Gerard Butler en Un ciudadano ejemplar (Law abiding citizen, 2009, F. Gary Gray)

«Un ciudadano ejemplar»: demagogia que no llega a cuajar

Cartel de Un ciudadano ejemplar (Law abiding citizen, 2009, F. Gary Gray)
Cartel de Un ciudadano ejemplar (Law abiding citizen, 2009, F. Gary Gray)

Título original: Law abiding citizen
Año: 2009
Nacionalidad: EE.UU.

Dirección: F. Gary Gray
Guión: Kurt Wimmer
Producción: Gerard Butler, Lucas Foster, Mark Gill, Robert Katz, Alan Siegel & Kurt Wimmer
Fotografía: Jonathan Sela
Música: Brian Tyler
Montaje: Tariq Anwar
Diseño de producción: Alex Hajdu
Dirección artística: Jesse Rosenthal
Decorados: Chryss Hionis
Vestuario: Jeffrey Kurland
Reparto: Jamie Foxx, Gerard Butler, Colm Meany, Bruce McGill, Leslie Bibb, Michael Irby, Gregory Itzin, Regina Hall, Emerald-Angel Young, Christian Stolte, Annie Corley, Richard Portnow, Viola Davis, Michael Kelly, Josh Stewart, Roger Bart, Dan Bittner, Evan Hart, Reno Laquintano, Jason Babinsky, Richard Barlow, Greg Young, Jimmy Gushje, Charie Edward Alston, Anthony Lawton, Julian Marzal, David Villalobos, Ksenia Hulayev, Brooke Stacy Mills, Todd Lewis, Bijean Ngo, Cecelia Ann Birt, Lamont Clayton, Lynn Boianelli, Dave Huddleston, Gabra Zackman, Brian Anthony Wilson…

Un ciudadano ejemplar es una película emocionante con un mensaje que te hace pensar, pero excedida por el afán de impresionar de un director acostumbrado a que sus personajes no tengan la necesidad de hablar.

De vez en cuando es recomendable hacer ejercicio, probarse a uno mismo, pues siempre escogemos las películas que vemos en el cine en función de su director, el actor, un tema o el trailer. Pero a veces uno llega al cine y, por prisa o porque la película elegida se ha adelantado, entras en cualquier sala, con tal de ver algo. Suele pasar que te llevas sorpresas, pues en ocasiones como estas, te encuentras con un producto, que aunque no llegue a cuajar, resulta ciertamente interesante, y te hace pensar.

La historia comienza con una asalto brutal, dos ladrones entran violentamente en un hogar en el que vive un ingeniero con su mujer y su hija, resulta confuso lo que sucede en el asalto, pero el resultado está claro: sólo sobrevive el ingeniero. Las pruebas son evidentes, el juicio está claro, pero el abogado decide hacer un trato con uno de los asaltantes, con el más fiero, cosa que al ingeniero no entiende, no acepta, no quiere. Diez años después, el día en que el ladrón que hizo el trato es ejecutado, su muerte acaba siendo dolorosa y traumática, y el otro, el que hiciera el trato con el abogado, es secuestrado por el propio ingeniero para encontrar una muerte lenta, dolorosa y por partes. El ingeniero es apresado, pero no todo está ni resuelto ni claro.

Jamie Foxx y Gerard Butler
Jamie Foxx y Gerard Butler en Un ciudadano ejemplar (Law abiding citizen, 2009, F. Gary Gray)

Lo primero que sorprende, y se agradece, de Law Abiding Citizen —traducido en España con el título de Un ciudadano ejemplar, no sé quien es al final más manipulador los que traducen el título o el propio director— es que no continúe su trama con el ojo por ojo, diente por diente típico las películas de Charles Bronson como El justiciero de la ciudad (Death wish, 1974, Micahel Winner), título que inevitablemente le viene a uno a la cabeza tras un principio como este. En realidad sí lo hace, pero de otra manera. Reconozco que la trama del filme avanza de manera contundente, intrigante e interesante, apelando a los sentimientos del espectador más que a la razón. Es evidente que todos estamos del lado del ingeniero, hemos visto los hechos, sabemos que no miente y lo que dice es cierto. Entendemos que no quiera negociar con los asesinos de su mujer y su hija, por eso comprendemos el grave paso que da con respecto a los asaltantes, aunque no lo aprobemos.

Sin embargo, la trama no parece encaminada a cuestionar al ingeniero, sino al abogado y por extensión a la justicia. Una justicia puesta en evidencia por las piezas que la mueven, que no parecen trabajar ni para las víctimas ni para los delincuentes, sino para sí mismos, sus superiores y los jueces. Apetece realmente abofetear a muchos de ellos en algunos momentos y quizás experimentemos un sentimiento placentero ante algún hecho. Pero sabemos que el periplo del ingeniero no puede terminar sin castigo. Está claro, eso es cierto, lo asumimos desde el principio, igual que él asume su destino después de todo lo que ha hecho.

El problema viene cuando la película concluye, con la sensación de que el abogado no ha recibido ningún castigo, siendo realmente el responsable de todo lo sucedido al no aceptar lo que su cliente pide y haciendo lo que él quiere. En este sentido es cuando vemos que F. Cary Gray, realizador de videoclips para R. Kelly, Ice Cube, Cypres Hill o Babyface y remakes como The Italian Job (2003), es un mal manipulador porque nos presenta la opción del abogado como si no hubiera otra alternativa posible y el ingeniero se limita a llorar en lugar de actuar cuando tiene que hacerlo. No es más que una torpe artimaña de guionista, Kurt Wimmer, igual de tramposo que su director. Increíble e inadmisible resulta la capacidad intelectual del ingeniero diez años después, que pareciera que el trauma de ver morir a su hija y su esposa le sentara como Cerebro a los X-men.

Colm Meany y Jamie Foxx
Colm Meany y Jamie Foxx en Un ciudadano ejemplar (Law abiding citizen, 2009, F. Gary Gray)

Resulta tramposo que no nos enseñe la secuencia completa, me refiero a la del asesinato, parece que no quiera que nos identifiquemos demasiado con el ingeniero, para poder verlo culpable después. Asimismo hace lo contrario con el abogado y sí nos enseña el efecto en su hija cuando ve las imágenes de lo que ha hecho el ingeniero. ¡Oh, qué pena nos da! Pobre niña inocente… Pero luego no resulta creíble que su mujercita sea tan paciente con él, pues la imagen que se nos da de su relación de pareja más parece que esté clamando por el divorcio y, desde luego, está claro que es un padre pésimo, por mucho que su hija le diga “Te, quiero”. Todo esto por no detenerme en el momento en el que el abogado explica su estrategia al ingeniero, a lo mejor es porque el otro es anglosajón, pero está claro que si fuera latino en el mismo momento le habrían despedido, probablemente después de darle un buen bofetón. ¿No están en los Estados Unidos? ¿Porqué no le demanda por incompetente, por dejar libre al verdadero asesino de su hija? Demasiadas cosas que guionista y director pasan por alto y no se quieren cuestionar.

Si no fuera por estos malos trucos que empañan el contenido, el conjunto del producto es más que correcto, tanto Gerard Butler como Jamie Foxx defienden con uñas y dientes a sus personajes. Se agradece la presencia de un actor con el que el público siempre se siente identificado, Colm Meaney —imposible no ver en él aquel padre de Café irlandés (The Snapper, 1993, Stephen Frear). Resulta estimulante encontrar presencias como Leslie Bibb, capaces de dotar a su personaje de personalidad y hacernos sentir más allá de lo que pone el guión. Lo demás no deja de ser correcto, aceptable, poco más. Pero abandonas la sala con la sensación de que han pasado por alto castigar al verdadero culpable.

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