Al límite

Título original: Edge of Darkness

Año: 2010
Nacionalidad: EE. UU. & Reino Unido

Dirección: Martin Campbell
Guión: William Monahan & Andrew Bovell, basado en una serie de televisión de Troy Kennedy-Martin
Producción: Tim Headington, Graham King & Michael Wearing
Fotografía: Phil Meheux
Música: Howard Shore
Montaje: Stuart Baird
Diseño de Producción: Thomas E. Sanders
Dirección Artística: Greg Berry, Mark Satterlee & Suzan Wexler
Decorados: Jay Hart
Vestuario: Lindy Hemming
Reparto: Mel Gibson, Ray Winstone, Danny Huston, Bojana Novakovic, Shawn Roberts, David Aaron Baker, Jay O. Sanders, Denis O’Hare, Damian Young, Caterina Scorsone, Frank Grillo, Wayne Duvall, Gbenga Akinnagbe, Gabrielle Popa, Paul Sparks, Christy Scott Cashman, Dossy Peabody, Gordon Peterson, Peter Epstein, Tom Kemp, Timothy Sawyer, Molly Schreiber, Amelia Broome, Celeste Oliva, Scott Winters, Joe Stapleton, Sol E. Romero, Ali Reza, Rick Avery, Peter Hermann, Bill Thorpe, Charles Harrington, Lisa Hughes, Paula Ebben, Kathy Curran, Frank Ridley, Nico Evers-Swindell, David J. Curtis, Thomas B. Duffy…

ecología en clave de thriller y acción contra el sistema

Tras siete años sin ponerse delante de las cámaras, Mel Gibson escoge para su retorno a la interpretación en la gran pantalla un filme ecologista como Edge of Darkness, que especula y cuestiona, ni más ni menos, al magnánimo gobierno de los Estados Unidos de América.

Craven es el nombre que grita un asesino a sueldo cuando dispara a Thomas Craven (Mel Gibson), inspector de homicidios, y su hija Emma Craven (Bojana Novakovic), cuando se dispone a llevarla al hospital a causa de varios síntomas inesperados que incluyen temblores, unos violentos vómitos y sangre que mana por la nariz. Lo que en un principio parece un ajuste de cuentas con el policía, se irá transformando en una conspiración contra su propia hija por ayudar a unos activistas ecologistas que trataban de denunciar que el gobierno de los Estados Unidos está fabricando armas nucleares con denominación de origen de países extranjeros.

Con un principio tan contundente como este y con Mel Gibson como protagonista, cualquiera no se deja arrastrar por la idea de que la película se va a convertir en la historia de un padre coraje que busca venganza para su hija a través del ojo por ojo, diente por diente —un principio, sin duda, muy similar a otro título reciente, Un ciudadano ejemplar (Law Abiding Citizen, 2009, F. Gary Gray). Sin embargo, Thomas Craven es un personaje atípico dentro de la galería de impulsivos personajes a los que nos tiene acostumbrados el actor neoyorquino, mostrándose como un templado, frío y calculador investigador con unos nervios de acero, capaz de seguir por sí mismo las pocas evidencias que alumbran que el mercenario que ha asesinado a su hija no se equivocara de Craven.

Es muy probable que esta sorpresa inicial venga de mi desconocimiento de la miniserie de 1985 en la que está basada la película, que con el mismo nombre, Edge of Dakness, fuera creada por la pluma de Troy Kennedy-Martin, artífice a su vez de los guiones de The Italian Job, 1969 Peter collinson), la genuina y original, Los violentos de Kelly (Kelly’s Heroes, 1970, Brian G. Hutton y varias series de la televisión británica. Desconociendo las aportaciones que puedan haber realizado Andrew Bovell o William Monahan, me inclino a pensar que tan sólo se hayan limitado a realizar una adaptación y sintetización del guión para convertirlo en un thriller psicológico que pueda resultar atractivo al público americano.

Asimismo, la elección de Martin Campbell para hacerse cargo de la dirección tras Casino Royale, (2006), las dos entregas del Zorro, Límite vertical (Vertical Limit, 2000) o Goldeneye (1995), no es que no parezca la más indicada, sino que a pesar de conseguir secuencias de acción, persecuciones e indiscutibles momentos trepidantes para el consumidor de palomitas, no consigue dotar a la historia de toda la entidad que su contenido parece necesitar, ofreciendo un producto entretenido, pero superficial. Aún así, se puede disfrutar de toda la proyección hasta el final, en la que sí encontraremos algunas secuencias emocionalmente interesantes, como por ejemplo el enfrentamiento con Jack Bennett (Danny Huston), en un personaje que parece rescatado de El jardinero fiel (The Constant Gardener, 2005, Fernando Meirelles), precisamente interpretado por el mismo actor y siendo, también, un thriller ecológico aunque con un toque más romántico que policíaco.

A estas alturas no podríamos esperar que Mel Gibson, aunque se muestre interesado por hacer un cine más comprometido no iba a poder completar un cursillo avanzado del Método de Stanislawski, por lo que su interpretación, justita, se ve sobrepasada por la mayoría de secundarios, capaces de transmitir mucho más que el actor-director, particularmente, la breve pero emotiva interpretación de Caterina Scorsone. Además del mencionado Danny Huston, siempre perfecto en sus interpretaciones, detaca un espléndido Ray Winstone en un personaje fascinantemente ambiguo e imprevisible.

No deben equivocarse en la conclusión sobre la resolución final, pues no se debe a una vuelta de tuerca a la americana, sino a la evidencia por parte de Thomas Craven de que está abocado a la sufrir las injusticias de un sistema que nunca va a arriesgarse a darle la razón ni con lo que respecta a su hija ni con respecto a él mismo. En este sentido, parece que sí se acerca a la realidad política actual, no sólo la de los Estados Unidos, sino la de muchos más países de lo que cabría pensar en los que la verdad siempre parece ser relativa.

Publicado originalmente en EXTRACINE

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