Confieso: no soporto «Slumdog millionaire» ni las corrientes colectivas

Cuando se estrenó Slumdog millionaire en España, ya se había convertido en la película que había que ir a ver. Era obligatoria. Me tocó discutir con algunas personas de mi entorno ante mi rotunda negativa no ya a ver esa película, sino cualquiera que estuviera dirigida por el inglés Danny Boyle. Cineasta posmoderno, a la vez que moderno de pacotilla y hasta de alguna manera futurista me atrevería a decir por el desmesurado uso del movimiento, más que otra cosa, que diseña su película a partir de un tema musical preseleccionado para una determinada secuencia, en lugar de buscar un montaje apropiado para transmitir una idea concreta al espectador. Debo decir antes de adentrarme en mi absolutamente personal y subjetivo repaso a la obra de este hijo de la Gran Bretaña, que mi decisión no fue fruto de un capricho pasajero, sino de toda una meditada determinación de no volver a malgastar mi tiempo en una película del autor de bodrios tan monumentales como Una historia diferente (A life less ordinary, 1997, Reino Unido) y La playa (The beach, 2000, Reino Unido & EE.UU.).

Danny Boyle nos sorprende y obsequia con un debut prometedor, presagiado por los ritmos de la mítica banda electrónica Letfield, en Tumba abierta (Shallow grave, 1994, Reino Unido). Amplía y supera las expectativas en la urbana y magistral Trainspotting (1996, Reino Unido), dotada de una banda sonora vibrante y brillante que, no sólo sincroniza a la perfección (y por una vez) los aspectos visuales con los sonoros, sino que logra alzar la música electrónica de las salas de baile más underground a los primeros puestos de la lista de los 40 principales. Asimismo, la cinta, el libro y su banda sonora elevan a director, actores, guionistas y hasta el mismísimo autor de la novela, al olimpo de los modernos de pro, de culto y de lo que haga falta. Quizás yo también había sucumbido a las corrientes colectivas que arrastraban todo el mundo a alabar su segunda película, lo que me llevo a la decepción de Una historia diferente. Pareciera como si Danny Boyle ya se hubiera creído fundador de un género cinematográfico en el que confunde libertad creativa con una trama ridícula, dotada de un sentido del humor grotesco, y que además cuenta con una de las peores interpretaciones de Ewan McGregor, desperdiciando actrices del nivel de Cameron Diaz o Holly Hunter.

Poco después llega mi confirmación con La playa, su primera (y única) película realmente estadounidense, que además de contar con la estrella del momento, Leonardo DiCaprio, no consigue gustar a casi nadie ¿otra vez corriente colectiva, pero en negativo? Ni aún a pesar de contar con otra espectacular banda sonora que combina algunos de los mejores temas musicales de música electrónica de la época, con los más horteras —todo hay que decirlo—, pero que incluye la inestimable aportación de un compositor como Angelo Balamenti. En La playa, Boyle desperdicia a otra musa, más que actriz, como Tilda Swinton en un personaje tan absurdo como desfasado, siendo un auténtico testimonio de que no se puede hacer una película en función de tu favorita: Apocalypse now (Francis Ford Coppola, 1979, EE.UU.).

Y aquí puse lo que yo creía que era en ese momento un punto y final, que luego resultó ser un punto y aparte. No fue la colección de premios Oscar que la película se llevó a casa, sino el hecho de que un año después, y pasada esa fiebre colectiva, la Academia española vuelve a premiar su película frente a contrincantes tan interesantes como La clase (Entre les mursLaurent Cantet, 2008, Francia) o, sobre todo, Déjame entrar (Låt den rätte komma in, Tomas Alfredson, 2008, Suecia). Por lo que me asaltó una duda: ¿y si el equivocado soy yo? Ni corto ni perezoso me fui al video-club y alquilé todas sus películas, desde 28 días después hasta Slumdog Millionaire, y me dispuse a darme todo un maratón de cine made in Danny Boyle.

Mi primera sorpresa fue, evidentemente, encontrarme con un filme tan interesante como 28 Days Later, que tras una dudosa inverosímil secuencia inicial, consigue captar toda mi atención en cuanto entra en escena el personaje de Cillian Murphy. Realmente me parece que Boyle se ciñe a la historia que está contando, sin florituras, ni fisuras, ni entretenimientos sonoros. Pero no fue más que un resplandor en la oscuridad, porque Millions y Sunshine son dos películas absolutamente prescindibles y poco, o nada, recomendables, que ni siquiera voy a entrar a comentar por no hacer el esfuerzo de recordarlas.

Visto lo visto, me quedaban dos opciones, o que Slumdog Millionaire retomara el espíritu de 28 Days Later y sus dos primeras películas o que el cineasta pereciera para siempre, por lo menos para mí. Pero más que un retrato de la sociedad hindi contemporánea, su película de 2008 me parece una caricatura. Una visión que se corresponde más con la de un antiguo colonizador que con la auténtica realidad hindi, pues a pesar de que muchos momentos puedan realmente coincidir con la realidad, me parece que están retratados con una descarada superficialidad. A mi memoria asaltaban las películas de Mira Nair, particularmente Salaam Bombay, que precisamente ya retratara en 1988 las miserias de los niños de Bombay. Igual es que las mujeres ven la realidad de otra manera, particularmente si son nativas, pero el caso es que justamente sería otra mujer, Deepa Metha, la que se atrevería a contar, con mucha responsabilidad, una dura realidad de algunas mujeres de la India en Water.

Puede que algunos piensen que soy un exagerado, que la película no era más que un entretenimiento simpático, pero es que a mi, además me pareció inverosímil, ya no por la famosa pregunta final que, más que de un concurso para hacerse millonario, parece un juego para niños, sino porque todo en Slumdog Millionaire me parece excesivamente exagerado y rebuscado, buscando impresionar, más que emocionar. Y todo esto me parece superficial porque en el fondo del relato, en la premisa de la película, es donde se encuentra lo que más me molesta y es que defiende la idea de que cada uno de los acontecimientos de la vida del protagonista es una pista para responder correctamente las preguntas que le formulan, consiguiendo lo que parece ser su destino. Lo cual me lleva a una breve reflexión: el destino de los demás es pudrirse en la más absoluta miseria. Es el destino. Ya imagino que mi elección no será muy popular y me dirán aquello de que está avalada con ocho premios Oscar y tal. Sí claro, pero si me pongo a realizar la lista de las películas con Oscar que no soporto, tendría para un buen rato. Conste que luego vi 127 horas, y no sirvió de nada, por lo que no me queda más remedio que reconocer que, no es que no soporte Slumdog Millionaire, es que no soporto a Danny Boyle.

Publicado originalmente en

EXTRACINE: HPTX Cine y TV
EXTRACINE: HPTX Cine y TV
Anuncios

Un comentario en “Confieso: no soporto «Slumdog millionaire» ni las corrientes colectivas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s