Quiero matar a mi jefe

Título original: Horrible Bosses
Año: 2011
País: EE. UU.

Dirección: Seth Gordon
Guión: Michael Markowitz, John Francis Daley & Jonathan M. Goldstein
Producción: Brett Ratner & Jay Stern 
Fotografía: David Hennings
Música: Christopher Lennertz
Montaje: Peter Teschner
Diseño de producción: Shepherd Frankel
Dirección artística: Jay Pelissier
Decorados: Jan Pascale
Vestuario: Carol Ramsey
Reparto: Jason Bateman, P.J. Byrne, Steve Wiebe, Kevin Spacey, Charlie Day, Lindsay Sloane, Michael Albala, jennifer Aniston, Jason Sudeikis, Reginald Ballard, George Back, Barry Livingston, Meghan Markle, Donald Sutherland,Celia Finkelstein, Colin Farrell, John Francis Daley, Scott Rosendall, Dave Sheridan, Ioan Gruffudd, Brian George, Chad Coleman, Jamie Foxx, Diana Toshiko, Carla Maria Cadotte, Peter Breitmayer, Julie Bowen, Isaiah Mustafa, Wendell Pierce, Ron White, Jimm Giannini, Dawn Frances, Andrew Lukich, Bob Newhart, Seth Gordon… 

cómo matar al espectador (de cine)

Es posible que la relativa solidificación de la campaña de promoción de Horrible Bosses, la comedia disparatada dirigida por Seth Gordon, me haya hecho creer que iba a ver otro tipo de comedia, que no otro tipo de disparates. Pero lo cierto es que, aunque la película tiene sus grandes momentos, salvado el inconveniente de la verosimilitud, podría haber llegado a ser una curiosa comedia, si no fuera porque llegados a un punto ninguno de los tres guionistas de la película, Michael Markowitz, John Francis Daley y Jonathan M. Goldstein, no sabían realmente por dónde seguir.

Sin entrar a fondo en la cuestión de la verosimilitud, tan sólo quisiera constatar mi preocupación por el planteamiento de los tres personajes principales con los que se supone nos tenemos que identificar: tres trabajadores que se consideran perdedores, precisamente porque tienen un trabajo, que constituye para ellos una carga debido al planteamiento erróneo de que para alcanzar el puesto que consideras que te mereces tienes que lamerle el culo a tu jefe a toda costa. ¿Perdón? Si ese es el sueño americano, por favor, quédenselo. Porque puede que un servidor no esté de acuerdo con la conducta del jefe de Nick (Jason Bateman), pero considero que tiene toda la razón del mundo al no darle el puesto que le había prometido. No se lo merece. Es más, yo le despediría, ¿para qué quieres un parásito en tu compañía?

Es algo que me preocupa, pero no me quita el sueño porque, tanto este planteamiento como el de las otras dos historias que van a servir de catalizador para el argumento deseado, plantear una serie de situaciones en las que estos tres papanatas tratan de matar a sus respectivos jefes, no corresponde a ninguna realidad —aunque alguno lo hayamos pensado más de una vez. Quizás lo que me moleste sean los delirios de grandeza de estos tres guionistas (que no de los personajes que, al fin y al cabo, me caen bastante simpáticos), que se atrevan a citar una de las obras magnas de Fiódor Dostoyevski, Crimen y castigo, o que recurran a los planteamientos de Patricia Highsmith en su fabulosa primera novela que fuera llevada a la pantalla por Alfred Hitchcock, Estraños en un tren (Strangers on a Train, 1951), para después ser fruto de una revisión en una (esta sí) divertida película que dirigiera Danny DeVito, Tira a mamá del tren (Throw Momma from the Train, 1987).

Estas no serán las únicas citas, de la película, pero son las que más me molestan, más que nada porque evidencian el carácter de producto de la película. Quiero decir que me imagino a los tres guionistas discutiendo delante de un café: “¿y si hacemos “Strangers on a Train” pero en lugar de matar a su mujer que sea matar a su madre?”, y el otro dice “esa ya esta hecha, la hizo Danny DeVito”, a lo que el tercero llega con la idea brillante: “¿Y si es a su jefe?”. Vale, pero que sean tres en lugar de dos, más que nada porque ya hay otra en la que quieren matar a su jefe.

Conste que como he dicho, la película tiene situaciones realmente divertidas, casi más que por el planteamiento de las bromas, por la capacidad de sus protagonistas para sacarlas adelante, del lado de los trabajadores es impecable el trabajo de Jason Bateman, Charlie Day y Jason Sudeikis, pero debo decir que en sector de los jefes, Jennifer Aniston luce cual lámpara de cristal de bohemia, mientras que Kevin Spacey se ve un tanto sobreactuado —como nos tiene acostumbrados—, y Colin Farrell bastante desganado —como le sucede cuando no está bien dirigido. Jamie Foxx está perfecto.

Si hasta la mitad de la película las situaciones se sostienen, llegados al punto en que las situaciones se desbordan, también lo hace la película, para acabar siendo más un telefilme propio de un pase televisivo que de una sesión de cine, como demuestran las falsas tomas falsas que cierran la película, más propias del show de Benny Hill que de otra cosa, con todos mis respetos hacia el show de Benny Hill, que me encanta siempre que lo reponen en la televisión.

Publicado originalmente en EXTRACINE

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