Enredados

Título original: Tangled
Año: 2010
País: EE.UU.
Dirección: Nathan Greno & Byron Howard
Guión: Dan Fogelman, basado en el cuento de Jacob Grimm & Wilhelm Grimm
Producción: Roy Conli
Música: Alan Menken
Diseño de producción: Douglas Rogers
Dirección artística: Dan Cooper & David Goetz
Reparto: Mandy Moore, Zachary Levi, Donna Murphy, Ron Perlman, M.C. Gainey, Jeffrey Tambor, Brad Garett, Paul F. Tompkins, Richard Kiel, Denaly Rode Stein, Nathan Greno, Byron Howard, Tim Mertens…

la rebelión de la virgen suicida

La última apuesta de Disney, Tangled, es una adaptación de uno de los cuentos más populares de los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm, customizado y adaptado para colmar las exigencias del público infantil (y adulto) contemporáneo que ya no parece estar dispuesto a digerir un cuento de hadas a la manera tradicional.
Probablemente influyan mucho en esta renovación el guionista, Dan Fogelman, que fuera uno de los dieciséis guionistas que aportaran ideas a Cars (2006, John Lasseter & Joe Ranft) y que también fuera uno de los artífices del guión de Bolt (2008, Byron Howard & Chris Williams), uno de los primeros títulos Disney que trataran de asimilar el estilo Pixar, y que precisamente tuviera como uno de sus co-directores a Byron Howard, que dirigiera aquella junto a Chris Williams, y este Tangled, junto al debutante Nathan Greno.
Esta renovación, que lleva a algunos a afirmar que vuelve Disney, aporta un aspecto interesante a las aventuras de Rapunzel (Mandy Moore) y Flynn Ryder (Zachary Levi), que hacen de Tangled una película francamente divertida y emocionante, lo que complica mucho a los académicos la elección de sólo tres películas en la categoría de Mejor Animación para los Oscar. Lástima que se empeñen en incluir los típicos números musicales, seña de identidad de la casa, y que salvo el número de los criminales en la posada de pintorésco nombre, son absolutamente prescindibles —-lo que no quita para que pueda conseguir su nominación a la Mejor Canción—-, así como los toques excesivamente almibarados, sobre todo en la parte final.
Si bien el personaje de la falsa madre (Donna Murphy) que ha secuestrado a Rapunzel tiene una presentación interesante y a la altura de otras malas Disney, su personaje se diluye a medida que avanza la acción, quedando relegado a una caricatura con una fuerte influencia de una mala previa, aunque físicamente muy diferente, aquella inolvidable Ursula (Pat Carroll) de La sirenita (The Little Mermaid, Ron Clements & John Musker), de la que algunos números musicales son también deudores, aunque eso podría explicarse porque comparten el mismo compositor, Alan Menken.
En cualquier caso, este personaje está muy bien aprovechado para realizar una crítica sobre una enfermedad que se está incrementando peligrosamente en Hollywood: el culto al bisturí, tan practicado por numerosas estrellas, de ambos sexos. ¿Cómo no se les ha ocurrido contar con Nikole Kidman o la mismísima Cher, —-con la que ¿no dirían que guarda un cierto parecido?—- para poner voz al personaje?
De paso, y aunque no sea realmente su madre, Tangled parece querer denunciar a esas madres sobre protectoras en una metonímia que deja entrever que no es lo mismo el amor de madre, que el miedo a la pérdida, en la película del elixir de la juventud y en la vida cotidiana de los hijos. Este recurso delata que la práctica obsesiva por proteger a toda costa a un hijo no esconde más que un problema de egoísmo por parte de este tipo de madres y padres.

Asimismo, en la otra cara de la moneda y en un sorprendente atrevimiento para la mojigatería de la factoría Disney, Rapunzel reivindica la necesidad de la ruptura del cascarón para alcanzar la edad adulta y culminar la formación de la personalidad del individuo. Aunque ello suponga la ruptura familiar, pero en beneficio de la felicidad de uno mismo, y eso no es egoísmo, sino autoestima. De hecho, Rapunzel sí se muestra apenada por el paso que da, aunque sabe que tiene que hacerlo.

En la línea tradicional, ya no de Disney, sino de la mayoría de películas animadas, encontramos dos espléndidos usos de prosopopeya, en dos personajes que acaban por convertirse en lo más conseguido de la película: el camaleón y el caballo, que sin hablar, proporcionan algunos de los mejores momentos de Tangled.

Publicado originalmente en EXTRACINE

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