Conan, el bárbaro

Título original: Conan the barbarian
Año: 2011
País: EE. UU. 

Dirección: Marcus Nispel
Guión: Thomas Dean Donnelly, Joshua Oppenheimer & Sean Hood, basado en el personaje creado por Robert E. Howard
Producción: John Baldecchi, Boaz Davidson, Randall emmett, Joe Gatta, Avi Lerner, Danny Lerner, Fredrik malmberg & Les Weldon
Fotografía: Thomas Kloss
Música: Tyler Bates
Montaje: Ken Blackwell
Diseño de producción: Chris August
Dirección artística: James Steuart
Decorados: Judy Farr & Dimiter petkov
Vestuario: Wendy Partridge
Reparto: Jason Momoa, Stphen Lang, Rachel Nichols, Ron Perlman, Rose McGowan, Bob Sapp, Leo Howard, Steven O’Doneell, Nonso Anozie, Raad Rawi, Laila Rouass, Saïd Taghmaoui, Milton Welsh, Borislav Iliev, Nathan Jones, Diana Lyubenova, Yoan Karamfilov, Raicho Vasilev, Stanimir Stamatov, Nikolay stanoev, Ivana Staneva, Alina Puscau, Zlatka Raikova, Anton Trendafilov, Aysun Aptulova, Daniel Rashev, Jackson Spidell, Guillermo Grispo, Radoslav Parvanov, Teodora Duhovnikova, Shelly Varod, Tezdjan Ahmedova, Uliana Vin, Yoanna Tenelkova, Nadia Konakchieva, Petya Mlluseva, Ruslana Kaneva, Gloria Petkova, Zdravka Krastenyakova, Stanislav Pishtalov, Velimer Velev, Eric Laciste, Brian Andrew Mendoza, Nuo Sun Kim Do, Bashar Rahal, Gisella Marengo, Yoana Petrova, Vladimir Vladimirov, Sam Hargrave, Katarzyna Wolejnio, David Mason Chlopecki, Alexandrina Vladova, Guerguina Illeva, Stefka Berova, Vangelitsa Karadjova, Blagovesta Cakova, Svetlana Vasileva, Zornitsa Stoicheva, Zhenia Zheleva, Nikol Vasileva, Adriana Kalcheva… 

nació por cesárea

En una de las películas más curiosas y personales de Woody Allen, Recerdos (Stardust Memories, 1980), en la que interpretaba a un cineasta en crisis, se le acercaba un curioso que además de pedirle un autógrafo, queriendo llamar su atención sobre su existencia, y como única seña de identidad que le diferenciase del resto de los humanos, le proclamaba que había nacido por cesárea. Y ese es, desde mi punto de vista, la marca de identidad de la película de Marcus Nispel, Conan the Barbarian.

Si vas a ver Conan the Barbarian esperando un producto de entretenimiento, durante algo más de hora y media, es posible que esta sea tu película. No te digo que no. Pero debo advertirte que es un producto efímero que sólo podrás saborear mientras las luces del cine estén apagadas y que se te olvidará una vez abandones la sala de proyección. Si por el contrario buscas una película que además de servirte de evasión te cuente una historia interesante a través de unos personajes bien construidos, te has equivocado de sala al comprar tu entrada.

Más que una película, Marcus Nispel parece ofrecernos el primer episodio de lo que, no cabe ni la menor duda, piensa convertir en una franquicia (esta palabra va camino de convertirse en sinónimo de baja calidad). No es que la psicología de sus personajes esté mal trazada ni que las acciones que van a ir ensamblando la trama de la película sean más o menos interesantes, es que da la impresión de que tiene demasiada prisa por contarlo todo. Lo que no se traduce en una película frenética, con un ritmo trepidante, sino en un batiburrillo de secuencias de acción que, apoyadas en un infantil estereotipo del bien y del mal, impiden la crear el mínimo vínculo con unos personajes que al final, te da lo mismo si viven o mueren.

Si las aptitudes de Jason Momoa (sean cuales sean), le han debido servir para prosperar en series de televisión como Los vigilantes de la playa en Hawai (Baywatch, 1989-2011), Stargate: Atlantis (2004-2009) o Juego de tronos (Game of Thrones, 2011), está claro que no funcionan de la misma manera en un largometraje cinematográfico, aunque sea Conan the Barbarian. Quizás la única presencia relevante sea la breve aparición de Ron Perlman como Corin, el padre de Conan, que es el único personaje de toda la película por el que, al menos un servidor, llega a sentir alguna emoción. De la banda sonora, mejor ni comento.

Y todo esto hablando por sí misma, porque no os cuento si encima la comparamos con su predecesora, de la que para habernos vendido que se alejaba, guarda demasiadas similitudes visuales aunque ninguna narrativa. Si el guión que escribieran John Milius junto a Oliver Stone era capaz de transmitir la evolución de la personalidad de Conan a través de sencillas elipsis, así como de transportarnos a un mundo mágico y fascinante, el que escribe el trío formado por Thomas Dean Donnelly, Joshua Oppenheimer y Sean Hood, tan sólo consigue enlazar una secuencia con otra para que la narración tenga sentido, no viendo en ningún momento cómo Conan asimila las enseñanzas de su padre —lo que me lleva a deducir que los guionistas tienen la misma prisa en desarrollar sus personajes como su director en contar la historia—, y más que con magia, lo hacen con trucos de prestidigitadores de medio pelo.

Y de la banda sonora, mejor ni comento.

Publicado originalmente en EXTRACINE


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2 comentarios en “Conan, el bárbaro

  1. Ignatius: No he visto la película pero debo decirte que con mucho orgullo mi hijo trabaja en ella y verás cual es su perfil y curricula buscando en Google: Guillermo A. Grispo

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