Arthur Penn

Fallece Arthur Penn, el cineasta de la violencia

Arthur Penn
Sidekick 2/1 – “Arthur Penn, American Auteur” — side0201–
Night Moves (1975)
Directed by Arthur Penn
Shown from left on the set: Gene Hackman, director Arthur Penn
credit: Warner Bros./Photofest

Al día siguiente de haber cumplido los 88 años de edad y rodeado de su familia, Arthur Penn fallecía en su casa de Manhattan, al martes, 28 de septiembre, a causa de una insuficiencia cardíaca, según confirmaba su hijo Matthew Penn. Director de cine, teatro y televisión, su tratamiento revolucionario del sexo y la violencia en Bonnie and Clyde (1967) transformaría la industria cinematográfica americana.

Arthur Penn trajo la sensibilidad de las películas europeas de arte y ensayo de los 60 a las cintas americanas (…). Cimentó el camino para una nueva generación de directores que llegaban desde las escuelas. (Paul Schrader)

Arthur Penn formaba parte de la denominada Generación de la Televisión, junto a Delbert Mann, John Frankenheimer, Sydney Lumet, Martin Ritt, Robert Mulligan, Franklin J. Schaffner,George Roy Hill Stuart Rosenberg. Una hornada de directores que llegaban a Hollywood tras haber triunfado en el recién nacido medio televisivo y que estaban acostumbrados a trabajar con bajos presupuesto, minimizando así los riesgos económicos tan temidos por la industria. Cineastas que, precisamente, cambian la obsoleta manera de hacer el cine clásico de Hollywood acercándose a sus personajes y contando historias verdaderas que conseguían emocionar al público a través del sentimiento. Una generación comprometida social y políticamente al haber vivido la Segunda Guerra Mundial.

Pionero de la televisión en directo en la década de los cincuenta y una potencia de Broadway en la década de los sesenta, Penn desarrolla un método íntimo y espontáneo para la dirección de actores, que permite que su trabajo alcance con efectividad medios tan diferentes como el cine, el teatro y la televisión. Una técnica que recogía tanto las influencias del famoso Método que estudiara en el Actors Studio de Nueva York, como las del discípulo rebelde de Konstantin Stanislawski, Michael Chekhov, que estudiara en Los Angeles. De hecho, en 1957 dirige para televisión la obra de William Gibson, The Miracle Worker, consiguiendo tres nominaciones a los premios Emmy, para él, para su guionista y para su actriz principal, Teresa Wright. Dos años después, realizaría la misma operación para Broadway, consiguiendo el premio Tony para él, para su guionista y para su protagonista, en esta ocasión Anne Bancroft. Hazaña que volvería a lograr para el cine.

También podríamos decir que la capacidad de Arthur Penn en  la dirección de actores cambiaría el curso de la historia americana al ser el consejero de John F. Kennedy en le primer debate político televisado en el que le dijera que debía mirar directamente a cámara y realizara sus respuestas de manera breve y concisa, contribuyendo a dotar al candidato de un aura de seguridad y calma que contrastaba con la de su inseguro contrincante, Richard Nixon.

Realiza su debut cinematográfico con al película El zurdo (The Left-Handed Gun, 1958), un western basado en una obra para televisión de Gore Vidal, adaptada para el cine por Leslie Stevens, y que ya contiene una de las señas de identidad de Arthur Penn: la violencia, tratando de explorar la psicología de un personaje atormentado como Billy el Niño, interpretado por un joven Paul Newman.

A esta le sigue uno de sus primeros éxitos, The miracle worker”, una historia igualmente violenta si entendemos que Anna Sullivan es un ser tan primitivo como era el pistolero, dado que ambos se movían por instinto. Habiendo llevado la misma historia a la televisión y el teatro, supo adaptarla y transformarla para el cine, consiguiendo una nominación para él mismo como director y obteniendo Anne Bancroft y Patty Duke, sendos Oscar a la Mejor Actriz, la primera, y a la Mejor Actriz Secundaria, la segunda.

En Acosado (Mickey One, 1965), debut cinematográfico de Warren Beatty, insiste en la lucha contra la hostilidad del medio a través de un hombre perseguido por el mundo marginal de los bares y cabarets de Nueva York, en lo que parece un ensayo de su siguiente título. La jauría humana (The chase, 1966) es un estupendo análisis de una pequeña comunidad de Texas en el que la violencia se desata de forma colectiva, advirtiéndonos que la esencia de los primitivos colonos sigue impregnada en el carácter del americano. La película incluye interpretaciones memorables como las de Marlon Brando, Jane Fonda, Robert Redford y Angie Dickinson, aunque el resultado fue un poco agridulce parar el director, dado que su trabajo fue re-editado por orden del productor, Sam Spiegel.

Sería Warren Beatty, productor a su vez de Bonnie and Clyde, quien convencería a Penn para dirigir la película con la que conseguiría su segunda nominación al Oscar. Con esta balada de exaltación romántica, plantaba cara a la férrea censura impuesta por el Código Hays desde los años treinta, no sólo por mostrar un sexualidad implícita como la primera secuencia en la que vemos a Bonnie (Faye Dunaway) poseída por un impulso sexual irrefrenable que le lleva a masturbarse en su cama o cuando coge el arma de Clyde (Warren Beatty) en un simbolismo inequívoco del miembro viril; sino por su uso de una violencia que estalla en la cara del espectador (literalmente) cuando se muestra en un mismo plano un arma de fuego y el efecto que causa su uso: la muerte del cajero de un banco, algo que anteriormente sólo se podía mostrar en dos planos diferentes.

Basada en la historia de dos gángsteres de los años treinta, la película se había concebido por sus dos guionistas, Robert Benton y David Newman, como un homenaje a la sensibilidad rebelde y estilo perturbador de películas de la Nouvelle Vague francesa como Tirad sobre la pianista (Tirez sur le pianiste, 1960, François Truffaut) y Al final de la escapada (À bout the souffle, 1960, Jean-Luc Godard). Francis Ford Coppola confesaría que la muerte de Sonny Corleone (James Caan) en El padrino (The godfather, 1972) no habría sido posible sin el dramático e impactante final de la película con Bonnie y Clyde siendo acribillados a cámara lenta. Una secuencia cuyos ecos también podemos escuchar en las películas de Sam Peckinpah, particularmente en Grupo salvaje (The wild bunch, 1969). Asimismo, pocas dudas me caben sobre la influencia de sus protagonistas como precursores de otras parejas de criminales como las que viéramos en Los asesinos de la luna de miel (The honeymoon killers, 1969, Leonard Kastle), Malas tierras (Badlands, 1973, Terrence Malick), Corazón salvaje (Wild at heart, 1990, David Lynch), Amor a quemarropa (True romance,1993, Tony Scott) o Asesinos natos (Natural born killers, 1994, Oliver Stone).

Después de este impresionante éxito Arthur Penn estaba en posición de escoger sus proyectos, pero en lugar de inclinarse por los grandes presupuestos del cine de Hollywood, decide hacer un filme pequeño y personal, muy del espíritu de lo que después sería en cine americano independiente que emergería después. Si los títulos anteriores tienen implícita una postura crítica hacia la cultura norteamericana, con El restaurante de Alicia (Alice’s Restaurant, 1969) la autocrítica se hace explícita, pero sin violencia y adelantando también las consignas la contracultura representada posteriormente por el cine underground y por la nueva moral hippie. Conseguiría su tercera nominación al Oscar al Mejor Director.

Asimismo, fue uno de los primeros directores que ofrecieron una versión diferente de la conquista del Oeste, tal y como sucede en Pequeño gran hombre (Little Big Man, 1970), en la que la figura del General Custer se muestra como responsable del genocidio del pueblo indio. Por contraste, pareciera que el cineasta perdiera momentáneamente su camino al enfrentarse a una ambiciosa película épica que, en cualquier caso, consigue un considerable éxito comercial que permite a los estudios realizar varias secuelas.

Si bien en sus inicios Arthur Penn había sabido conectar con el público joven, al entrar en la década de los setenta, estos jóvenes se habían hecho adultos y las propuestas de Arthur Penn no interesan a las nuevas generaciones que se vuelcan con los cineastas del Nuevo Hollywood, por lo que Arthur Penn se refugia en Broadway, retomando una interesante carrera teatral que había ido alternando a lo largo de su carrera cinematográfica. Periódicamente volvería al cine con películas modestas como La noche se mueve (Night moves, 1975), Missouri (The Missouri Breaks, 1976), Georgia (Four friends, 1981), Agente doble en Berlín (Target,1985), Muerte en el invierno (Dead of winter, 1987) o Dos chiflados en apuros (Penn & Teller get killed, 1989), retornando en las últimas décadas su trabajo en la televisión.

En 1998 el Festival de San Sebastián le rinde tributo con una retrospectiva, y en 2007 recibe un Oso de Oro Honorario en el Festival de Berlín. Sin duda alguna, uno de los mejores cineastas de la generación de la televisión y uno de los más influyentes del cine americano, quizás por ello se le incluyera en la película que conmemorara los 100 años del cine, Lumière et compagnie, con cuyo fragmento despedimos este obituario.

Publicado originalmente en

EXTRACINE: HPTX Cine y TV
EXTRACINE: HPTX Cine y TV
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