Dime con quién sales y te diré qué cine haces: Woody Allen y las musas que le dicen I love you

Muchos factores influyen en la cinematografía de Woody Allen: New York, su condición de judío, su afición por el jazz, las películas de los hermanos Marx, las de Ingmar Bergman, las de Federico Fellini, la literatura rusa, el psicoanálisis, la fascinación por la magia, la religión, el sexo, la filosofía… todos ellos son agentes constantes que evolucionan en su obra en la misma medida en la que él mismo evoluciona como persona. Pero hauy un factor inconstante que influye en mayor o menor medida en sus obras: sus parejas sentimentales. En su caso, porque muchas veces han ejercido claramente la función de musas, como es el caso de Diane Keaton y Mia Farrow, que interpretaron papeles en todas y cada una de las películas del cineasta neoyorquino en el período en que fueran, además, su pareja sentimental.

Harlene Susan Rose (1956- 1962): sobre trabajo y humor

Es difícil calibrar la influencia de su primera esposa en su trabajo, más que nada porque no hiciera ninguna película en este período. Además ya había iniciado su carrera como guionista para otros humoristas. Quizás Harlene le diera el empuje suficiente para pasar del anonimato a la visibilidad de interpretar sus propios chistes, cosa que hace a principios de la década, para convertirse en uno de los cómicos de mayor éxito de su tiempo al hacer una combinación de humor físico con humor intelectual, pero esto es pura especulación.

Louise Lasser (1966 – 1970): sobre risas y diversión

  • What’s up, tiger Lily? (1966)
  • Toma el dinero y corre (Take the money and run, 1969)
  • Bananas (1971)
  • Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo *pero nunca se atrevió a preguntar (Every thing you always wanted to know about sex *but were afraid to ask, 1972)

Aunque voy a referirme en cada una de las etapas sólo a los títulos que dirige, es interesante señalar que casi a la vez que comienza su segunda relación matrimonial comienzan sus éxitos en el cine como actor y guionista, primero, y como director, después, en lo que parece que es un acercamiento desde fuera hacía dentro del entorno cinematográfico.

Probablemente sería en el rodaje de ¿Qué tal, Pussycat? en donde conoce a Louise Lasser, actriz y cómica neoyorquina que parece integrarse a la perfección en los primeros títulos de Woody Allen. Un tipo de cine que no es más que una prolongación del trabajo que lleva realizando como cómico y con ninguna pretensión más allá que la de hacer reír. Una etapa breve en la que se puede apreciar la influencia de los grandes cómicos de la era del cine mudo como Charles Chaplin o Harol Lloyd, pues muchos de sus gags son visuales y, en el caso de Bananas, estaría incluso inspirada en un título de este último, Why Worry (1923, Fred C. Newmeyer Sam Taylor).

Aunque, casualmente, se divorcia de Louise Lasser en 1970, continuaría interviniendo en sus películas hasta que conoce a su siguiente musa.

Diane Keaton (1972-1980): sobre comedias, dramas y homenajes

  • El dormilón (Sleeper, 1973)
  • La última noche de Boris Groushenko (Love and Death, 1975)
  • Annie Hall (1977)
  • Interiores (Interiors, 1978)
  • Manhattan (1979)
  • Recuerdos (Stardust memories, 1980)

En 1980, buscando actrices para su obra de teatro, Sueños de un seductor, después convertida en una película dirigida por Herbert Ross, conoce y contrata a Diane Keaton, con la que inicia dos espléndidas relaciones, una laboral y otra sentimental.

El dormilón no sólo es la primera película que hacen juntos, sino que inaugura uno de los sellos visuales característicos de su filmografía, los austeros títulos de crédito —homenaje a Yasuhirô Ozu— en los que el nombre de los intérpretes aparece siempre en orden alfabético, para no dar mayor importancia a unos sobre otros, con un fondo negro sobre el que se leen los créditos en tipografía Windsor. Una característica que perdura hasta la actualidad. Sin dejar su característico tipo de humor visual, introduce también los elementos intelectuales que inundarán el resto de su filmografía: el existencialismo, la religión, las relaciones de pareja, etc., etc.; elementos que irán ganado terreno en las obras de este período, siendo Love and death un irreverente y divertido homenaje a la literatura rusa, y alcanzando su máximo esplendor en Annie Hall, película homenaje a la propia Keaton. Siendo esta una de sus obras más aclamadas por crítica y público, Woody Allen sorprende con un giro radical, no muy bien entendido por todos en su momento, como sería Interiores, homenaje al cine de Bergman, para el que se apropia de su director de fotografía habitual, Sven Nykvist, y que conviviría en cartelera y nominaciones con un título del cineasta sueco, Sonata de otoño (Höstsonaten, 1979), casualmente de tono y temática muy similar.

No siendo muy bien recibido este nuevo registro, Woody Allen retoma la balanza entre lo dramático y lo cómico en Manhattan, homenaje a su ciudad natal, New York, y que se tornaría una película verdaderamente clarividente sobre su gusto personal hacia las Lolitas, personificado en el personaje de Mariel Hemingway. Inmediatamente después realizaría una impresionante y sincera, película reflexiva, Stardust Memories, declarado homenaje al 8 1/2 (1963) de Fellini, en la que su personaje, un director de cine, se cuestiona sobre las relaciones de pareja que ha tenido hasta la fecha, planteándose, también, si debe hacer cine cómico o dramático, estableciendo una clara línea de conexión entre sus relaciones personales con las cinematográficas, como sucediera igualmente en la obra del cineasta italiano.

Mia Farrow (1980-1992): sobre dramas y tragedias

  • La comedia sexual de una noche de verano (A midsummer night’s sex comedy, 1982)
  • Zelig (1983)
  • Broadway Danny Rose (1984)
  • La rosa púrpura de El Cairo (The purple rose of Cairo, 1985)
  • Hannah y sus hermanas (Hannah and her sisters, 1986)
  • Días de radio (Radio Days, 1987)
  • Septiembre (September, 1987)
  • Otra mujer (Another Woman, 1988)
  • Oedipus Wrecks segmento incluido en Historias de Nueva York (New York Stories, 1989)
  • Delitos y faltas (Crimes and Misdemeanors, 1989)
  • Alice (1990)
  • Sombras y niebla (Shadows and Fog, 1991)
  • Maridos y mujeres (Husbands and Wives, 1992)

Una relación más notoria públicamente por su ruptura que sus inicios, en algún momento de principios de los años ochenta comienza su periplo con Mia Farrow —la pasiva agresiva, según la definiera en Husbands and wives, una película que contiene mucho de la verdadera pareja, según dijera su entorno en las fechas precedentes al estreno de la película, que además es una de sus obras favoritas—, lo que les conduce a una relación laboral de trece películas, en lo que sería el período más constante en temática y estilo, siendo además el más filosófico. Una señal que se puede apreciar a simple vista es la ausencia de sentido de humor que se desprende de las interpretaciones de Farrow, especialmente por contraste con la gracia espontánea de Diane Keaton, capaz de quitar importancia a la cita más solemne. No quiere decir que no haya títulos cómicos en este período, pero el humor nunca viene por parte del personaje que interpreta su nueva musa, sino por el que interpreta el propio Woody Allen, o por las situaciones que se producen en la acción, como sucede en Broadway Dany Rose o en Zelig.

Resulta muy significativo y revelador de la progresión de la relación que, si bien es la protagonista de sus primeros títulos, después de la gran película del período The purple rose of Cairo —una película realmente trágica—, vaya perdiendo protagonismo, quedando relegada a personajes secundarios, llegando algunos de ellos a tener connotaciones negativas, como en Shadows and fog y la referida Husbands and wives. Ya en Broadway Danny Rose el personaje que interpreta Allen se verá rechazado por el de Farrow, algo que se vuelve a repetir en Crimes and misdemeanor. En Hannah y sus hermanas, el protagonismo del personaje de su musa sólo está presente en el título, pues en la película tendrán mucha más presencia Barbara Hershey o Diane Wiest, además de que la pareja que forman está rota. Tan sólo Alice parece contener algún momento verdaderamente dedicado a la actriz, resultando, también, clarividente con su destino que le ha llevado a volcarse más en su labor humanitaria que en la cinematográfica.

Husbands and Wives pone el punto y final a la relación profesional y laboral entre ambos, siendo la última de una etapa, pero la primera ya de la siguiente, al revitalizar el estilo visual de Woody Allen con una liberalizada cámara en mano. Una película en la que vuelve a analizar las relaciones de pareja, tal y como hiciera en Stardust memories. Una obra sincera que resulta tan dramática como cómica y que también se encuentra entre las preferidas del cineasta.

Soon Yi-Previn (1992-hasta la actualidad): sobre musas y viajes

  • Misterioso asesinato en Manhattan (Manhattan Murder Mystery, 1993)
  • Balas sobre Broadway (Bullets over Broadway, 1994)
  • Poderosa Afrodita (Mighty Aphrodite, 1995)
  • Todos dicen I love you (Everyone says I love you, 1996)
  • Desmontando a Harry (Desconstructing Harry, 1997)
  • Celebrity (1998)
  • Acordes y desacuerdos (Sweet and Lowndown, 1999)
  • Granujas de medio pelo (Small time crooks, 2000)
  • La maldición del escorpión de Jade (The Curse of the Jade Scorpion, 2001)
  • Un final made in Hollywood (Hollywood Ending, 2002)
  • Todo lo demás (Anything else, 2003)
  • Melinda y Melinda (Melinda and Melinda, 2004)

Quizás debamos considerar la etapa posterior a Husbands and Wives como la más auténticamente alleniana. No sólo porque Allen esté ya sobradamente formado como persona y como cineasta, sino porque sus títulos posteriores carecen de una influencia constante, buena o mala, como la que tuviera de sus tres anteriores musas-parejas. Soon Yi-Previn, hija adoptiva de Mia Farrow y su relación con el compositor André Previn, no participa activamente en ninguno de sus proyectos, ni como actriz, ni como guionista, ni siquiera en breves cameos. Para cada uno de los títulos de este período tendrá que buscar a la actriz adecuada para el personaje, bien sea de comedia o dramático, la más oportuna para el tono que pretenda dar a cada película.

Así nos reencontramos con una divertida Diane Keaton en Manhattan Murder Mystery, una recuperación que el propio cineasta agradeciera en su momento, precisamente, por esa frescura y espontaneidad que aporta la actriz, a la que no se había dado cuenta había echado tanto de menos. Recupera a Diane Wiest a la que proporciona un espléndido vehículo para su lucimiento en Bullets Over Broadway, a la vez que consigue una de las más deliciosas interpretaciones de Jennifer Tilly, así como de Mira Sorvino para Mighty Aphrodite, de Tracy Ulman para Small Time Crooks, en la que nos brilla también una desternillante Elaine May —nunca jamás en la vida nadie mejor para hablar del tiempo. Cada nueva película va en una nueva dirección temática y estética en su período más fértil, menos encorsetado, donde cabe cine de época y contemporáneo, en color y el blanco y negro.

También se evidencia una evolución de sus temas y planteamientos pues si, en algunos casos, plantea las mismas cuestiones que en sus épocas anteriores, la resolución es diferente, como se puede comprobar en Anything else y después en Scoop, en las que personajes similares tienen resoluciones diferentes. Además, crece una cierta tendencia a la desaparición de su personaje, asumiendo caracteres secundarios más pequeños, o no llegando a participar, y dejando sitio para otros actores en los personajes principales. Quizás esto no deba traducirse como un cansancio, sino más bien, como la intención de seguir hablando con personajes cercanos al público mayoritario. Que envejezca él, no quiere decir que lo haga su cine.

Sobre Scarlett Johansson, otras musas y sus vacaciones de cine

  • Match Point (2005)
  • Scoop (2006)
  • El sueño de Casandra (Cassandra’s Dream, 2007)
  • Vicky Cristina Barcelona (2008)
  • Si la cosa funciona (Whatever Works, 2009)

Probablemente, la presión de convivir con una persona treinta y cinco años menor que él, le condicione para iniciar cada vez mayor actividad fuera de su adorada ciudad natal, en una serie de proyectos que le llevarán a Londres, Barcelona o, más recientemente, París.

Anjelica Huston, John Cusak —el sexo no tiene porqué llevarnos a variar el género de la palabra, así sucedía también en Alice en donde la musa de Mia Farrow era representada por Alec Baldwin—, Goldie Hawn, Judy Davis, Sean Penn, Helen Hunt, Téa Leoni, Christina Ricci, Radha Mitchell, Stockard Channing, Patricia Clarkson, Scarlett Johansson, Javier Bardem o Penélope Cruz son algunas de las musas que han favorecido los títulos de Woody Allen en estas dos últimas décadas —la de Soon Yi y las musas de celuloide—, en las que, incluso el público que no le gustaban sus etapas anteriores, se ha conciliado con un director que ha sabido evolucionar como cineasta a la vez que lo hacía como persona.

Qué duda cabe que podríamos considerar Match Point como un renacer —su película favorita de las que ha realizado hasta la fecha— en el que la relación profesional con Scarlett Johansson parece renovar la obra del neoyorquino también en Scoop, aunque pareciera eclipsada, posteriormente, por la belleza latina de Penélope Cruz y su personaje en Vicky Cristina Barcelona, título que, por otra parte, podría formar parte de otro ciclo, el del cine de vacaciones que le lleva a rodar por diferentes ciudades de Europa.

También podemos percibir su propia necesidad de renovación estética a través de la banda sonora, pues, en detrimento de su adorado jazz, recurre a la música clásica en Scoop, a la música española en Vicky Cristina Barcelona y requiere los servicios de un compositor como Philip Glass, para Cassandra’s Dream, en lo que sería su primera banda sonora original en casi treinta años.

Valorando en su justa medida todas y cada una de las etapas, ninguna parece ser, realmente, inferior a las demás, tan sólo diferente, teniendo todas sus altibajos, sus filmes mejores y peores, y las características propias de la contextualización al período en el que están realizadas. Lo que sí podemos afirmar es que no ha realizado ninguna película mala en toda su larga trayectoria, menor sí, pero mala, ninguna.

El pasado 27 de agosto se estrenaba en España su última película Conocerás al hombre de tus sueños, de la que habíamos adelantando cartel y tráiler y en la que hace gala de un nuevo reparto con el que no había participado en ninguna de su películas previas. Precisamente Woody Allen comentaba en rueda de prensa que hay mucho menos de él en sus películas de lo que la gente pueda pensar. Trabajador inagotable, tiene también proyecto nuevo, Midnight in Paris, cuyo rodaje acaba de terminar y sobre el que también estaremos atentos.

Publicado originalmente en

EXTRACINE: HPTX Cine y TV
EXTRACINE: HPTX Cine y TV
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