Suicide girls must die!

Título original: Suicide Girls Must Die!
Año: 2010
Nacionalidad: EE. UU.
Dirección: Sawa Suicide
Guión: Brian Fagan
Producción: Keith Geller, Jeremy Kasten & Miss Suicide
Música: Thavius Beck
Montaje: Seth Clark & Jeremy Kasten
Reparto: Amina Munster, Amina Suicide, Bailey Suicide, Bully Suicide, Daven Suicide, Evan Suicide, Mary Suicide, Rigel Suicide, Roach Suicide, Roza Suicide, Sawa Suicide, Soren Suicide, Don L. Bagley, Ken Edling, Brandon Stumpf, Peter Patton…
los peligros de la democratización audiovisual

Suicide Girls Must die es una apuesta tan arriesgada como pobre, tal es así que hasta me quedo sin palabras para comentarla con propiedad. Parafraseando a una “amiga” de un concursante de Gran Hermano: ¡me quedo muerta!

Un grupo de chicas descerebradas (no puedo utilizar el sustantivo modelo) llenas de tatuajes, con los pelos decolorados y teñidos en los colores que se llevaban en los años noventa —imagino que algunas modas llegan más tarde a la América profunda—, deciden participar en una especie de concurso que parte de una página electrónica para posar desnudas en un calendario cuyo tema queda expresado en un tan sencillo como evidente eslogan: “chicas guapas desnudas con tatuajes” —podría haber sido creado por el mismísimo Adolph Zukor para la Paramount en los comienzos del cine, la verdad sea dicha. A cada chica se le proporciona una cámara de vídeo para que cada una pueda capturar sus propios onanistas ejercicios audiovisuales. Todas ellas son transportadas en un autobús al estado de Maine, alojadas en una casa en medio de ningún sitio, se les retiran sus teléfonos móviles y comienza el concurso, que consiste en que cada día le hacen las fotografías a la que se vista más sexy –o como una prostituta. Luego parece que empiezan a desaparecer, pero ellas no dejan de hacerse fotos desnudas.

Aparte de apropiarse de un término creado por Chuck Palahniuk (autor de El club de la lucha) en su novela Survivor, está claro que Suicide Girls Must Die! es uno claro ejemplo de los peligros de la democratización audiovisual a la que estamos (y parece ser que vamos a estar mucho tiempo) sometidos. Cualquier individuo poseedor de una cámara y un programa de edición parece creerse capacitado para filmar, cortar y pegar una imagen detrás de otra hasta alcanzar una duración de entre 90 y 120 minutos, y, aprovechando una página electrónica llamativa, lanzar su producto al mundo torturándonos con una ausencia total de creatividad, originalidad, sensibilidad, estética o gusto. A no ser que el espectador esté únicamente interesado en ver, literalmente, chicas guapas desnudas con tatuajes, que en ese caso constituye, sin lugar a dudas, la obra maestra de la exposición del cuerpo femenino y su consideración como objeto de usar y tirar, o de tirar sin haber usado.

Lo peor de todo es que, encima, los propios autores de la película —me refiero a ella con este sustantivo porque reúne las características físicas para ser considerada así—, ni siquiera han sacado provecho de toda una década que llevamos de realty shows como Gran Hermano, Supervivientes, Operación Triunfo y toda la larga lista de variantes que pueda haber, que incluso convierten acualquier edición de estos reality shows en algo mucho más interesante y emocionante que este bodrio. No copian los cineastas contemporáneos a sus cineastas favoritos, ¡copia tú cualquiera de las memorables trifulcas que se han producido en televisión!

Ignoro si el guionista (no me apetece nombrarlo, sería darle demasiada importancia), proporciona texto a estas chicas, pero no consigue que nos interese una sola palabra de las que dicen. Tampoco hay acciones que generen un conflicto entre ellas o que suscite el suspense en el espectador, por pasar, pasa menos que en la casa de Gran Hermano. Por otro lado, si realmente realizaron la película a partir del material grabado, tampoco es que el montador se haya lucido, vamos, que debe haber escogido los momentos más tediosos de la convivencia de estas descerebradas. Puestos a ser ordinarios, ¿no encontró un momento en que se tiraron de los pelos, se arañaron la cara o se empujado por las escaleras unas a otras por salir en la foto antes que las otras? Si es que Showgirls (1995, Paul Verhoeven) al lado de esto es material intelectual, ¡cine de autor!.

Debo decir que comencé a ver la película suscitado por su llamativo título, desconociendo todo lo que había dentras. El caso es que el comienzo parece algo, con su flashforward para mantener nuestra atención hasta que se produzcan los terroríficos hechos, con sus alusiones a las últimas tendencias audiovisuales: los nuevos formatos televisivos, Internet como plataforma para darse a conocer, concursos de televisión que se convierten en fenómenos, fama instantánea y las ultimas tecnologías en cámaras y micrófonos, que podría hacernos creer que estamos ante un producto moderno, contemporáneo, cool, supermolón, chahci…, pero no.

También llegué a considerar que la película seguía una estructura inductiva y al final haría una crítica sobre las mujeres que ofrecen su físico al mejor postor, pero tampoco. Estamos ante la clásica propuesta machista (aunque esté realizada por una mujer), cuyo único objetivo es la exposición sistemática del cuerpo femenino, tal y como si estuviéramos en una carnicería erótica, aunque ni siquiera en ese sentido funciona, pues cual aburrido pleonasmo, llega a ser tediosa de tanta reiteración, haciendo que los cuerpos parezcan hasta desagradables, y los tatuajes ni te cuento.

Hubiéramos podido estar ante una obra heredera de la insoportable El proyecto de la bruja de Blair (The Blair Witch Project, 1999, Daniel Myrick & Eduardo Sánchez), pero nada más lejos de la realidad. La influencia que sí puedo asegurar, aunque me temo que no puedo aportar más títulos que la famosa Garganta profunda (Deep Throat, 1972, Gerard Damiano), es la de cualquier filme pornográfico. De hecho creo que si hubieran convertido la cinta en un híbrido de cine porno en clave terrorífica habrían tenido mucho más éxito y hasta a mi me habría parecido interesante.

Publicado originalmente en EXTRACINE

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