Cadáveres exquisitos: Dennis Hopper, buscando su camino por el atajo difícil

Hace poco más de una semana conocíamos la noticia del fallecimiento de Dennis Hopper, un actor entrañable que si bien en la última etapa de su carrera se especializara en personajes de carácter, comienza en la década de los cincuenta y se convierte en el auténtico enfant terrible del cine de Hollywood, que finalmente le homenajea al final de su carrera con una estrella en el Hollywood Walk of Fame.

Nacido un 17 de mayo de 1936, en Dodge City, Kansas, Hopper muestra su interés por la interpretación a muy temprana edad, en la convulsa época de los años cincuenta que, tras la Segunda Guerra Mundial, representa el fin de una forma de hacer cine, de una forma de trabajar: la caída de los grandes estudios y la pérdida de lo que se había dado en llamar el star system. El cine, como la sociedad, evoluciona y no puede seguir encerrado en decorados de cartón piedra, tiene que salir a la calle precipitando el fin del cine clásico y evolucionando hacia el cine moderno de la mano de las nuevas olas europeas.

Dennis Hopper
Dennis Hopper

A esta apertura contribuye Dennis Hopper con el viaje generacional, declaración de principios y manifiesto contracultural que supone Easy rider, primera película independiente distribuida por un gran estudio. Pero antes de ponerse tras la cámara este pequeño gran artista ya había dado muestras de una rebeldía y una conducta que sólo consigue la condena de una hipócrita comunidad que no acepta ni la excentricidad ni el individualismo.

Dennis Hopper
FILE – In a Oct. 1971 file photo, director-actor Dennis Hopper poses in Hollywood, Ca. Hopper, the Hollywood actor-director whose memorable career included the 1969 smash “Easy Rider,” died Saturday, May 29, 2010 at his Venice, Calif. home. He was 74. (AP Photo, File)

Rebelde con causa

A pesar de haber aparecido en alguna serie de televisión y un breve papel en la mítica Johnny Guitar, es determinante su participación, también bajo la dirección de Nicholas Ray, en Rebel Without a Cause en la que coincide con James Dean, cuya estela, personalidad y manera de vivir impresionan al joven actor. Vuelven a coincidir en el rodaje de Giant, último proyecto del mítico actor, cuya noticia sobre el accidente que le causa la muerte, desploma moralmente a un Dennis Hopper de, tan sólo, 21 años.

Desde este momento parece retomar el testigo de James Dean interpretando a numerosos inadaptados en vehículos plenamente integrados en la industria americana como Gunfight at the O. K. Corral, hasta que, en el rodaje de From Hell to Texas, tropieza con Henry Hathaway del que no acepta una actitud paternalista ante la que se rebela de inmediato. El director consigue que permanezca apartado de la industria hasta que él mismo le vuelve a reclamar para el rodaje de The Four Sons of Katie Elder, siete años después.

En el impasse entre una y otra película, Dennis Hopper sobrevive a base de televisión y, siguiendo los pasos de su mítico amigo, se acerca al Actor’s Studio, pero su fama de carácter difícil sólo le permite acceder a películas de bajo presupuesto, de entre las que se puede rescatar, por curioso, un insólito filme de culto precedente de Alien —al final siempre todo se sabe—, me estoy refiriendo a Queen of Blood, un filme que guarda un sorprendente parecido con la historia que escribieran a finales de los setenta Dan O’Bannon y Ronald Shusett. Me pregunto qué tipo de droga se habrían tomado para no recordar que habían visto esta película diez años antes.

Jinete de la carretera

Como en la vida no hay nada ni malo ni bueno, tan sólo lo que tú saques de ello, el actor conoce en uno de estos filmes de serie B a una cuadrilla que le abre la mente y el cuerpo a la experimentación y la renovación cultural. En el rodaje de una película de Roger Corman —cuanto le debe el cine contemporáneo a este hombre—, The Trip, conoce a Bruce Dern, Jack Nicholson y Peter Fonda, que hastiados de ver a los jóvenes de su época representados en productos acartonados y tremendamente edulcorados como los protagonizados por Doris Day, Rock Hudson, Sandra Dee o Frankie Avalon, deciden hacer algo al respecto e inician su mítico viaje.

El filme se impone como la mayor rebelión de Hopper al sistema y se produce detrás de las cámaras al dirigir un producto independiente, arriesgado, y provocativo como Easy Rider (1969). Obteniendo un éxito arrollador, la película muestra por primera vez la forma de vida de la contracultura de los sesenta: las drogas, la música rock, la protesta pacífica, la forma de vida hippy y la decadencia del sueño americano. Se puede apreciar la influencia de Michelangelo Antonioni, a quien invitan a la primera proyección y queda impresionado, no es de extrañar que años después contrate a Jack Nicholson para Professione: reporter. Incluyendo citas a Voltaire, Joseph Addison y Thomas Gray, se alza con el premio a la mejor ópera prima en el Festival de Cannes y consigue nominaciones al mejor guión y la mejor interpretación de reparto para Nicholson. En poco tiempo se convierte tanto en un filme clásico como en película de culto.

Paradójicamente, Denis Hopper consigue introducir en Hollywood sus propuestas y él mismo recibe medios ilimitados para rodar The Last Movie, con la que consigue el Premio de la Crítica en el Festival de Cine de Venecia. Con la primera inicia el viaje. Con la segunda desciende al infierno. Los temas propuestos en su ópera prima no resultan ser ajenos a su propia forma de vida y Hopper no supera su lucha personal contra las drogas, la paranoia, la violencia y la esquizofrenia que, rechazado por Hollywood, le condenan al exilio en Europa.

El amigo europeo

Siguiendo el itinerario de otros malditos de Hollywood, Dennis Hopper sólo consigue trabajo en el cine francés, británico, alemán, italiano o español. Destaca su colaboración con Wim Wenders en la magnífica Der Amerikanische freund, en la que Hopper interpreta a Tom Ripley, el personaje que naciera de la pluma de Patricia Highsmith, en una de las mejores versiones del personaje. Un filme que consagra internacionalmente a su director y que rinde tributo a una época, aquella en la que, justamente, comenzara Dennis Hopper, pues el reparto incluye la presencia del que fuera su primer director, Nicholas Ray, en lo que al final se convertiría en una siniestra coincidencia.

Participa en alguna película americana, como Apocalypse Now, en la que el prestigio de Francis Ford Coppola le permite contratar a quien quiera y hacer lo que quiera, algo que igual que al actor-director, también le acarrea trágicas consecuencias. El filme iba a permitir que Hopper trabajara mano a mano con otro de sus ídolos, Marlon Brando, mas el guión no quiso que sus personajes intercambiaran ni una sola palabra y al final no comparten ni plano ni nada.

Cuatro años después y en un período en el que el propio Francis Ford Coppola tendría que hacer cine de encargo para subsistir, vuelven a trabajar juntos en otro título mítico para jóvenes jinetes del asfalto, Rumble Fish, una historia basada en una novela de Susan E Hinton en la que Hopper interpreta a un padre alcohólico que guarda muchas similitudes con su historia personal.

Este resurgir en el cine europeo, y la confianza de una productora canadiense, le permiten volver a dirigir una obra pequeña Out of the Blue, que con un significativo título Hopper convierte en lo que le hubiera pasado a los personajes de Easy Rider diez años después. A este proyecto le sigue una de las más excéntricos obras del cineasta español, Bigas Luna, Reborn, un título que augura el futuro cercano del actor-director.

Buscando su destino

Siempre en constante búsqueda de una forma de expresión artística que canalice toda su creatividad, es imprescindible resaltar que Denis Hopper también fue un prolífico fotógrafo, pintor, escultor y poeta. Desde los años sesenta cultiva la fotografía, una afición que le conduce a crear la portada de un single para Ike & Tina Turner, River Deep-Mountain High (1966). El estilo de sus pinturas, que a menudo contiene alusiones a su trabajo en el cine, se mueve entre el impresionismo abstracto y el fotorealismo. Aunque también es obligado reconocer su labor como coleccionista de arte, particularmente de Pop Art, cuya perspicacia le lleva a comprar por 75 dólares una de las primeras Latas de Sopa Campbell de Andy Warhol.

Cover de River Deep-Mountain High
Cover de River Deep-Mountain High (1966, Ike & Tina Turner), por Dennis Hopper

Terciopelo, te quiero

En 1987, Dennis Hopper, recibe un guión de una producción de De Laurentiis que va a dirigir el cineasta americano David Lynch. A pesar de que Lynch había pensado en él para el papel, le había descartado por los posibles problemas que podía acarrear en el rodaje. Dennis no se resigna, le llama por teléfono y le ruega el papel de Frank Booth, un turbador y peligroso psicópata que Hopper consigue dotar de una profunda e insólita sensibilidad. La llamada se convierte en una de las más famosas anécdotas cinéfilas, pues David Lynch tiene realmente miedo, hasta de ir a comer con Dennis Hopper, tras oírle decir que él es Frank Booth.

Blue Velvet, tan premiada como abucheada en su época y encumbrada a la categoría de obra maestra poco tiempo después, reconcilia a Dennis Hopper con la industria americana que le abre las puertas, perdona sus pecados e incluso le premia con una nominación al mejor actor de reparto por su interpretación en Hoosiers. Desde este momento, la carrera de Hopper se instala en la interpretación de personajes de reparto en producciones como Black Widow, Straigh to Hell, Paris Trout, The Indian Runner o Red Rock West.

Recuperada su capacidad para dirigir, como había probado con Out of the blue, Hopper retoma su trayectoria como director con Colors en la que vuelve a poner de manifiesto las propuestas de la nueva contracultura, esta vez a ritmo de hip-hop. Lástima que no sea más que un destello rotundamente empañado por la esteticista The Hot Spot, demasiado influida por la estética Lynch de Wild at Heart, y la horripilante Catchfire, capaz de provocar un derrame cerebral tras un visionado continuo y de la que, de hecho, el mismo Hopper firma con el seudónimo de Alan Smithee —todavía me da dolor de cabeza acordarme—, a la que sigue otro fiasco, la completamente insoportable Chasers.

Asumiendo que como director-autor no tiene futuro, se centra finalmente en su labor delante de la cámara.

Frank Booth, te añoro

Totalmente domesticado para la industria de Hollywood, Dennis Hopper se entrega, en su última etapa y sin remilgos, a la interpretación de variaciones caricaturescas de Frank Booth en filmes como Super Mario Bros., Speed o Waterworld. Parece que aquello que hace que el mundo gire, según la canción popularizada por Liza Minelli, es capaz aplacar cualquier mala conciencia que pudiera asomar al hacer un cine como aquel contra el que tanto se había rebelado y criticado. La simpatía y compasión que desprende una persona que ha vivido en lo más profundo del abismo y ha sido capaz para renacer y hacer de sus debilidades su seña de identidad, nos obliga a perdonar, porque así lo queremos, cualquier incoherencia personal, incluso la de apoyar a los republicanos, algo un tanto insólito dado su demencial historial.

En cualquier caso, Dennis Hopper siempre ha sabido recordarnos, de cuando en cuando, su grandeza en intervenciones como las que nos regala en True Romance, Basquiat, The Blackout, Elegy o la de su última interpretación, que fue para el amigo alemán, Wim Wenders, quien después de filmar la última aparición cinematográfica de Nicholas Ray en Lighting Over Water, reincidiría en lo siniestro al capturar para el cine la última interpretación de Dennis Hopper en Palermo Shooting, cerrando así un morboso círculo de casualidad con Nicholas Ray, el director con el que empezara su zigzageante periplo cinematográfico y vital.

Publicado originalmente en Extracine

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