La mujer de negro

Título original: The Woman in Black
Año: 2012
País: Reino Unido , Suecia & Canada

Dirección: James Watkins
Guión: Jane Goldman, basado en la novela de Susan Hill
Producción: Richard Jackson, SImon Oakes & Brian Oliver  
Fotografía: Tim Maurice-Jones
Música: Marco Beltrami
Montaje: Jon Harris 
Diseño de producción: Kave Quinn 
Dirección artística: Paul Ghirardani
Decorados: Niamh Coulter
Vestuario: Keith Madden
Reparto: Emma Shorey, Molly Harmon, Sophie Stuckey, Daniel Radcliffe, Misha Handley, Jessica Raine, Roger Allam, Lucy May Barker, Indira Ainger, Andy Robb, Ciarán Hinds, Shaun Dooley, Mary Stockley, Alexia Osborne, Alfie Field, Victor McGuire, Cathy Sara, Tim McMullan, Daniel Cerqueira, Liz White, Alisa Khazanova, Ashley Foster, David Burke, Janet McTeer, Aoife Doherty, Sidney Johnston… 

mucha estética para tan poca magia

Como muchos cinéfilos, aunque ciertamente se trata de un cine imperfecto, encuentro tremendamente gratificante y encantador el cine producido por Hammer Films. Particularmente las obras de los años sesenta y setenta, en las que el tiempo presente en el que están realizadas, queda tan patente en la estética de las películas. Pero una cosa es hablar de un cine al que recordamos con cierta nostalgia, que obras actuales y contemporáneas que pretendiendo repetir la misma fórmula, no alcanzan a conseguir con sus nuevas obras los mismos efectos que consiguieran con las pretéritas. A la renovación de la productora británica ha experimentado en estos últimos años con filmes como Déjame entrar (Let Me In, 2010, Matt Reeves) o La víctima perfecta (The Resident, 2011, Antti Jokinen) se suma ahora The Woman in Black.

Basada en una novela de Susan Hill, adaptada para la pequeña pantalla a finales de los años ochenta, se trata de una típica película de terror que puede tener el encanto visual de las películas ambientadas en la época victoriana, cargada en este caso con una sobredosis de superstición y algunos momentos que yo diría robados de Suspense (The Innocents, 1961), la magnífica adaptación que Jack Clayton dirigiera de la pequeña gran novela de Henry James, The Turn of the Screw. Pero cuando otras películas de esta índole o adaptaciones recientes de novelas de la misma época incorporan una lectura contemporánea, ya sea en la estética o en la manera de narrar el relato, adaptándolo a una lectura más moderna, The Woman in Black parece mirar única y exclusivamente al pasado, en un intento de repetir todos los rasgos de la época dorada de Hammer Films.

Pero si estéticamente no deja de tener su encanto, como ejercicio nostálgico no deja de transmitir una inevitable sensación de déjà vu, en el que la única aportación inquietante serían los momentos protagonizados por infantes. Si de la colección del actores y actrices que forman el reparto adulto de la película tan sólo son destacables las sólidas aportaciones de Ciarán Hinds y Janet McTeer, queda en bastante mal lugar la de Daniel Radcliffe, que no consigue absolutamente nada sin su habitual dosis de magia y efectos especiales.

Guionista de films tan discutibles como La cámara secreta (My Little Eye, 2002, Marc Evans) o The Descent 2 (2009, Jon Harris), y director de Lago Eden (Eden Lake, 2008), la aportación de James Watkins, director de la película, no va más allá de una lectura literal de la adaptación que Jane Goldman hace de la obra original, dejando todo en manos de un profesional equipo técnico que le resuelve la papeleta, desde el director de fotografía, Tim Maurice-Jones -que cambia radicalmetne de registro tras sus películas con Guy Ritchie-, hasta el responsable del diseño de producción, Kave Quinn -que si su último trabajo era en la estupenda Harry Brown, participara en las dos primeras películas de otro cienasta emblemático británico como Danny Boyle-, que indudablemente son los que logran esa atmósfera y estética tan apropiadas para el relato.

El resultado global es un relato flojo, carente de fuerza y tan farragoso como el lodo en el que acaba envuelto el protagonista en una de las secuencias, al resultar las decisiones de los personajes completamente aleatorias y caprichosas. La conclusión es demasiado precipitada y previsible, no resuelve, sino que termina de sopetón y sin cerrar realmente alguna de las líneas abiertas. Aunque tampoco es que importe demasiado. Esperemos que Radcliffe tome buena cuenta de lo bien que lo hace su colega Emma Watson en Mi semana con Marilyn (My Week with Marilyn, 2011, Simon Curtis), para defender algo más interesante la próxima vez, dado que ya no dispone de magia.

Publicado originalmente en EXTRACINE

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