Origen

Título original: Inception
Año: 2010
Nacionalidad: EE.UU.

Dirección: Christopher Nolan
Guión: Christopher Nolan
Producción: Christopher Nolan & Emma Thomas
Fotografía: Wally Pfister
Música: Hans Zimmer
Montaje: Lee Smith
Diseño de Producción: Guy Dyas
Dirección Artística: Luke Freeborn, Brad Ricker & Dean Wolcott
Decorados: Larry Dias & Douglas A. Mowat
Vestuario: Jeffrey Kurland
Reparto: Leonardo DiCaprio, Joseph Gordon-Levitt, Ellen Page, Tom Hardy, Ken Watanabe, Dileep Rao, Cillian Murphy, Tom Berenger, Marion Cotillard, Pete Postlethwaite, Michael Caine, Lukas Haas, Tai-Li Lee, Claire Geare, Magnus Nolan, Taylor Geare, Jonathan Geare, Thoru masamune, Yuki Okumoto, Earl Cameron, Ryan Hayward, Miranda Nolan, Russ Fega, Tim Kelleher, Talulah Riley, Nicolas Clerc, Coralie Dedykere, Silvie Laguna, Virgile Bramly, Jean-Michel Dagory, Helena Cullinan, Mark Fleischmann, Shelley Lang, Jack Murray, Kraig Thornber, Angela Natheson, Natasha Beaumont, Marc Raducci, Carl Gilliard, Jill Maddrell, Alex Lombard, Nicole Pulliam, Michael Gaston, Felix Scott, Andrew Plaevin, Lisa Reynolds, Jason Tendell, Jack Gilroy, Shannon Welles…

anoche soñé que volvía a Manderlay y el déjà vu

Debo Debo reconocer que estaba tan expectante sobre la última película de Christopher Nolan, Inception, como cualquiera. Ni siquiera el hecho de que estuviera protagonizada por Leonardo Di Caprio, quien ha demostrado sobradamente sus cualidades en algunas de sus últimas películas, iba a predisponerme en contra de la película, pero el caso es que debo ser de los pocos mortales a los que ni la película, ni el sueño, ni el tema, convenció.

No creo que sea culpa del reparto, que me parece fascinante, particularmente la labor del enigmático Tom Hardy, la estimulante presencia de Tom Berenger, la recuperación de Lukas Haas, la breve pero contundente actuación de Pete Postlethwaite —delatando una de las muchas fuentes de las que bebe Nolan, SOspechosos habituales (The Usual Suspects, 1995, Bryan Singer)—, y, sobre todo, la fascinante presencia de Marion Cotillard, lo mejor de todo el reparto y la única que consigue, realmente, que me crea este artificio audiovisual.

En el otro lado, Leonardo Di Caprio, correcto, pero poco más, demasiado racional, carente del sentimiento que impone Marion Cotillard; pero peor todavía están Joseph Gordon-Levitt, absolutamente superficial, y Ellen Page, aunque en este caso no sólo es ella, es también Ariadne, su personaje el que me cae fatal. Poniéndonos en el caso de que pudiera existir una máquina capaz de meternos en el sueño de alguien —ningún problema, en su momento ya me creí a pies juntitas la maquinita de borrar recuerdos ideada por Charlie Kauffman para Olvídate de mi (Eternal Sunshine of the Spotless Mind, 2004, Michel Gondry)—, pero esa excesiva facilidad que muestra ella para asimilar la información, para apropiarse de ella, para meterse en el sueño privado de Cobb cuando este no le ha invitado, para explicar a través de su personaje lo que el guionista —también Christopher Nolan— quiere que sepamos por activa y por pasiva, para que no perdamos el hilo de la historia. Muchas, demasiadas explicaciones, nada queda al azar ni a la imaginación, y lo terrible es que luego la gente no lo entiende y discute si fue esto o fue lo otro.

Más que nada porque vistas Inland Empire (2006, David Lynch) o cualquier otra película de Lynch; El almuerzo desnudo (Naked Lunch, 1991, David Cronenberg) o cualquiera de Cronenberg; la serie Lost (2004-2010) o la novela en la que está más que inspirada, la fabulosa La invención de Morell de Adolfo Bioy Casares; Dark City (1998, Alex Proyas), por no decir Matrix (The Matrix, 1999, Andy & Lana Wachowsky) o La vida es sueño de Calderón de la Barca en la que Segismundo se pregunta si fue sueño cuando estaba confinado en una celda y es real su vida ahora que es rey o, por el contrario, fue sueño cuando era rey y la vida se reduce a las cuatro paredes de su celda es la realidad; cualquiera de las novelas de Philip K. Dick en las que el protagonista acaba siempre por preguntarse si está en la vida real o vive dentro de sus propias fantasías, ya sea por efecto de las drogas o de la esquizofrenia; El año pasado en Marienbad (L’année dernière à Marienbad, 1961, Alain Resnais), la inquietante y bella película de Alain Resnais en la que nunca sabremos si estamos viendo el presente, el pasado o el futuro, la imaginación del narrador o su recuerdo; hasta, incluso, Rebecca (1940, Alfred Hitchcock) cuya frase inicial no deja lugar a dudas sobre la intención de Hitchcock de que todo el relato pueda formar parte del sueño de una joven que vive bajo una fuerte represión sexual, al igual que lo hiciera la institutriz de Suspense (The Innocents, 1961, Jack Clayton), la maravillosa obra maestra de Clayton, basada en la novela de Henry James que tan torpemente copia Alejandro Amenábar en Los otros (The Others, 2001); ¿que es lo que aporta entonces Christopher Nolan?

Un diseño de producción fabuloso, con alusiones a Frank Lloyd Wright, sin duda alguna fruto del buen gusto de Guy Dyas, y lo mejor de la película, junto con la fascinante banda sonora de Hans Zimmer, aunque debo decir que resulta más estiulante fuera de la película que dentro, pero porque nunca, nunca, nunca calla. Lo mismo sucede con los innumerables planos con ralentí, cuya reiteración provocan —en mi persona— una saturación que acaba por anular el hipotético misterio que pudieran aportar.

También aporta citas pictóricas. Debo decir que me sorprende, en un título que podría adscribirse, por definición, al surrealismo, que no lo haga, que no lo sea. No hay nada surrealista en Inception, porque los sueños a los que se nos somete son total y absolutamente calculados para crear una sensación causa-efecto y que podamos, en todo momento establecer una línea temporal, algo impensable dentro del movimiento surrealista. La ridícula cita a Francis Bacon, no es que me parezca innecesaria es que sólo me la puedo explicar como si fuese un guiño de Christopher Nolan pretendiendo demostrar que sigue influido por la cultura británica que le vio nacer, cosa que ni de lejos. Por último, lo más obvio, lo que se veía hasta en el cartel de la película, la única aportación un tanto surrealista, pero encima, masticada y explicada hasta que pierde todo su encanto, la del holandés Maurits Cornelis Escher. ¿Era necesario que Arhtur dijera “paradoja” antes de empujar al otro al vacío? ¡Si ya lo entendimos cuando se lo explicaba a Ariadne!

No dudo que no voy a convencer a nadie, está claro que la cualidad de Nolan ha sido hacer su película en el momento oportuno. También es probable que vuelva a verla, pero ya en un formato doméstico que me permita verla en su versión original. Pero lo que es en este momento, tan sólo me parece un producto exquisitamente empaquetado, diseñado en forma de cine de acción —¿era necesario intercalar tantas peleas y explosiones sin sentido?— que pueda resultar atractivo al público contemporáneo, pero en una caja demasiado grande, con mucho corcho y relleno para que no se estropee su más preciado detalle, Marion Cotillard y el significado de su personaje. ¿Qué más da si gira o no gira si ya sabíamos cómo iba a terminar? (…) Yo ya la he olvidado, como hago con las pesadillas. Nolan no me quita el sueño.

Publicado originalmente en EXTRACINE

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2 comentarios en “Origen

  1. Una gran sorpresa encontarme con su blog, don Luis, y mas agradable aun ya que casi somos vecinos. Su crítica de Origen la suscribo totalmente. Yo también tengo comentario en mi blog.

    Espero se digne echarle un vistazo y que nos leamos a menudo.

    Un Placer…

    Me gusta

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