¿Por qué no te callas? Experiencias cinematográficas con la chusma

El llaverito que hacía clin clinEl pasado sábado, 8 de mayo de 2010, arrastré a Rubén a los cines Abaco 3D, de San Vicente del Raspeig para ver Ingrid (2009, Eduard Cortés). Una mierda de película que quedaría en el más absoluto olvido si no fuera porque tuvimos la desagradable fortuna de vivir la enésima experiencia con la desagradable chusma.

Me había hecho la ilusión de que al ir a unos cines al lado de la Universidad de Alicante, cabría la posibilidad de que el público fuera algo más educado que la media. No. No fue así, de lo que Rubén ya me había avisado. Las únicas personas, aparte de nosotros dos, que estaban en el cine eran tres indies alternativas -la chusma no distingue entre tribus urbanas ni clases sociales, ni etnias- que llevaban Converse, las tres, y que no pararon de hablar durante toda la película. Como no tenía ganas ni de avisar al personal del cine, ni de llamarles la atención, ni de nada, me levanté, me fui 6 butacas lejos de ellas y traté de terminar de ver la película. No pude. Es decir, lo hice, pero no en silencio. En un momento dado me fijé que Rubén intentaba molestarlas con el teléfono móvil, toqueteando los tonos y cosas así. No molestó lo suficiente. Una vez encendidas las luces me acerqué a ellas y les dije que eran unas pesadas, que me habían dado la película y que eran unas maleducadas. Ellas van y se quedan como flipadas -lo que son- y argumentan que yo hice ruido con las llaves cuando entré en el cine. ¡¡¡¡PERO SUBNORMAL PROFUNDA INSOPORTABLE, SI SUBIR LA ESCALERA HABRÁ SIDO CUESTIÓN DE MEDIO MINUTO Y TÚ NO TE HAS QUEDADO CALLADA EN TODA LA PUÑETERA PELÍCULA!!!! Una de ellas me dice que porqué les grito. Agradecida deberías estar de que no te abra la cabeza con un hacha y esparza tus sesos por toda la pantalla (que por cierto estaba sucia). Si no lo hago es por las consecuencias legales que un acto de esta envergadura acarrearía sobre mi persona. Rubén y yo abandonamos la sala. Al no haber nadie a la vista, intentamos atrancar la puerta por fuera, pero no encontramos ningún objeto con el que poder hacerlo con firmeza. A mí se me ocurrió esperarlas en el coche y perseguirlas haciendes creer que íbamos a atropellarles, pero había mucha luz y pensé que habría cámaras de seguridad…

A lo largo de mi vida he buscado mil y una estrategias para no sentarme al lado de la chusma en el cine. Es imposible. Da lo mismo llegar el primero. Da lo mismo llegar el último. Siempre habrá un imbécil que llegue después que tú, se siente en la fila de detrás, en la de delante o a cuatro butacas de la tuya. Siempre se sienta a tu lado la chusma que habla. Que no tiene respeto. Que le importa una mierda los demás y los demenos. Y que se dedican a comentar la película como si estuvieran en el salón de su casa, mientras te sacan de quicio. No te pierdas los que cogen el móvil cuando les suena y, en lugar de silenciarlo, contestan.

Si no les interesa la película, ni les gusta el cine, ni les importamos los demás, ¿porqué no se mueren?

A algunos podrán parecerles exagerados mis anhelos y mis palabras, pero mi experiencia me ha demostrado que contra la chusma no valen ni la educación, ni la diplomacia, ni las buenas maneras. Tu primera opción es cambiar de sitio, aunque la chusma está esparcida por el patio de butacas y pueden estar también al otro lado. La segunda opción es llamarles la atención, pero te expones a que hablen mucho más alto o, incluso, se metan contigo y tu cara corra peligro. La tercera opción es levantarse tranquilamente, bajar las escaleras, buscar a cualquier personal del cine y explicarle la situación. Lamento decir que el asesinato no es una opción, dadas las negativas consecuencias que tendría sobre uno mismo al no permitirle volver por el cine por una larga temporada.

Dentro de la relación de avatares, molestias e inconvenientes que me han sucedido a lo largo de mi atribulada trayectoria como espectador cinematográfico, no voy a prestar importancia a todas las contrariedades producidas en mi adolescencia, en el maravilloso Nuevo Cinema de Torrevieja (tristemente desaparecido), no porque yo o mi privilegiado círculo de amistades fuéramos de los que se dedicaban a practicar este absurdo comportamiento en el cine, sino porque la capacidad de tolerancia a molestias externas es mucho más amplia en la adolescencia.

Nuevo Cinema de Torrevieja
Nuevo Cinema de Torrevieja

No necesito referirme a mi etapa como estudiante en Murcia porque en los años ochenta, la chusma, no proliferaba en los cines y mucho menos en la Filmoteca o el Paraninfo de la Universidad, lugares a los que acudía gustosamente para disfrutar de cine en versión original. ¡Murcia, qué hermosa eres!

Aunque mi etapa madrileña es brillante y resplandeciente en lo que a compañeros de patio de butaca se refiere -sobretodo porque el público de las salas en versión original es fabulosamente considerado con la obra, con el espectador y con la experiencia colectiva que supone una proyección cinematográfica-, sí que debo señalar que uno de los primeros incidentes que tuve ocasión de experimentar -que yo recuerde- tuvo lugar en Madrid, no tratándose de eso sí, de una película en versión original ni siquiera doblada, se trataba de una película española, en lo que sería una escalada peligrosamente ascendente y reveladora del retroceso cultural de la sociedad y que paso a recopilar a continuación:

> Madrid: Cines Gran Vía, actualmente Teatro Gran Vía -pero sólo para la representación de musicales-, con Maricarmen -mi madre-, se proyecta Belle epoque (1992, Fernando Truena). Un incidente leve, pues, sólo tuve que volverme una vez y decirle a la persona que, ya empezada la película y terminados todos los títulos de crédito seguía hablando con su compañera y decirle: ¿Te importa si comentamos la película cuando acabe?, para que quedase en silencio durante el resto de la proyección. Mi madre se quedó muerta, ella habría aguantado toda la proyección con el ronroneo en la oreja. Restos de la educación sumisa católica.

> Murcia: Cine Salzillo antes de convertirse en Filmoteca Regional, con mi hermana, Ahidée y David Mesa, se proyecta Crash (1996, David Cronenberg). No pensamos que habría mucha gente en la proyección pues ¿a quien iba a interesarle una película de un cineasta canadiense, basada en una peculiar e incómoda novelista de J. G. Ballard? Pasamos por alto que la campaña de publicidad se apoyaba en la presencia en el reparto de Holly Hunter, conocida por el público por haber ganado merecidamente un Oscar por su interpretación en El piano (The piano, 1993, Jane Campion), lo que se traduce en que la sala está llena de infelices que no se imaginan lo que se van a presenciar. Justo detrás nuestro -no podía ser más lejos- se sientan dos parejitas de las que se montan el piso antes de casarse y, probablemente, no consuman el coito hasta llegar al altar. Les chistamos en un par de ocasiones, mas, como la gente seguía entrando una vez comenzada la película, le dijimos al acomodador que había gente que no parecía tener intención de callarse. A lo que este cobarde acomodador se limita a quedarse medio minuto en el pasillo para irse paulatinamente escalera abajo, con lo que no tarda en volver el rumor y los comentarios. En un momento concreto, la virgen que estaba detrás de mi comenta: ¿Es esa Holly Hunter?, a lo que una voz incontrolable que sale de lo más profundo del interior de mi cuerpo le responde a pulmón abierto: ¡Esa es tu puta madre como no te calles ahora mismo! Casi ni respiraron en el resto de la proyección. Fueron de los primeros en irse cuando se encendieron las luces. Nos miraban desde lejos con temor.

> Alicante: Cines Astoria, sin compañía, se proyecta Boys don’t cry (1999, Kimberly Pierce). La proyección transcurre en silencio hasta los últimos quince minutos,  cuando uno está completamente conmocionado por lo que está presenciando en la pantalla y es sobresaltado por unas adolescentes impertinentes que, incomprensiblemente, se ponen a hablar. Como no me apetecía nada perderme un minuto del final hice todo lo que pude para concentrarme en la pantalla y visualizar que ellas no estaban allí… pero me fastidiaron el final de la película. Mi plan castigador decide perseguir a estas incautas a donde quiera que vayan, con la intención de que se caguen de miedo. Resulta que se dirigen al cuarto de baño y, como no me apetece esperar a que salgan, con mucho sigilo me acerco y, como el que no quiere la cosa, le grito a una de ellas en el oído una de las palabras más sonoras y expresivas de la lengua española y, además, de mis favoritas: ¡PUTAS! Y me voy sin volver la vista atrás, con un subidón de adrenalina que ni te cuento. ¡Ja, ja!

> Cuenca: Cines Abaco o Multicines Cuenca -no me acuerdo-, con Antonio, al que había ido a visitar en un fin de semana salvaje –Manuel, su pareja, trabaja esa noche, por lo que no nos acompaña-, se proyecta Million dollar baby (2005, Clint Eastwood). Al igual que el caso anterior, la proyección transcurre en silencio hasta que en los minutos finales un sujeto, miembro de la más eminente escoria consuenes, se pone a juguetear con la pajita de su coca-cola, ya vacía, haciendo un ruido insoportable. Sopeso que estoy con una persona que no conoce mis hábitos cinematográficos. ¿Nadie le llama la atención? No me puedo dominar: ¿Quieres dejar ya de jugar con la zambomba?, le digo, no gritando, pero si en un claro tono elevado. Antonio se queda helado. Y la escoria temerosa y perpleja me contesta: ¿es a mi? Y yo le respondo: Eres tú el que está jugando ¿no? pues a ti será. Pude disfrutar del final de la película en silencio. Cuando se encenden las luces, Antonio, se interpone entre el individuo y yo temeroso de que me pueda agredir. Yo me lo tomo con mucha tranquilidad y, de hecho, no sucede absolutamente nada.

> Alicante: Cines Vistahermosa, con Ahidée, se proyecta Frágil (2004, Juanma Bajo Ulloa). No era chusma, no, era un listillo que debía pensar que iba a ver una película tipo Airbag (1997, Juanma Bajo Ulloa). Aguanta casi toda la película, pero al final tiene la necesidad de hacerse el gracioso con sus amigos y empieza a hacer bromistas creyendo que a todo el resto del cine opina lo mismo que él con respecto la película -que no es así- y le van a seguir las gracias. Le contesto no se qué, pero él responde con una ironía que le hace mucha gracia a él mismo, a lo que me inflo los pulmones y suelto: Ten cuidado que nunca sabes con que tipo de enfermo mental te puedes encontrar en el cine… Mano de santo porque la propia película uncuye enfermo mental y, claro, se acojona.

> Alicante: Plazamar 2, con Macarena Lameiro y, creo, su hermana Virginia y su novio, Óscar, se proyecta Hostel (2005, Eli Roth). Aparte de que la película resulta ser un auténtico truño, una pandilla de la más genuina escoria alicantina, en lugar de hacer botellón en la calle, como el resto de sus colegas, se dedican a hacerlo en la sala del cine. Fíjate que estábamos sentados en la otra punta del cine, pero es que, claro, como están en pandilla se sienten seguros y protegidos y se dedicaban a incordiar todo lo que les da la gana. Está claro que este caso requiere de una estrategia alternativa. Me levanto sin decir nada, bajo las escaleras como si fuera al cuarto de baño, salgo en busca del personal de la sala de cine, le comento cual era la situación -que no le sorprende- y tras informarle de la ubicación de los indeseables vuelvo a mi butaca, al lado de una sorprendida Macarena, que no tarda en ver el fruto de mis negociaciones cuando el maravilloso trabajador del cine les llama enérgicamente la atención. ¡Sí! (Añado refrescado por la propia Macarena, que fui yo desde mi asiento el que gritó al acomodador el punto donde se encontraba la chusma al grito de ¡¡¡¡Todos esos!!!!!)

> San Javier: Neo Cine Dos Mares, con María Lorenzo, se proyecta Volver (2006, Pedro Almodóvar). Llegamos los primeros, nos sentamos en la última fila, y justo a mi lado (butaca con butaca) se sienta una pareja con niño incluido. Él no para de hablar con su chorva y en un momento dado, sin tono ni voz interior, le pregunto: ¿vas a comentar toda la película?, a lo que el indivíduo se altera inusitadamente él solito, se pone de pie y ni me acuerdo lo que me dice. Sin levantarme ni inmutarme le respondo que no creo haber dicho nada que no fuera razonable, a lo que su compañera le pide que se calme y se siente y continuamos la proyección sin más contratiempos.

> Alicante: Yelmo Cineplex, con David de Alfaz del Pi, se proyecta Apocalypto (2006, Mel Gibson). Una sesión numerada, en la que en una sala de 24 filas, escojo la 24 y lejos del centro. Se nos colocan 3 aborígenes de las localizaciones reales de la película -la chusma no tiene fronteras-, justo al lado (butaca con butaca: son ellos los que buscan gresca, no yo). Seguramente se creen que el hecho de que la película esté en Versión Original Subtitulada les da licencia para hablar durante la proyección. Si yo no estuviera a su lado, podría haber sido así. Mis palabras fueron: ¿no creerás que estás en el salón de tu casa? A lo que el subnormal profundo que esta a mi lado (butaca con butaca) me planta cara y me dice que qué voy a hacer para obligarle a callar. Ahora mismo vas a ver lo que voy a hacer al respecto, le digo yo, a lo que salto raudo cual gacela la escaleras abajo y voy en busca del trabajador de turno, que resulta ser maravilloso y ejemplar. Les recrimina su actitud, ellos le responden, les amenaza con echarles, ellos proponen que nos vamos todos, él le dice que se hará lo que él decida y una vez se calman se aleja. Me quedo sentado durante toda la proyección al lado de este energúmeno (butaca con butaca) -no me da la gana de cambiarme de sitio- y, una vez terminada la película, no tengo prisa en levantarme ni salir de la sala. Escucho cómo uno de los energúmenos le dice a su colega: Quiero verle la cara. Yo ni me inmuto, ellos se cansan de leer los créditos y comienzan a bajar. Me percato de que en la entrada del cine se agolpan empleados del cine -cinco, al menos- y cuando tras bajar las escaleras con tranquilidad llegamos a su altura, una señorita nos pregunta si somos nosotros los que hemos tenido problemas con la chusma, la escoria, los energúmenos. Sí, lo somos. Nos pide que la sigamos. Nos pide disculpas por lo sucedido. Nos regala dos invitaciones para volver otro día al cine. Y nos asigna un guardia de seguridad que nos escolta hasta el coche. Mucho más satisfactoria su actitud que la mierda de película de Mel Gigson.

Nótese que los incidentes mantienen una progresión ascendente en el tiempo, está claro que presenciamos el auge de la cultura de la chusma, no que la chusma adquiera cultura porque vaya al cine, sino que sus hábitos son los que se extienden y contaminan a la sociedad. ¿De qué se extrañan de que nos bajemos las películas por Intenet -yo no lo hago, prefiero esperar a que salgan en DVD, además en la biblioteca NO TE COBRAN? ¿Quién quiere aguantar a estos hijos de la calle, esta escoria -junto con ‘puta’ es otra de mis palabras favoritas de la lengua española? 

Nótese que no hay anécdotas en los cines de Torrevieja. Una ciudad en la que nunca se sabe cuando tienes que vértelas con la mafia rusa, los latin kings o algún policía local.

chusma. Del genovés ant. ciüsma, y este del gr. κέλευσμα, canto acompasado del remero jefe para dirigir el movimiento de los remos).

  1. f. Conjunto de gente soez. (Los de Hostel)
  2. f. Muchedumbre de gente vulgar. (Los de Crash  y Frágil)
  3. f. Conjunto de los galeotes que servían en las galeras reales. (Los de Million dollar baby)
  4. f. Am. Conjunto de indios que, viviendo en comunidad, no eran guerreros, o sea mujeres, niños y viejos considerados en conjunto. (Claramente los de Apocalypto)
  5. f. despect. Arg. Persona chismosa y entrometida. (Las de Belle epoque y Boys don’t cry)
  6. f. despect. coloq. Cuba. Persona de modales groseros y comportamiento vulgar. (Las de Ingrid)
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