Gru, mi villano favorito

Título original: Despicable me
Año: 2010
Nacionalidad: EE. UU.

Dirección: Pierre Coffin & Chris Renaud
Guión: Ken Daurio & Cinco Paul, basado en una idea original de Sergio Pablos
Producción: John Cohen, Janet Healy & Christopher Meledandri
Música: Heitor Preira & Pharrell Williams
Montaje: Gregory Perler & Pam Ziegenhagen
Diseño de Producción: Yarrow Cheney
Dirección Artística: Eric Guillon
Reparto: Steve Carell, Jason Segel, Russell Brand, Julie Andrews, Will Arnett, Kristen Wiig, Miranda Cosgrove, Dana Gaier, Elsie Fisher, Pierre Coffin, Chris Renaud, Jemaine Clement, Jack McBrayer, Mindy Kalling, Rob Huebel, Ken Daurio, Ken Jeong, Charles Bright, Katie Leigh, Ranjani Brow, Scott Menville, Holly Dorff, Edie Mirman, Jackie Gonneau, Al Rodrigo, Wendy Hoffman, Jakob Roston, James Kyson-Lee, Hans Tester, Tony Lee, Debi Mae West…

plagiarios contemporáneos

En los comienzos de la Historia del Cine proliferaban figuras como Edwin S. Porter —recordado por ser el artífice del primer western, The Great Train Robbery (1904)— que se dedicaban a copiar sistemáticamente las producciones de éxito que llegaban de europa o a la renovación de ideas incluidas en anteriores películas norteamericanas. Despicable me sigue al dedillo la escuela norteamericana creada por estos, denominados, plagiarios.

Como si de un seguidor más del sueño americano se tratase, Gru (Steve Carell) vive en una urbanización, en un chaletito custodiado según sus propio gusto siniestro y macabro, dotado además de un espectacular sótano poblado de unos seres en forma de bizcocho para desayuno y a los que utiliza para su apropiación indebida de objetos como la luna, con el que además demostrará que su pericia frente a un nuevo villano que le hace la competencia, Vector (Jason Segel). Aunque para ello necesitará el apoyo de ayuda externa que le harán ver las cosas de otra manera.

“Sólo les doy lo que quieren, me adoran”

La mismas razones que mueven a Gru para dominar a su séquito parecen ser las que mueven a los creadores de Despicable me para alcanzar esta estudiada comercialización de lo siniestro, tan de moda gracias a Tim Burton y que resulta un compendio de su universo estético, respondiendo Gru a los mismos cánones estéticos del Pingüino de Batman vuelve (Batman returns, 1992, Tim Burton), con una voz que simula a la del Bela Lugosi, pero más el que interpreta Martin Landau en Ed Wood (1994, Tim Burton) que el original, y una particular vivienda que me hace recordar la de Eduardo Manostijeras (Edward Scissorhands, 1990, Tim Burton), pero incluida aquí dentro de la urbanización que se veía desde su colina. Adelantándose a los proyectos de Tim Burton, quien podría dirigir una nueva versión de La familia Addams, también podríamos decir que Gru responde a un cruce entre Pingüino y el personaje protagonista de la primera versión cinematográfica de la loca familia, Fétido —o tío Fester como se le denomina en su idioma original—, además de extrapolar el gusto por lo siniestro y lo macabro, intercambiando a Thing por el “perro” de Gru y siendo el sótano secreto, el mismo que tenía Fester en La familia Addams (The Addams Family, 1991, Barry Sonnenfeld). No voy a dejar fuera de la lista de plagios la inevitable alusión a Los increibles (The Incredibles, 2004, Brad Bird), que por razones obvias, no necesito explicar.

El ejercicio de cut and paste estético de todas estas producciones de éxito no refleja más que la superficialidad de los propios autores de la película que, o no hicieron bien sus deberes, o se quedaron en lo externo, pues todos son una reivindicación de la familia como modelo para fortalecer la autoestima y la necesidad de aceptación tal y como se es, lo que no implica que sean personajes malos ni villanos, sólo que tienen una manera diferente de expresarse. De hecho todos son buenos. Quizás el único que responda a un perfil negativo sea Pingüino, aunque Burton se encarga de que le comprendamos, pues todos podemos comprobar el rechazo que siente por parte de su propia familia, creando así ese rencor que le convierte en villano. Pero Gru no parece tener motivos para ser malo, tan sólo estamos hablando de un envidioso que quiere lo que tienen los demás, porque una madre opresiva (Julie Andrews) no me parece suficiente o, cuanto menos, no justifica sus actos delictivos, lo no provoca mis simpatías hacia el personaje, sino todo lo contrario.

Amén de la inclusión de una canción tan polémica como Sweet Home Alabama, de la que aunque pueda resultar muy molona y atractiva musicalmente, contiene unas connotaciones racistas —que yo recuerde el mejor uso de esta canción se realiza en Todo por un sueño (To Die For, 1995, Gus Van Sant), en la que se asocia claramente a la psicología racista del personaje de Nicole Kidman—, que sumadas al desafortunado comentario de otra villana, Miss Hattie (Kristen Wiig), —en esta película los únicos que no son villanos son los niños y los bizcochitos—, que viene a decir una frase tan gratificante para los autores de la canción y los miembros del Ku Klux Klan como “¿acaso parezco alguien que habla español?“, me llevan a colocar esta producción de Universal Pictures, en forma, en contenido, en argumento, en tema, en exposición y en todo, en el polo opuesto a las propuestas de Pixar. Tendré que volver a ir a ver la maravillosa Toy Story 3 (2010, Lee Unkrich) para quitarme el mal gusto.

Publicado originalmente en EXTRACINE

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