste que le comunica que todo a sido una broma de mal gusto, que todo era mentira, que Juan se ha ido y con él su sueño. Isabel vuelve para sentarse en la silla en que el año anterior estuvo sentada durante la misma fiesta, y es en ese momento cuando Bardem vuelve a colocar el punto de vista al nivel del suelo. Isabel ha bajado de las alturas y se enfrenta ahora a una dura realidad. Lo que antes le parecía un sueño, el suelo tan limpio y brillante, la sillas en las que creía no iba a volver a sentarse, las luces, el piano, todo se convierte en una pesadilla. Diríamos que la misma Isabel acaba de volver a su sitio, igual que el afinador afina las cuerdas del piano y el sonido que produce para lograr su fin es precisamente disonante, distorsionado.

Por otro lado está el personaje del profesor, el intelectual. El único personaje en que podríamos encontrar la crítica al sistema de una manera clara, en este caso, como Isabel, asumiendo el papel que le han obligado a jugar en esta sociedad, condicionada por un régimen en el que la cultura no tiene cabida. Un régimen para el que todo intelectual es una seria amenaza, que debe permanecer en un lugar como una biblioteca, lugar donde descansa la cultura que en otros momentos fuera lugar de peregrinación para las mentes inquietas, ávidas de conocimiento que acudían a este lugar a alimentar sus almas. En los tiempos que corren en el filme permanecen vacías. Las autoridades prefieren promover otro tipo de entretenimiento, menos exaltador para las almas inquietas y que les ayude a dominar a las masas, más superficial. No me cabe ni la menor duda de que hace responsable al régimen franquista del estado de la juventud representada en el filme. Régimen preocupado en censurar la causa de la muerte del padre de Isabel, que según se rodó en el filme lo hacía por causas naturales, causa que resultaba inaceptable para el régimen pues sólo hay una posible causa de muerte para un militar: el frente de batalla.

Quizás fuera precisamente el intento de burlar a la censura lo que obliga a Bardem a forzar las situaciones y los diálogos, hablando con las imágenes más que con las palabras.

Luis M. Álvarez

Un filme enmarcado en los siguientes seminarios:

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