Jake Gyllenhaal en El príncipe de Persia: las arenas del tiempo (Prince of Persia: the sands of time, 2010, Mike Newell)

«El príncipe de Persia: las arenas del tiempo» y su viaje en el tiempo al cine de aventuras clásico

Cartel de El príncipe de Persia: las arenas del tiempo (Prince of Persia: the sands of time,  2010, Mike Newell)
Cartel de El príncipe de Persia: las arenas del tiempo (Prince of Persia: the sands of time, 2010, Mike Newell)

Título original: Prince of Persia: the sands of time
Año: 2010
Nacionalidad: EE.UU.

Dirección: Mike Newell
Guión: Boaz Yakin, Doug Miro & Carlo Bernard, basado en un videojuego creado por Jordan Mechner
Producción: Jerry Bruckheimer
Fotografía: John Seale
Música: Harry Gregson-Williams
Montaje: Mick Audsley, Michael Kahn & Martin Walsh
Diseño de producción: Wolf Kroeger
Dirección artística: Robert Cowper, David Doran, Marc Homes, Stuart Rose, Tino Schaedler, Mark Swain, Luca Tranchino & Su Whitaker
Decorados: Elli Griff
Vestuario: Penny Rose
Reparto: Jake Gyllenhaal, Gemma Arterton, Ben Kingsley, Alfred Molina, Steve Toussaint, Toby Kebbell, Richard Coyle, Ronald Pickup, Reece Ritchie, Gísli Öm Garöarsson, Claudio Pacifico, Thomas DuPont, Dave Pope, Domonkos Pardanyi, Massimiliano Ubaldi, Vladimir ‘Furdo’ Furdik, Christopher Greet, William Foster, Elliot James Neale, Selva Rasalingam, Daud Shah, Daisy Doidge-Hill…

Prince of Presia nos reconcilia con el cine de aventuras clásico gracias, precisamente, a un efectivo uso del tiempo y la conjugación de la capacidad de un cineasta artesano, como Mike Newell, con la efectividad grandilocuente, pero no pretenciosa, de un productor como Jerry Brukheimer.

En los tiempos en que Persia eran un gran imperio que se extiende desde China hasta el Mediterráneo, tres príncipes hermanos, dos de sangre, Garsiv (Toby Kebbell) y Tus (Richard Coyle), y uno de adopción, Dastan (Jake Gyllenhaal), invaden la ciudad de Alamut siguiendo informaciones falsas de espías que les informan que desde allí se suministran armas (de destrucción masiva) a los enemigos de Persia. Dastan, el hermano plebeyo, conquista la ciudad mas, al poco tiempo, es injustamente acusado de la muerte de su padre, El rey Sharaman (Ronald Pickup) tras haberle regalado una preciosa capa que le abrasa hasta la muerte. Se impone la huida, acusado de parricida, junto a la princesa Tamina (Gemma Aterton), a la que no sólo han arrebatado su pueblo, sino también la daga de la que era protectora, ahora en posesión del príncipe Dastan. Una daga con un gran poder por la que muchos mienten, traicionan y matan…

Desconozco si el planteamiento del videojuego en el que está basada la película tiene alguna relación con este argumento —el guionista, (Jordan Mechner) es el mismo que el del videojuego, aunque este parce haberse basado en la versión de 1993, más que en la de 1989—, tampoco sé si los “niveles” que superan tienen algo que ver con las que viven Dastan y Tamira, pero siguiendo las palabras de Wassily Kandinsky: “toda obra de arte es hija de su tiempo…” y Prince of Presia: the sands of time no es hija por sorpresa sino, más bien, deseada y buscada, dada la gran similitud que guarda con los acontecimientos reales que llevaron a Estados Unidos a la guerra de Iraq en una metáfora en la que las arenas del desierto serían el equivalente al oro negro, tan codiciado en occidente, el ex presidente George W. Bush sería el traidor Nizan, y el mensaje final un fútil anhelo por que se hubiera evitado esta guerra en lo que parece ser una actualización de Jerry Brukheimer a los tiempos políticos que corren en los Estados Unidos de América.

Nos encanta llevar al público a mundos nuevos, mundos sin explorar

Aludo a Brukheimer porque, aunque dirija Mike Newell, qué duda cabe de que el auténtico artífice de todo el producto no es otro que el productor de Detroit. Casi podríamos decir que estamos ante una obra de autor, autor comercial, con la vista puesta en el vil metal y el bolsillo en el merchandising que proporciona el estreno del filme y el videojuego a la misma vez, pero del que nadie puede negar su capacidad para encontrar productos que gusten a un público popular, a nivel mundial.

Gemma Arterton y Jake Gyllenhaal en El príncipe de Persia: las arenas del tiempo (Prince of Persia: the sands of time,  2010, Mike Newell)
“PRINCE OF PERSIA: THE SANDS OF TIME”
(L-R) Gemma Arterton, Jake Gyllenhaal
Ph: Andrew Cooper, SMPSP
© Disney Enterprises, Inc. and Jerry Bruckheimer, Inc. All rights reserved.

Otra cuestión sería la calidad artística o cinematográfica del producto final, pero es que en este caso, su vista de lince tampoco le falla. Prince of Persia: the sands of time, es un producto sincero que tan sólo ofrece un filme de aventuras que evoca tanto a El ladrón de Bagdad (The thief of Bagdad, 1924, Raoul Walsh)—la versión muda con Douglas Fairbanks—, cualquiera de las aventuras de Errol Flynn o El halcón y la flecha (The flame and the arrow, 1950, Jacques Tourner) como a la espectacular estética de Lawrence de Arabia (Lawrence of Arabia, 1962, David Lean) —ese plano inicial y final—, la primera revisión del género que hiciera Steven Spielberg con las aventuras de Indiana Jones en En busca del arca perdida (Raiders of the lost ark, 1980) —a la que literalmente cita con la inclusión de Alfred Molina en el reparto— y hasta un precedente de Disney como Aladdin (1992, Ron ClemensJohn Musker) de la que se pueden encontrar rasgos de Jafar en Nizan (Beng Kingsley). Salvo esta última referencia que es posterior, poca duda me cabe que todas ellas estaban ya presentes en el videojuego.

Al contrario que muchas de las muestras de cine de aventuras actual, donde todo sucede de manera atropellada y apelotonada, Newell hace un uso del tiempo que nos permite disfrutar cada momento, intercalando secuencias de acción con otras en las que aprovecha para que se desarrolle la trama. Puede que no sea un autor, pero de sobra ha demostrado estar capacitado para cualquier género cinematográfico desde el drama romántico de Bailar con un extraño (Dance with a stranger, 1985) o El amor en los tiempos del cólera (Love in the time of colera, 2007), a la comedia romántica de Cuatro bodas y un funeral (Four weddings and a funeral, 1994), incluyendo el thriller de gángsteres, Donnie Brasco (1997), el de aventuras, La máscara de hierro (The man with the iron mask, 1977), o el más puramente fantástico, Harry Potter y el cáliz de fuego (Harry Potter and the goblet of fire, 2005) convirtiéndole en un estimable artesano. Pocas dudas me caben, también, sobre su influencia en la selección del reparto, en el que no sobresalen figuras mediáticas ni caras acartonadas cuyo trabajo se limita a hacer muecas, simplemente actores involucrados en un producto liviano aunque perfectamente eficaces para interpretar un cliché, lo que confiere al conjunto una solidez y empaque poco habituales en este tipo de registros.

Toby Kebbell y Ben Kingsley en El príncipe de Persia: las arenas del tiempo (Prince of Persia: the sands of time,  2010, Mike Newell)
“PRINCE OF PERSIA: THE SANDS OF TIME”
(L-R) Toby Kebbell, Ben Kingsley
Ph: Andrew Cooper, SMPSP
© Disney Enterprises, Inc. and Jerry Bruckheimer, Inc. All rights reserved.

Cierto es que los diálogos pudieran ser más elaborados, las bromas más sofisticadas, el pelo de Dastan más natural y los personajes menos superficiales, pero puede ser esa una de las señas que le identifique como una película de su tiempo, el nuestro, el de ahora, y salvando Lawrence of Arabia y la película con Burt Lancaster, tampoco es que los demás precedentes fueran mucho más intelectuales. Ni siquiera el inevitable empacho de efectos especiales llega a ser tan indigesto, reservando la mayoría de ellos para los momentos finales, cuando ya estamos inmersos en la acción de la historia. Tampoco el uso del chroma key es tan excesivo y sistemático como se nos tiene acostumbrados haciendo, no más real, pero más verosímil personajes, acciones y trama.

En definitiva, un producto encantador con el que dejarse llevar y disfrutar sin complejos. Un retorno a una sentimiento perdido, la infancia. Un entretenimiento que ofrece la posibilidad de vivirlo después en primera persona a través del videojuego.

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