David Kross y Kate Winslet son Michael Berg y Hanna Schmitz en El lector

El lector: «una sola cosa puede lograr que el alma sea completa y esa cosa es el amor»

El lector (The reader, 2008, Stephen Daldry)
El lector (The reader, 2008, Stephen Daldry)

El lector (The reader, 2008, Stephen Daldry) es un filme que puede resultar incómodo al espectador -complicado, a veces- al tratar temas como la justicia, la culpabilidad y la comprensión en la Alemania de posguerra. Estos son precisamente los dos temas principales de la películas. ¿Pero cuál de los temas es el principal y cual el secundario?

Michael Berg, estudiante de secundaria, tropieza por casualidad con Hanna Schmitz, una mujer veinte años mayor que él. Ambos comienzan una tórrida relación en la que Michael pone el sentimiento y Hanna la sexualidad. La pérdida da la inocencia de Michael se produce cuando una mañana Hanna, de la que apenas tiene datos personales, desaparece sin dejar rastro.Habiendo servido de incentivo a Michael en la lectura al pedirle que le leyera todo tipo de literatura Hanna, indirectamente, propicia que Michael se refugie en sus estudios. Ya en la universidad -Michael se ha decidido por estudiar derecho-, en una clase práctica asistiendo a un juicio real con su profesor y compañeros de clase, Michael se reencuentra, nuevamente por azar, con Hanna. Este reencuentro no sólo remueve viejas cicatrices, sino que abre un complicado abanico de sentimientos enfrentados, pues Hanna se sienta en el banquillo de los acusados por crímenes de guerra, cometidos antes incluso de haber conocido a Michael, cuando prestaba ser-vicio a las SS durante la Segunda guerra Mundial.

El dilema de Michael, y el de la película, se establece cuando Hanna es acorralada por sus compañeras de banquillo, que testifican que ella sola habría decidido la suerte de un grupo de judíos a su cargo, que habrían fallecido al no ser auxiliados cuando se encontraban encerrados en un recinto que arde pasto de las llamas. La prueba que determina esta responsabilidad es un informe escrito, supuestamente, por el puño y letra de la propia Hanna. El espectador ya sabe que esto no es posible, pues ciertos momentos de la relación entre Michael y Hanna nos dan a entender que no sabe leer ni escribir. Michael realiza entonces el ejercicio mental de recordar esos mismos momentos, que el director ilumina con breves retrospecciones internas para espectadores descuidados, llegando a la misma conclusión que el espectador: Hanna no sabe leer ni escribir. Hanna no es responsable de la muerte de esas personas, como atestiguan sus compañeras. Sí es culpable de no haberles prestado auxilio, de omisión de socorro, igual que sus compañeras. Sin embargo, Hanna siente más vergüenza de que le tilden de analfabeta que de asesina, por lo que asume su destino como asesina.

¿Qué debe hacer Michael? Si testifica que Hanna no escribió ese informe porque no sabe leer ni escribir, probablemente, no evite que se libre de su castigo, pues abiertamente había confesado ser la carcelera, al igual que sus compañeras, de ese grupo de judíos, simplemente mitigará el castigo, propósito que sí consiguen las compañeras de Hanna teniendo la misma responsabilidad en los hechos que ésta. Si no testifica, la pena de Hanna servirá para expiar una deuda contraída con la única superviviente de aquel genocidio pero, ¿por qué tiene que pagar ella y no sus compañeras, cuando sabemos que ella es la única que, indiscutiblemente, no pudo escribir ese informe?

Se plantea en este momento el tema de la justicia. Los compañeros de clase de Michael debaten sobre la suerte de las acusadas, las posiciones son opuestas. Florece la culpabilidad por ser alemanes, por pertenecer al mismo pueblo que permitió aquellos hechos tan desagradables, sintiéndose igualmente responsables. Uno de sus compañeros aboga por cortar por lo sano, hubiera preferido que se hubieran suicidado todos los alemanes. Mas Michael está más interesado en comprender. Comprender lo que hizo Hanna en un momento concreto, en unas circunstancias dadas. El propio Stephen Daldry utiliza el apóstrofe cuando Hanna contesta a la acusación con una pregunta “¿qué habría hecho usted?”, una pregunta que va dirigida al espectador, ¿qué habrías hecho si estuvieras en el lugar de Hanna? Obviamente no se debe contestar a esa pregunta a la ligera, uno debe ponerse en el lugar en el que ella estaba, los años cuarenta, un régimen totalitario que había alcanzado legítimamente el poder, un entorno social que, sorprendentemente, justificaba el genocidio de una raza inferior con el beneplácito aparente de sus ciudadanos, un genocidio que no encontraba oposición en ningún país extranjero. Nadie que dijera esto no se hace, hasta que terminó la guerra y nadie se explicaba cómo había sucedido… Es fácil perder el sentido de la justicia en este entorno. Particularmente cuando eres analfabeta.

Sin embargo, no considero el tema central de la película la justicia ni la culpabilidad. Si nos fijamos en el título del filme, El lector, encontramos nuestra respuesta. Un título que funciona como antonomasia. ¿Quien es el lector? Michael. ¿Es la lectura su oficio, su profesión? No ¿Para quien lee? Única y exclusivamente para Hanna, luego Michael sólo es lector en función de Hanna. Por extensión todo lo que él es en la película lo es en función de ella. Todas las relaciones que Michael mantiene en el relato están contaminadas por el recuerdo de Hanna, por el trauma de que ella le abandone, primero, por no haberle ayudado después. ¿Es importante para Michael la relación con su familia? No, sólo le importa su relación con Hanna. ¿Es importante para Michael su relación con otras mujeres? No, sólo sirven para, sin éxito, intentar olvidar a Hanna. ¿Es importante la relación con su hija? No, porque sigue atrapado por el sentimiento de culpa por no haber intercedido por la persona a la que más ha amado. Aunque sea una asesina, aunque sea una analfabeta, Hanna es la mujer que ama.

Si prestamos atención al punto de vista del relato llegaremos a la misma conclusión. Michael es quien nos cuenta la historia. Desde el presente volvemos al pasado, a su pasado, no al de ella. A lo largo de varios racontos Michael intenta comprender todo lo sucedido, el momento en que conoce a Hanna, el momento en que inicia esa relación, la ruptura -en ciertos momentos Daldry acude a la ironía dramática, pues Michael desconoce el motivo por el que Hanna desaparece, nosotros no-, el juicio, la cárcel -la de ella en el interior, la de él en el exterior-, la expiación del propio Michael, al sentirse culpable de que Hanna esté en la cárcel convirtiéndose en lector por segunda vez, a través de las grabaciones que le envía a Hanna a prisión… Estos retornos al pasado únicamente se ofrecen desde el punto de vista de Michael, nunca desde Hanna. Ella relata cómo sucedieron los hechos con el recinto ardiendo, la superviviente alumbra cómo era Hanna en sus tiempos de carcelera, su comportamiento, sus hábitos, su afición a que le leyeran, pero nunca se ilustra en imágenes, nunca volvemos al pasado de Hanna. Toda la atención se centra sobre Michael, sobre sus decisiones, sobre sus sentimientos.

Michael es el protagonista del relato y el tema principal se desarrolla a través de su búsqueda personal por entender a Hanna. Considero la culpabilidad del pueblo alemán como un tema secundario siendo, además, una proyección de su propia culpabilidad ante la pena que cumple Hanna. El tema de la justicia manifiesta más una denuncia del sistema, pues lo más probable es que, al igual que Hanna cumple una condena por algo de lo que realmente no fue más responsable que el resto de sus compañeras -cumpliendo éstas penas mucho menores que la suya. La premisa parece querer indicar que los verdaderos artífices del genocidio y la sinrazón de la Segunda Guerra Mundial no se hayan sentado en el banquillo de los acusados, todavía, y hayan pagado, como suele decirse, justos por pecadores.

En una ocasión, durante el juicio, Michael se decide a visitar a Hanna a la cárcel, mas en el último momento da media vuelta dejando plantada a Hanna en la sala de visitas. Quizás si hubiera hablado con ella en ese momento no hubiera arrastrado ese trauma durante toda su vida. Quizás si hubiera hablado con ella en ese momento hubiera asimilado que pagara la culpa de sus compañeras. Quizás si hubiera hablado con ella en ese momento habría descargado sobre ella la responsabilidad de testificar o no en su favor.

El final de la película, con Michael ante la tumba de Hanna, dispuesto a contarle a su hija la historia que nosotros acabamos de presenciar, sirve para que entendamos que Michael, tras haber hablado con las dos partes, con Hanna y con la hija de la superviviente, consigue perdonarse a sí mismo y reconciliarse con ella y con. Al cerrarse la cicatriz, Michael se reconcilia también con su presente, representando en ese momento en lo único que le queda: su hija. El futuro. Una nueva generación que no guarda ese sentimiento de culpa que conserva la de Michael. Hanna descansa en paz en un lugar evidentemente escogido por Michael, cerrando así la película en una estructura circular que vuelve a comenzar y que, intuimos, será contada desde una perspectiva más tranquila, más serena. Sin trauma. Sin rencor. Sin dolor.

Publicado originalmente en CINE CLUB GOLFA

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