Morgan Freeman en Invictus (2009, Clint Eastwood)

«Invictus»: sencillez + energía = emoción

Invictus (2009, Clint Eastwood)
Invictus (2009, Clint Eastwood)

Título original: Invictus
Año: 2009
Nacionalidad: EE. UU.

Dirección: Clint Eastwood
Guión: Anthony Peckham, basado en una novela de John Carlin
Producción: Clint Eastwood, Robert Lorenz, Lori McCreary & Mace Neufeld
Fotografía: Tom Stern
Música: Kyle Eastwood & Michaels Stevens
Montaje: Joel Cox & Gary Roach
Diseño de producción: James J. Murakami
Dirección artístico: Tom Hannam & Jonathan Hely-Hutchinson
Decorados: Leon Van Der Merwe
Vestuario: Deborah Hopper & Daryl Matthee
Reparto: Morgan Freeman, Matt Damon, Tony Kgoroge, Patrick Mofokeng, Matt stern, Julian Lewis Jones, Adjoa Andoh, Marguerite Wheatley, Leleti Khumalo, Patrick Lyster, Penny Downie, Sibongile Nojilla, Bonnie Henna, Shakes Myeko, Louis Minnaar, Danny Keogh, Dan Robbertse, Robin Smith, David Dukas, Grant Swanby, Josias Mollele, Langley Kirkwood, Robert Hobbs, Melusi Yeni, Vuyo Dabula, Daniel Hadebe, Jodi Botha, Henie Bosman…

Pocas veces resulta tan fácil comentar una película, sobretodo porque es una película emocionante, sincera y llena de una energía que se transmite al espectador con un fuerza y efectividad que, personalmente, tendría que remontarme a las sesiones que disfrutaba de adolescente en el cine de mi pueblo -el Nuevo Cinema de Torrevieja, tristemente desaparecido-, para recordar una experiencia similar. Quizás contribuya el hecho de que la proyección tuviera lugar en un cine de similares características -el cine La Esperanza de San Vicente del Raspeig.

Pocas veces resulta tan fácil comentar una película cuyo tema principal gira entorno al deporte -aunque este no sería más que el tema que hace avanzar la trama, siendo  realmente un tema secundario. Una espléndida ocasión para reivindicar que el tema o el argumento de una película no es lo importante. Tan sólo la manera en la que se nos cuenta una historia es lo que hace que nos llegue su mensaje y podamos disfrutarla, tal y como reivindican teóricos como David Borwell y Kristin Thompson. No es una cuestión de prejuicios es más de prioridades, porque yo no me hubiera movido del sofá de mi casa sólo para ver una película sobre deporte, he necesitado que esté dirigida por Clint Eastwood. Es más, el cineasta estadounidense consigue transmitirme con su película lo mismo que Nelson Mandela a los sudafricanos, contagiándome de algo que no había conseguido ninguna película anterior sobre el mismo tema, me refiero a la energía que se respira en el ambiente de la final que disputa Sudáfrica contra Nueva Zelanda. Una energía que traspasa la pantalla para inundar el patio de butacas… Y sin 3D.

Matt Damon en Invictus (2009, Clint Eastwood)
Matt Damon en Invictus (2009, Clint Eastwood)

Pocas veces resulta tan fácil reivindicar la cualidad de autor de un director como Clint Eastwood, un auténtico auteur, tal y como lo entendían los franceses, a pesar de no ser el guionista de sus filmes ni trabajar necesariamente con el mismo escritor en sus diferentes proyectos. Eastwood consigue dotar a toda su trayectoria como director de su impronta personal y una coherencia visual, formal y, sobre todo, narrativa, al servicio siempre de la historia que cuenta y desde el punto de vista de sus protagonistas, sin importar ni sexo, ni color, ni ideología política, que le colocan a una altura alcanzada por muy pocos cineastas estadounidenses actuales.

Matt Damon y Morgan Freeman en Invictus (2009, Clint Eastwood)
Matt Damon y Morgan Freeman en Invictus (2009, Clint Eastwood)

Al contrario que otras películas dirigidas por cineastas anglosajones como Grita libertad (Cry freedom, 1987, Richard Attenborough) en la que, aunque el mensaje fuese solidario con el pueblo negro de Sudáfrica, el protagonista de la cinta seguía siendo caucásico, en Invictus el protagonista absoluto es Nelson Mandela, interpretado magistralmente por el nunca bien ponderado Morgan Freeman -una lástima no poder disfrutarlo en su versión original y comprobar la cuidada modulación de voz y acento que  ha ejercitado para acercarse hasta su personaje-, siendo el capitán del equipo de rugby François Pienaar -interpretado en su habitual parquedad expresiva por Matt Damon-, un secundario al servicio de Madiba y sus objetivos. Cierto es que la relación de estos dos personajes revela uno de los aciertos de la película, una relación que avanza a medida que François se va poniendo en el lugar de Madiba, entendiendo su manera de ser y de actuar y asombrándose por su sabiduría y humanidad; en este sentido es definitiva la secuencia en la que François visita la cárcel en la que estuviera encerrado su presidente, y en el caso de sus compañeros, la secuencia en la que enseñan a jugar al rugby a los niños de color, viendo en primera persona, y seguramente por primera vez, el lugar en el que viven, poniéndose, también ellos, en el lugar del otro, del negro.

Invictus (2009, Clint Eastwood)
Invictus (2009, Clint Eastwood)

La secuencia del partido final, cargada de una energía y emoción inigualables, está dirigida con sencillez pero con fuerza y efectividad, igual que toda la película. Consigue que el espectador vibre en su asiento, a la vez que continúa ahondando en el tema principal de la película, como es la integración de los dos colores. Una integración que, realmente, sigue sin producirse, pues aunque ambos bandos junten sus fuerzas y energías en el mismo sentido, cada uno lo hará en su lado, en su sitio, sin mezclarse. Sólo los guardias de seguridad, obligados por Madiba, la criada de la familia Pienaar, por su situación laboral, y el niño, obligado por las circunstancias logran integrarse realmente y olvidar las barreras raciales. Algunos podrán criticar el filme por su sencillez, puede que no les falte razón, pero hay que entender cada película y cada momento. Invictus no apela a la razón, sino al sentimiento.

Pero el auténtico protagonista y tema principal de Invictus es, sin lugar a dudas, Madiba y la impresionante lección de vida, bondad, humanidad y comprensión que ofrece a negros, blancos y demás colores del arco iris. Una lección que es la antítesis de la historia de Segismundo en La vida es sueño (Calderón de la Barca), que también pasara varios años en prisión y que, cuando pudo gozar de su libertad, se convirtiera en un tiránico y despótico rey, todo lo contrario que Mandela que supo entender al otro, perdonarle y vivir con él.

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