Albert Nobbs

Título original: Albert Nobbs

Año: 2011
País: Irlanda & Reino Unido

Dirección: Rodrigo García
Guión: Glenn Close, John Banville, & Gabriella Prekop, basado en el relato de George Moore
Producción: Glenn Close, Bonnie Curtis, Julie Lynn & Alan Moloney 
Fotografía: Michael McDonough
Música: Brian Byrne
Diseño de producción: Patrizia von Brandenstein
Dirección artística: Susie Cullen
Decorados: Jenny Oman
Vestuario: Pierre-Yves Gayraud
Reparto: Jonathan Rhys Meyers, Aaron Johnson, Mia Wasikowska, Glenn Close, Brendan Gleeson, Janet McTeer, Mark Williams, Maria Doyle Kennedy, Brenda Fricker, Pauline Collins, Bronagh Gallagher, John Light, Antonia Campbell-Hughes, Phoebe Waller-Bridge, Annie Starke, Emerald Fennell, Kenneth Collard, Serena Brabazon, Jillian Reid, Kathleen Warner Yeates, Michael Hough, Daniel Costello, Jason Kiernan, Ben Connolly, Kevin Fisher… 

cuando el género no importa

Rodrigo García ha desarrollado la mayor parte de su filmografía en torno al universo femenino, desde Things You Can Tell Just by Looking at Her hasta Mother and Child, pasando por Nine Lives. En su recorrido nos hemos encontrado con personajes heridos o castigados por sus circunstancias, pero siempre se trata de mujeres fuertes, dispuestas a entender y asimilar lo que les sucede, preparadas para afrontar el futuro. Estas mismas características las podemos apreciar en los personajes de Albert Nobbs, una película que protagoniza Glenn Close y en la que la actriz tiene tanto peso como el director, no sólo por que sea la protagonista, sino porque también la produce, además de participar en la adaptación, junto a John Banville, de la obra original que ella misma representara en los años ochenta.

El discurso de Albert Nobbs no se centra ni en un hombre ni en una mujer, sino en una persona que se siente sola. La abrumadora soledad que le embriaga trasciende tanto su género como su opción sexual en lo que se erige como la mejor defensa de la ausencia de género, puesto que sea hombre o mujer, Albert Nobbs se siente sólo, y sea cual sea su condición sexual, tan sólo pretende formar una familia. La fuerza del personaje que Glenn Close interpreta a las mil maravillas, no está en que es una mujer que se hace pasar por hombre, sino en que se trata de una persona que ha vivido tanto tiempo bajo la condición masculina, que ha llegado a asimilar de tal manera el comportamiento del género que aparenta que le ha llevado a relacionarse con otras personas de su mismo sexo de la misma manera en la que lo hace cualquier hombre.

Hasta tal punto es preciso y efectivo el retrato físico de Albert Nobbs, que cuando se viste de mujer es cuando realmente parece que está travestido, aunque la excelencia de Glenn Close asoma cuando muestra con asombrosa claridad la confusión emocional de su personaje, incapaz de entender su propia opción sexual. Pero no sólo Glenn Close está absolutamente espléndida, es que está secundada a la perfección tanto por Janet McTeer, como por Mia Wasikowska. Señalar asimismo la breve pero fabulosa labor de Bronagh Gallagher con un personaje que introduce el humor de una manera absolutamente deliciosa. Por que por muy dramática que pueda resultar la vida de Albert Nobbs, en su historia hay lugar para el humor. Quizás quien salga peor parado, por comparación, sea Aaron Johnson, que se tomó tan al pie de la letra que debía interpretar a un bruto que más que un hombre parece un simio lampiño, en oposición a la sutileza y calidad de las demás interpretaciones.

Por un lado pareciera que Rodrigo García jugara al despiste con el espectador, incorporando al reparto de su película presencias tan conocidas como las de Brendan Gleeson, Pauline Collins, Jonathan Rhys Meyers o Brenda Fricker, para que la mayoría de ellos tan sólo interprete personajes secundarios que, en algunos casos, apenas se dejan ver más de un minuto. Quizás es una manera de decirle al espectador que debe permanecer atento al relato, sin dejarse llevar por la imagen que algunos de ellos puedan aportar a sus personajes, pues Albert Nobbs está plagado de sutilezas a través de las que Rodrigo Garcia sugiere y apunta, pero nunca desvela, como por ejemplo ese niño que se queda mirando fijamente a Nobbs, igual que después hará con otro personaje.

Lástimas que todas las cualidades del relato no alcancen hasta la resolución de la historia que, si bien deja un final abierto para que el espectador decida lo que puede pasar a continuación, se precipita en una conclusión burda y repentina que emborrona el sensación emocional que ha transmitido la historia de Albert Nobbs, mermando la valoración global de toda la película.

Publicado originalmente en EXTRACINE

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