The crazies


Titulo originalThe crazies
Año: 2010
Nacionalidad: EE. UU. & Emiratos Árabes Unuidos

Dirección: Breck Eisner
Guión: Scott Kosar & Ray Wright, basada en un guión de George A. Romero
Producción: Michael Aguilar, Rob Cowan & Dean Georgaris
Fotografía: Maxime Alexandre
Música: Mark Isham
Montaje: Billy Fox
Diseño de Producción: Andrew Menzies
Dirección Artística: Greg Berry
Decorados: Cynthia La Jeunesse
Vestuario: George L. Little
Reparto: Timothy Olyphant, Radha Mitchell, Joe Anderson, Danielle Panabaker, Christie Lynn Smith, Brett Rickaby, Preston Bailey, John Aylward, Joe Reegan, Glenn Morshower, Larry Cedar, gregory Sporleder, Mike Hickman, Lisa K. Wyatt, Justin Welborn, Chet Grissom, Tahmus Rounds, Brett Wagner, Alex Van, Anthony Winters, Frank Hoyt Taylor, Justin Green, E. Roger Mitchell, Michael H. Cole, Mark Oliver, Lynn Carnel, Jimmy Waitman, Jay S, Pearson, Kathryn Kim, Albert J. greffenius, gene L. Hamilton, Steve Pilchen, Lexie Behr, Adam Dingeman, Megan Hensley, Lori Beth Edgeman, Ann Roth, Mickey Cole

una metáfora convertida en realidad

Presentada en clave de cine de terror de serie B, The Craizes esconde una inteligente metáfora sobre la ausencia de escrúpulos de los gobernantes para mentir y experimentar con la sociedad.

El hecho de que lo primero que escuchamos en la película sea We’ll meet agrian, la canción que cerraba la magnífica y contundente película de Stanley Kubrick, Teléfono rojo, ¿volamos hacia Moscú? (Dr. Strabgelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb, 1964), nos coloca, inmediatamente, en la tesitura de la hipótesis, de que la película que vamos a ver es una especulación de algo que, claramente, podría pasar.

La acción transcurre en un pequeño e idílico lugar de Iowa, convulsionado con un insólito suceso al presentarse uno de sus vecinos con un arma de fuego en un partido de béisbol. El shérif del pueblo, David (Timothy Olyphant), se ve obligado a dispararle cuando percibe que su vida corre peligro. Este suceso no es más que el principio de un comportamiento que se extiende como un virus. David y su ayudante descubren un avión que se había estrellado en el mismo río que suministra de agua a todo el pueblo, por lo que intuyen que puede ser el origen del extraño virus. Al poco tiempo y sin que les de tiempo a reaccionar, el pueblo al completo es sitiado por el ejército que, sin dar ninguna explicación, evacua, ejecuta y extermina sin contemplación. Separado a la fuerza de su mujer, Judy (Radha Mitchell), la médico del pueblo, David no piensa ni irse sin ella y ni quedarse sin hacer nada al respecto.

Geroge A. Romero, autor de la versión anterior, siempre ha realizado estupendas metáforas de la sociedad a tiro de zombies, por lo que no cabe ninguna duda que este primer incidente, de un individuo que aparece en un lugar público con un arma de fuego, hace alusión a esas lamentables secuencias que ya forman parte de cualquier noticiario. Ni siquiera se reduce este tipo de actuación al ámbito anglosajón, todos estamos contaminados con la rueda de este tipo de conducta sinrazón, luego lo que venía apuntado desde la canción inicial, queda confirmado con este suceso.

Recurro a George A. Romero, porque aunque los guionistas Scott Kosar y Ray Wright conocen a la perfección las exigencias del género —el primero ya escribiera dos remakes, Matanza de Texas 2004 (The Texas chainsaw massacre, 2003, Marcus Nispel) y La morada del miedo (The Amityville Horror, 2005, Andrew Douglas), y un guión original, El maquinista, (The Machinist, 2004, Brad Anderson), y el segundo los guiones de Pulse (2006, Jim Sonzero) y Expediente 39 (Case 39, 2009, Christian Alvart)—, intuyo que el maestro del género de terror insufla a este proyecto su personalidad y coherencia, aunque sólo haya sido su productor ejecutivo, y sobre todo, porque escribiera el guión original junto con Paul McCollough. Tampoco creo que Breck Eisner haya hecho algo más que traducir en imágenes el guión que tenía entre manos, confieso que no he visto sus trabajos precedentes, ni Sahara (2005) ni Crímenes de pensamiento (Thoughtcrimes, 2003), pero muchas ganas tampoco es que tenga.

Teniendo pues tantas cabezas pensantes es difícil saber a quien corresponden los aciertos, pero el caso es que a la película le viene muy bien esa atmósfera de paranoia que recuerda a otro mítico título fantástico, La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the body snatchers, 1956, Don Siegel), reforzado por el hecho de que Judy sea médico, que bien podría haber sido profesora, alcaldesa o tendera. La elección es explícita y mi interpretación es que pudieran querer distraer nuestra atención con la idea de un virus extraterrestre o ajeno al ser humano, para sorprendernos después con que el enemigo lo tenemos en casa, volviendo de nuevo la metáfora política que hacía la película de Don Siegel sobre los peligros del capitalismo.

Del reparto hecho en falta algo más de carisma, pues aparte de la fuerza que Radha Mitchell aporta a su personaje, nadie más sobresale, ni siquiera Timothy Olyphant que con ser guapo y llevar uniforme parece que tiene bastante. Aún así da gusto contemplar una película en la que personajes y acciones evolucionan con coherencia, y sin caer en errores anteriores de acabar convirtiendo la película en otro filme de acción con héroe que casi no llega a salvar a su chica por culpa del tráfico. No. The Crazies es entretenida cuando tiene que serlo, impactante en el momento apropiado y fiel hasta el último minuto a su discurso hipotético, siempre dentro de los parámetros del género.

Lo que desde luego sorprende es la rapidez con la que la realidad supera a la ficción pues algunos de los momentos que viven David y Judy parecen terroríficamente similares al reciente asalto de Israel a la Flotilla de la Libertad con ayuda humanitaria que se dirigía a Gaza. Impresiona la similitud de las respuestas que da el soldado capturado por David en la ficción, tan similar a las que se dan por gobiernos enteros en la vida real. Luego nos quejamos de la parquedad en los diálogos de las películas, pero señores, ¡tan sólo reflejan la vida real! A estas alturas no distingo que me produce más miedo ¿la ficción o la realidad?

(Publicado originalmente en EXTRACINE)


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