Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas

Título original: Long Boonmee raleuk chat

Año: 2010
País: Thailandia, Reino Unido, Francia, Alemania, España & Holanda

Dirección: Apichatpong Weerasethakul
Guión: Apichatpong Weerasethakul
Producción: Simon Field, Keith Griffiths & Apichatpong Weerasethakul
Fotografía: Yukontorn Mingmongkon & Sayombhu Mukdeeprom
Montaje: Lee Chatametikool
Diseño de producción: Akekarat Homlaor
Vestuario: Chatchai Chaiyon
Reparto: Sakda Kaewbuadee, Matthieu Ly, Vien Pimdee, Jenjira Pongpas, Thanapat Saisaymar…

preparación para el último viaje


La primera duda que me asalta tras concluir la proyección de Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasada —a la que me referiré de aquí en adelante como Uncle Boonmee—-, es si Tim Burton, presidente del jurado del pasado Festival de Cannes de este mismo año, viera realmente la película a la que otorgara la Palma de Oro.

Merecedora también del premio de la crítica en el Festival de Sitges, además de tener posibilidades tanto de nominación a los Oscar como a los Goya, la propuesta de Apitchatpong Weerasethakul se decanta claramente por la necesidad del retorno al entorno rural para que el ser humano pueda encontrar la paz espiritual, en oposición a la ciudad en la que el individuo acaba alienado por el supuesto confort que impone la sociedad de consumo.

Boonme (Thanapat Saisaymar) se reencuentra con los fantasmas de su pasado, más que con sus vidas pasadas, que le guían en el momento en el que debe iniciar su viaje al más allá. Antes de comenzar su periplo, reflexiona sobre el origen de la vida, un misterio que sólo alcanza cuando se reencuentra con la naturaleza, con la tierra, con el nacimiento representado en una cueva penetrada en el corazón de la montaña, como si de un útero se tratara, en un peregrinaje similar al del salmón río arriba.

Lo que está claro es que Víctor Erice, miembro del mismo jurado, sí disfrutó de una película muy cercana a su universo artístico, repleta de bellas imágenes metafóricas, cargadas de un fuerte simbolismo que aunque el público occidental no alcance a descifrar del todo, sí puede intuir su significado. Estéticamente, las imágenes de Uncle Boonmee, más que moverse, debería decir que permanecen estáticas dentro de los parámetros de esa tradición tan asiática, rota sólo en la maravillosa secuencia de la princesa, en la que la cámara fluye al compás de los personajes, el agua y los peces —-que podría haber sido la secuencia seductora de Burton.

Tampoco está de más mencionar que la película no es apta para todos los públicos, y no me refiero a las edades, sino a los que pudieran esperar un tipo de cine como el de Kim Ki-Duk, Hayao Miyazaki o Akira Kurosawa. No se confundan. Pues aunque por temática podría recordar alguna de las obras de estos cineastas, su manera de narrar está más en la onda de otros como Satyajit Ray o Kenji Mizoguchi, así como en la misma línea que, precisamente, Víctor Erice, Theo Angelopoulos o Abbas Kiarostami.
 
Avisados quedan todos.
 
Publicado originalmente en EXTRACINE
 
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