Tokio Blues (Norwegian Wood)

Título original: Noruwei no mori
Año: 2010
País: Japón

Dirección: Tran Anh Hung
Guión: Tran Anh Hung, basado en una novela de Haruki Murakami
Producción: Shinji Ogawa
Fotografía: Ping Bin Lee
Música: Jonny Greenwood
Montaje: Mario Battistel
Diseño de producción: Norifumi Ataka y Tran Nu Yên-Khê
Decorados: Tetsuya Nomura & Ayaki Takagi 
Vestuario: Tran Nu Yên-Khê
Reparto: Rinko Kikuchi, Ken’ichi Mastsuyama, Kiko Mizuhara, Tetsuji Tamayama, Kengo Kôra, Reika Kirishima, Eriko Hatsune, Eriko Hatsune, Shigesato Itoi, Tokio Emoto, Harumi Hosono, Takao Handa, Tusuke, Yukihiro Takahashi, Yuki Ito, Mayoko Sugisawa, Kentaro Tamura, Kohei Yoshino… 

amores que duelen

Tran Anh Hung consigue con Noruwei no mori (Norwegian Wood) una película tan delicada como dolorosa, particularmente para aquellos que hayan tenido en su vida alguna experiencia sentimental con personas heridas como Naoko (Rinko Kikuchi), o que entiendan el vínculo de responsabilidad que se puede llegar a establecer con personas que no son capaces (o no quieran) superar los golpes emocionales por sí mismas.

No voy a establecer ninguna relación con la novela de Haruki Murakami en la que se basa, pues considero realmente que el cine y la literatura son lenguajes completamente diferentes. Tal vez señalar que el cineasta vietnamita cuenta su historia de manera lineal, sin salto al pasado, haciendo más intenso para el espectador —-si cabe—- un viaje que en la película no sabe cómo va a terminar, particularmente si no has leído la novela. En mi caso lo encuentro un acierto, pues el final de la película marcaría el inicio perfecto para abordar entonces la lectura de la novela, con ese retorno al pasado, cerrando el círculo emocional en el que permanecen apresados sus protagonistas.

Y hablando de círculos, no me parece nada descabellado apuntar la influencia, probablemente primero de Murakami sobre Julio Medem, pero indudablemente después del cineasta español sobre Tran Anh Hung, pues ese momento en que Toru se reencuentra con Naoko en un parque de Tokio y el recorrido de su mano por la barandilla, me recuerda mucho al primer encuentro de Lisa (Emma Suárez) con Jota (Nancho Novo) en La ardilla roja (1993), así como el duelo que sufre Toru, me remite al que viviera Otto (Fele Martínez) en Los amantes del círculo polar (1998).

Círculos y referencias aparte, lo cierto es que Tran Anh Hung se mantiene fiel a su propio estilo. Ese intimísimo preciosista y delicado que le caracteriza a través de filmes como El olor de la papaya verde (Mùi du du xanh, 1993) o Cyclo (1995), en las que pareciendo que la posición de la cámara fuera totalmente fortuita, acaba consiguiendo planos espectaculares gracias a una desbordada sensibilidad. En el caso de Noruwei no moru (Norwegian Wood) la espectacularidad visual no sólo viene dada del magnífico trabajo de fotografía de Ping Bin Lee, que ya trabajara con el cineasta vietnamita en Pleno verano (Mua he chieu thang duna, 2000) —-además de ser el responsable de uno de los títulos míticos del cine made in Hong Kong como Deseando amar (Fa yeung ninfa (In the Mood for Love), 2000, Wong Kar Wai)—-, sino por la ubicación de sus personajes, la mayor parte de las secuencias, en entornos naturales. Asimismo, consigue un interesante contraste psicológico al pasar de una naturaleza exuberante en la que los personajes se pierden en la inmensidad, a unos interiores cerrados y reducidos que les oprimen de la misma manera que sus lazos con el pasado. Es interesante destacar una efectiva banda sonora que oscila entre el tema de The Beatles que da el nombre a la película, las canciones de la banda alemana Can y la orgánica y atormentada partitura compuesta por Jonny Greenwood, guitarrista de la mítica banda Radiohead.

Por último, aunque la mayor parte del peso recae en el personaje interpretado por Ken’ichi Matsuyama, es imposible pasar por alto las interpretaciones de los cuatro personajes femeninos principales: la debutante Kiko Mizuhara que interpreta a Midori, la paciente novia de Toru; Eriko Hatsune que interpreta a la auto-engañada novia del compañero de habitación de Toru; Reika Kirishima que hace el papel de Reiko Ishida, la observadora de Naoko en su reclusión psiquiátrica; y, sobre todo, la majestuosa interpretación de Rinko Kikuchi, que ya fuera nominada a un Oscar por su interpretación en Babel (2006, Alejandro González Iñçarritu), y que, en su retrato de Naoko, consigue que percibamos a la perfección las cicatrices abiertas que le dejara la relación y suicidio de Kizuki, huyendo de exageraciones y estereotipos y logrando que entendamos un sufrimiento que no es capaz de superar, que no le permite abordar una nueva relación, que no le deja vivir.

Publicado originalmente en EXTRACINE

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