Fantástico Sr. Fox

Título original: Fantastic Mr. Fox
Año: 2009
Nacionalidad: USA & Reino Unido
Dirección: Wes Anderson
Guión: Wes Anderson & Noah Baumbach, basado en una novela de Roald Dahl
Producción: Allison Abbate, Wes Anderson, Jeremy Dawson & Scott Rudin
Fotografía: Tristan Oliver
Montaje: Alexandre Desplat
Diseño de producción: Nelson Lowry
Dirección artística: Francesca Berlingiere Maxwell
Reparto: George Clooney, Meryl Streep, Jason Schwartzman, Bill Murray, Wallace Wolodarsky, Eric Chase Anderson, Michael Gambon, Willem Dafoe, Owen Wilson, Jarvis Cocker, Wes Anderson, Karen Duffy, Robin Hurlstone, Hugo Guinness, Helen McCrory, Roman Copola, Juman Malouf, Jeremy Dawson, Garth Jennings, Brian Cox, Trstian Oliver, James Hamilton, Steven M. Rales, Rob Hersov, Jennifer Furches, Allison Abbate, Molly Cooper, Adrien Brody…
mr. anderson encuentra su camino o de cómo la imperfección y la diferencia se convierten en maravillosas señas de identidad 
Aunque no he podido disfrutar de toda la filmografía de Mr. Anderson -quizás me falte la que parece ser su mejor y más personal obra, Academia Rushmore (Rushmore, 1998), algo que remediaré en cuanto se me presente la ocasión-, haciendo gala de un irresponsable atrevimiento, voy a dirigirme directamente a él para protestar ante aquello que, probablemente, no tardará en producirse: su retorno a la imagen real. ¡¡¡NOOOOOOOOOOO!!! ¡¡¡No hagas eso Wes, tu medio es, indiscutiblemente, la animación!!! En la animación cobran sentido tus estáticos planos, tus desorbitados ángulos, tus lentos movimientos de cámara, tu sentido del humor, tus temas, tus historias. ¡¡Eres un cineasta que ya utilizaba el lenguaje de la animación para sus filmes de imagen real -cuantos no habrán dicho lo raras que les parecían tus películas- porque no te habías dado cuenta de que tu medio natural era la animación!! 
Sé que mis ruegos caerán en el olvido, pero yo ya le he dicho a Wes lo que pienso y me encuentro mucho mejor. Espero que, aunque vuelva a la imagen real, sí tenga la gentileza y delicadeza de deleitarnos, alguna que otra vez, con otro fantástico filme de animación tan delicioso como este. Tan delicioso, que incluso podría proponerse para un ciclo de cine y gastronomía. ¡Me encanta cuando comen en la película!
Wes Anderson es un cineasta norteamericano, nace, de hecho, en uno de los más profundos estados de la América profunda: Texas -quizás no sea gratuito que Mr. Fox y su familia pasen tanto tiempo bajo tierra. Pero igual que nos referimos a los cineastas españoles que más nos gustan con aquello de que no parecen españoles, podemos afirmar que Mr. Anderson no parece norteamericano. Salvando el hecho de que la historia original de Fantastic Mr. Fox procede del autor británico Roal Dahl y de que estemos ante una coproducción entre los Estados Unidos y el Reino Unido, su estética, más que ninguna de sus anteriores películas, está muy cercana a un reducido colectivo de cineastas contemporáneos que se caracterizan por su globalización artística y cultural. Me refiero a que son cineastas de los que no nos importa su país de origen, ni el medio que utilizan para expresarse, ni el público al que van dirigidos. Tan sólo importa su obra. Un colectivo que, igual que Mr. Anderson, se mueve como pez en el agua entre el cine, la publicidad, el videoclip o la televisión y que alguien debería bautizar, ya, dentro de un grupo o movimiento artístico-estético, pues es lo que son. Este grupo incluye al guionista-director Charlie Kaufman, el cineasta-videocreador-realizadortelevisivo-productor Spike Jonze, el cineasta-animador-videocreador Michel Gondry, la actriz-musa-directora Sophia Coppola, el actor-guionista-videocreador Roman Copolla o el director-videocreador Mike Mills, entre otros. No creo que haga falta entrar en las comparaciones entre ellos ni la proximidad entre sus obras y sus planteamientos estéticos, anotado queda y pendiente para un estudio aparte.
Coherente con el resto de su filmografía y a pesar de que el título haga referencia a un único personaje, el argumento de Fantastic Mr. Fox gira en torno a la familia. Un núcleo familiar visto como una unidad en la que todos sus componentes dependen irremediablemente del otro, en el que todos contribuyen a la personalidad y toma de decisión de los demás miembros, ya sea por que les coartan o porque les animan. Los sutiles dardos de Mr. Anderson se centran, primero, en los cónyuges y, después, en la relación que mantienen con su hijo. Mrs. Fox quiere a Mr. Fox, pero le obliga a comprometerse a dejar de hacer aquello que más le divierte con el tradicional chantaje emocional de que van a tener un hijo. Mr. Fox accede, pero de la misma manera que si resulta apropiado para un zorro vivir en una madriguera también lo es que cace gallinas, no va a ser más que cuestión de tiempo que su naturaleza salvaje le dirija de nuevo hacia su realización personal. Por otro lado Ash, el pequeño Fox, se siente frustrado porque le gustaría ser como su padre (no el oprimido por el compromiso sino aquel que fuera libre antes de nacer él mismo), cosa que logra, precisamente, en el momento en que acepta aquello que le diferencia de su progenitor, destacando sus propias aptitudes y cualidades, tal y como le aconseja su madre. La diferencia personal está fabulosamente reivindicada en la secuencia en la que Mr. Fox pregunta a todos sus compañeros de asedio su especialidad personal, aquello que mejor saben hacer, pues siempre habrá un momento propicio para que cada uno de ellos lo demuestre. Asimismo, la película contiene una crítica hacia la sociedad de consumo, la que obliga al individuo a vivir bajo lo que socialmente está aceptado y no como a él le gustaría vivir, por eso Mr. Fox no se siente cómodo viviendo en una madriguera, ni se siente realizado escribiendo su columna,  y necesita volver a ser él mismo, igual que Ash necesita aceptarse a sí mismo.
Cine familiar el que nos ofrece Mr. Anderson muy distinto, afortunadamente, al estilo de las propuestas de Walt Disney como, por ejemplo, El rey León (The Lion king, 1994, Roger Allers & Rob Minkoff) en el que cada uno tiene que ocupar impepinablemente el lugar que ocupaba su padre, guste o no guste; o  al de Tim Burton, quien al final ha conseguido hacer realidad sus pesadillas y convertirse en una rara avis de Disney gótico en el que quien viste de negro y dibuja espirales es tan común como el que sigue los pasos de Hannah Montana; o aquellas familias que propusiera Steven Spielberg, descanse en paz, ay no, que sigue vivo y haciendo cine, como hace tanto tiempo que no veo una película suya, pensaba que ya no… El caso es que al final van a resultar más estables y longevas las familias “disfuncionales” como los Addams, los Monster, los Simpsons o los X-men, precisamente porque aceptan a los demás tal y como son, con sus defectos y sus virtudes, permitiendo la realización personal, aunque no sea la que papá y mamá deseaban para ti.
Ni que decir tiene lo lamentable que es no poder disfrutar de la película en su versión original, no ya por la posibilidad de escuchar las voces de George Clooney, Meryl Streep, Willem Dafoe, Michel Gambon, o los habituales en las producciones de Mr. Anderson, Jason Schwartzman, Bill Murray, Owen Wilson o Adrien Brody. Lo más lamentable es que no hayamos podido disfrutar del esfuerzo realizado al incorporar las voces de estos actores, en lugar de en un estudio de grabación, en lugares parecidos a los que transcurre la acción con la intención de dotarles de la mayor naturalidad posible. Una naturalidad que se acerca, lógicamente, a la imperfección, a la suciedad. Pero precisamente por eso, porque la imperfección que impregna esta obra de Mr. Anderson, es totalmente deliberada. Por eso, en lugar de utilizar técnicas digitales utiliza el stop motion, por eso realiza 12 fotografías por segundo, en lugar de las 24 que debieran ser. El ser humano es un ser imperfecto y Wes Anderson quiere que su obra sea humanamente imperfecta, lo que curiosamente la acerca más a la perfección que otras obras recientes que habiéndolas enmarcado dentro de la ciencia-ficción, debieran haberse tratado como muestras de cine animación por la cantidad de efectos digitales que incorporan, me estoy refiriendo, evidentemente, a Avatar (2009, James Cameron).
Es obligatorio destacar la maravillosa banda sonora compuesta por Alexandre Desplat, un destacado y prolífico compositor francés que comenzara a hacerse internacional gracias a títulos como La chica de la perla (The grill with a peral earring, 2003, Peter Webber), Syriana (2005, Stephan Gahan), La reina (The queen, 2006, Stephen Frears), Deseo, peligro (Se, jie, 2007, Ang Lee) o El escritor (The ghost writer, 2010, Roman Polanski), convirtiéndole en uno de los compositores contemporáneos indispensables e imprescindibles de cualquier cinéfilo musical. Entre sus cualidades destaca una portentosa capacidad para escoger el tipo de instrumento adecuado para cada partitura en función del estilo visual de cada director y el género o estilo estético de las imágenes que impregna con sus fascinantes y fantásticos sonidos. 
Por último, un reconocimiento al origen del trabajo de Mr. Anderson, el también fantástico escritor británico Roal Dahl. Un escritor muy cinematográfico, no sólo porque participara en el guión de títulos como Sólo se vive dos veces (You only live twice, 1967, Lewis Gilbert) o Chitty Chitty Bang Bang (1968, Ken Hughes), sino porque sus relatos y novelas han sido llevadas innumerables veces al cine: 36 horas (1965, George Seaton), Un mundo de fantasía (Willy Wonka & the chocolate factor, 1971, Mel Stuart), La maldición de las brujas (The witches, 1990, Nicolas Roeg), James y el melocotón gigante (James and the giant peach, 1996, Henry Selick), Matilda (1996, Danny DeVito), o la lamentable versión “Disney” de Charlie y la fábrica de chocolate (Charlie and the chocolate factor, 2005, Tim Burton); en televisión: 6 episodios de la serie original Alfred Hitchcock presenta (Alfred Hitchcock presents, 1955), así como de las revisiones de los años ochenta, o de la serie Tales of the unexpected (1979-1988), entre otras no editadas en España; y de ser el inspirador no confeso de una de las más elogiadas obras de ese imperfecto manchego universal, Pedro Almodóvar,  pues siempre se ha dicho que bien el relato original de Dahl, Lamb to the slaughter, bien el episodio que realizara Alfred Hitchcock sobre el mismo relato, “inspirara” al “original” cineasta español para su ¿Qué he hecho yo para merecer esto!! (1984). 

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