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Dime con quien sales y te diré que cine haces: Tim Burton y sus novias cadáver

24/05/2010

La decepción que ha supuesto Alicia en el país de las maravillas (Alice in Wonderland, 2010) para los seguidores de Tim Burton no viene más que a demostrar lo que algunos vaticinábamos desde Sleepy Hollow (1999) — lo siento mucho por el que le duela, but this is how I think —, el lento y paulatino deterioro hasta la defunción de un cineasta sobrevalorado y encumbrado que, a pesar de haber recibido todas las alabanzas de público y crítica, no ha sabido asimilar su estilo y, por consiguiente, ha sido incapaz de evolucionar y avanzar hacia adelante, quedándose atascado en su supuesta toma de conciencia estética. Aunque no es el único. No.

Como fiel seguidor a las estratagemas plasmadas por Arthur Shopenhauer en El arte de tener la razón, podría esgrimir mil y una teorías para defender mi postura, pero sólo me hace falta seguir una, aquella que hace referencia a un antiguo refrán:

“Dime con quien andas, y te diré quien eres”

No cabe duda que una de las mejores y más fructíferas etapas de Tim Burton es la que cubre sus excelentes cortometrajes de los que no voy a referirme en este artículo, dada la dedicación y aproximación tan particular al formato del cortometraje, que no suele ser la misma que cuando se abordan proyectos de la envergadura del largometraje. Asimismo, y por simplificar, voy a referirme a las obras del cineasta californiano de dos maneras: sus obras góticas y sus obras pop.

Etapa prematrimonial

La gran aventura de Pee-Wee (Pee-wee’s Big Adventure, 1985)
Bitelchús (Beetle Juice, 1988)

Las dos primeras obras de Tim Burton son entretenidas comedias — de colorines la primera y oscura la segunda —, que nos introducen con timidez, primero, en un sentido del humor peculiar con tono pop y, después, en una estética más gótica y oscura. Ambas contienen una gran dosis de ironía en la que lo normal y lo socialmente aceptado es puesto en tela de juicio en favor de un comportamiento más excéntrico. Sin duda, una etapa graciosa y jocosa en la que pareciera que Tim no tuviera que rendirle cuentas a nadie, más que a sí mismo. Señalar en la segunda la presencia de una maravillosa Sylvia Sidney, que volveríamos a disfrutar posteriormente en la epopeya marciana.

Etapa Lena Gieseke (1989-1991)

Batman (1989)
Eduardo Manostijeras (Edward Scissorhands, 1990)

Alemana de nacimiento, americana de adopción, la influencia de la fotógrafo Lena Gieseke parece materializarse en un fatal existencialismo (y expresionismo) que impregna las obras de esta etapa. El hombre murciélago no llegaría a ser más que un producto de encargo que, pese a una contundente campaña de marketing y a la exitosa banda sonora compuesta por el genio de Minneapolis, Prince — que se escuchara en todas las discotecas de aquel verano (de lo que yo recuerde) —, no llega a conectar con el público a gran escala.

La del hombre mutilado, claramente, mucho más personal y emocional que cualquiera de las anteriores, más que un precioso cuento de fantasía, se vuelve contra el propio Burton mostrando y exteriorizando sus propios traumas. Edward, presentado como el alter ego del cineasta, hijo legítimo de Vincent Price, de la misma manera que Burton es hijo artístico, se encuentra en el dilema entre escoger vivir en su gótica soledad o formar parte de una sociedad pop que cultiva la vida en comunidad, evidenciando la propia necesidad de Tim Burton por ser aceptado por el público, por el gótico y por el otro.

A pesar de que la resolución forzada de la película empaña en cierta medida el discurso, Edward Scissorhands consigue su aceptación por parte de la crítica y de los primeros seguidores absolutamente incondicionales que, antes de ver la película, ya han acogido con los brazos abiertos al patético personaje personificado por Johnny Depp, quien se convierte desde ese momento en la columna masculina de la filmografía burtoniana.

Etapa Lisa Marie (1992-2001)

Batman vuelve (Batman Returns, 1992)
Ed Wood (1994)
Mars attacks! (1996)
Sleepy Hollow (1999)

Modelo americana, de estilo y personalidad propias y auténticas, insinuante y enigmática, que con su sola presencia consigue más adeptos a la estética Burton que cientos de espirales en un bloc de anillas, Lisa Marie consigue (o permite) que Burton florezca definitivamente consiguiendo sus obras más maduras, tanto estética como temáticamente.

El enfoque con el que aborda el segundo acercamiento al hombre murciélago muestra un perfecto equilibrio entre el mundo pop y el gótico, así como una fina ironía que le permite retratar chicas-buenas-malas como Catwoman, pobres-malos-chicos como Oswald el pingüino, o chicos-buenos-traviesos como el propio Batman que se deja seducir por las garras y el látex de la mujer gata.

La influencia de Lisa Marie impregna, inevitablemente a Sally, el personaje protagonista femenino de Pesadilla antes de Navidad (The Nightmare Before Christmas, 1993, Henry Selick), que aunque no la dirija el propio Burton, contiene sus señas estéticas características, eso sí, muy cercanas temáticamente a las del director que se encarga de dirigirla, Henry Selick, como bien se encarga este de demostrar en su reciente Coraline (2009). Pero sin duda, la insuperable obra maestra de Tim Burton es la maravillosa biopicture en la que retrata, no sólo a Edward D. Wood Junior, sino a ese maravilloso Bela Lugosi y la pandilla de freaks con los que se relaciona, y que incluyen la primera incursión como actriz de la propia Lisa Marie en el papel de Vampira. Obra plena, bella, madura, emotiva, emocionante, profunda y auténtica que eleva vertiginosamente el nivel artístico de Tim Burton.

Mars atacks!, viene a constituir el necesario reverso de una misma moneda pues si Ed Wood es una obra completamente gótica en esencia, la invasión marciana se revela como la obra pop por excelencia del ideario burtoniano. La resaca de tan magnánimos logros no debe ser plato de fácil gestión, dejando a Sleepy Hollow en el incómodo lugar de una obra de transición, la primera con la que la industria le acoge con los brazos plenamente abiertos, comprobada ya su valiosa rentabilidad en taquilla y razonablemente asimilado el color negro y las espirales por público y crítica.

Etapa Helena Bonham Carter (2001-actualidad)

El planeta de los simios (Planet of the Apes, 2001)
Big Fish (2003)
Charlie y la fábrica de chocolate (Charlie and the Chocolate Factory, 2005)
La novia cadáver (Corpse Bride, 2005)
Sweeney Todd: El barbero diabólico de la calle Fleet (Sweeney Todd, the Demon Barber of Fleet Street, 2007)
Alicia en el país de las maravillas (Alice in Wonderland, 2010)

Llegados a este punto debo decir que no tengo nada en contra de Helena Bonham Carter, es más me parece una actriz impecable y, realmente, poco valorada. Pero mi impresión es que debe haber algo en la relación que mantiene con Tim que hace que el cineasta freak por excelencia, repliegue sus alas y se limite a dar lo que se espera, o lo que él cree que se espera de él. Cuando anteriormente casi todas sus películas surgen de ideas originales, desde Sleepy Hollow se limita a hacer remakes e historias clásicas infantiles americanas, pero con su estética gótica, con su estética pop, con el punto expresionista, con su Johnny Depp, con su música de Danny Elfman, con sus más y sus menos…

Planet of the apes no tiene sentido alguno, mucho menos después de una obra de la calidad de su precedente, que ha resultado ser mucho más moderna y arriesgada que la versión de Burton; no entendí Big Fish, lo reconozco, no la entendí, a veces parecía más una película de los hermanos Coen; con mucha ilusión fui a ver la perspectiva que Burton proporcionaba a la historia de Roald DahlWilly Wonka and the Chocolate Factory, de la que ya había una versión previa de 1971 y que había disfrutado plenamente en mi infancia, y ciertamente la película de Burton tiene un comienzo magnífico… hasta que llegan a la fábrica y nos encontramos con un traumatizado Charlie y una absurda necesidad de explicarlo todo como si la película fuera dirigida a niños menores de 3 años.

Con mucha ilusión, también, acudí al cine a ver Corpse Bride, creyendo que me iba reencontrar con aquella Nightmare Before Christmas, esta vez dirigida por el propio Burton, pero la pesadilla fue contemplar una obra fácil, previsible y prácticamente Disney — y mira que a mi me encanta el cine de animación —. No puedo hablar de Sweeney Todd, the Demon Barber of Fleet Street porque no la he visto, no tenía ganas de perder más el tiempo. Y por fin llegamos a la defenestración definitiva, la caída en picado por el precipicio, la efectiva guillotina que os ha abierto los ojos a todos.

Si Tim rompe con Helena, por favor, mandadme un mensaje.
Si se echa otra novia llamadme y ya vemos lo que hacemos.
Y si vuelve con Lisa, quedamos y nos preparamos para el vuelo del Ave Fénix.

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