La parada de los monstruos (Freaks, 1932, Tod Browning)

Películas imprescindibles: La parada de los monstruos (Freaks, 1932, Tod Browning)

Freaks, 1932, Tod BrowningTítulo original: Freaks
Año: 1932
Nacionalidad: EE.UU.

Dirección: Tod Browning
Guión: Al Boasberg, Willis Goldbeck, Leon Gordon, Charles MacArthur & Edgar Allan Woolf, basado en un relato de Clarence Aaron ‘Tod’ Robbins
Producción: Tod Browning, Harry Rapf & Irving Thalberg
Fotografía: Merritt B. Gerstad
Montaje: Basil Wrangell
Dirección artística: Cedricc Gibbons & Merrill Pye
Reparto: Wallace Ford, Leila Hyams, Olga Baclanova, Roscoe Ates, Henry Victor, Harry Earles, Daisy Earles, Rose Dione, Daisy Hilton, Violet Hilton, Schlitze, Josephine Joseph, Johnny Eck, Frances O’Connor, Peter Robinson, Olga Roderick, Koo Koo, Prince Randian, Martha Morris, Elvira Snow, Jenny Lee Snow, Elizabeth Green, Angelo Rossitto, Edward Brophy, Matt McHugh…

“La parada de los monstruos” no es un documental. Es una película de Hollywood”

Todd Robbins.

En 1986 Alaska y Dinarama publicaban el que, según las cifras de venta, sería su álbum de mayor éxito comercial: No es pecado. En él se incluía el tema A quien le importa, que si bien acabaría reivindicado como himno gay, parte de su fuente de inspiración podría encontrarse en La parada de los monstruos más conocida popularmente por su título original, Freaks, tal y como atestigua una imagen de la película asociada a la letra de la canción que aparecía en la carpeta interior del álbum editado en vinilo.

Freaks es una película tan insólita como delirante, adaptación de un relato de Tod Robbins, Espuelas (Spurs), publicado originalmente en 1923 por la revista Munsey’s Magazine, y tres años después incluido en la antología Who Wants a Green Bottle? and Other Uneasy Tales. La idea de hacer la película fue sugerida a Tod Borwning por su amigo Harry Earles, que padecía enanismo, aunque según otras fuentes habría sido el director artístico Cedric Gibbons, amigo de la infancia del escritor, quien le habría hecho llegar la historia. Lo más probable es que las dos versiones sean ciertas, al fin y al cabo Earles acabaría protagonizando la película, de la misma manera que Gibbons sería su director artístico.

Tod BrowningSi la trayectoria como cineasta de Browning comienza en el apogeo del cine mudo, no cabe duda de que supo adaptarse a las exigencias y necesidades del cine sonoro. Quizás haya títulos más destacables en su filmografía como La casa del horror (London After Midnight, 1927), Garras humanas (The Unknown, 1927), The Thirteen Chair (1929) Dracula (1931) o la entrañable Muñecos infernales (The Devil-Doll, 1936) pero, si tan sólo podemos considerar realmente un clásico la que protagonizara Bela Lugosi como el conde Drácula, ninguna de ellas ha alcanzado el nivel de culto de La parada de los monstruos.

Dado que la mayoría de los títulos que dirigió Tod Browning pueden enmarcarse dentro del género de terror, así se suele aludir tradicionalmente a esta película que, si nos ceñimos a su conflicto principal, bien podríamos decir que se trata de un trágico drama romántico, con la peculiaridad de que el clímax de la secuencia final resulta horrible y terrorífico por la intensidad de la situación y su consecuencia.

No era esta la primera vez que Tod Browning fijaba su atención en personajes de esta índole, sino que el propio Harry Earles ya había participado en el rodaje El trío fantástico (The Unholy Three, 1925), remake sonoro de la película homónima que el propio Browning había dirigido en 1916, y que ya estaba basada en un relato previo del propio Tod Robbins. Dos años después incluiría un trío amoroso entre personas de idénticas características en Garras humanas (The Unknown, 1927). Y bien podríamos aludir al excéntrico personaje que aparece en Dracula (1931), Renfield, como un auténtico freak.

Pero a pesar del éxito que había obtenido con Dracula, Browning tendría que hacer frente a muchos problemas e inconvenientes para poder completar su nueva película. El reparto inicial formado por Victor McLaglen, Myrna Loy y Jean Harlow, declinaría aparecer en una película con tamaña colección de “fenómenos de feria”. El escritor F. Scott Fitzgerald, en nómina como guionista de MGM en aquella época, se negaría a comer delante de tan encantadoras e inofensivas (siempre que no hayas visto la película) criaturas. A esta protesta se unirían otros ejecutivos de la compañía hasta conseguir que, salvo la pareja de enanos y las hermanas siamesas, todos los demás deformes, tullidos y minusválidos del rodaje de Freaks comieran fuera del comedor.

Tod Browning y sus freaks

Por otro lado, para Olga Baclanova, que asumió en el papel de la cruel trapecista, ya supuso un enorme esfuerzo conocer a sus compañeros de reparto, así como completar el rodaje de la película, pero por la empatía que le despertaban. El productor Irving Thalberg -odiado por un servidor por haber sido el principal responsable del ostracismo de Hollywood hacia un cineasta de la talla y magnitud de Erich Von Stroheim-, también se mantuvo al lado de director, defendiendo su calidad como cineasta ante las críticas por hacer una película como esta… hasta que las primeras proyecciones causaron verdaderos estragos a causa de la reacción de un público abrumado por tan impactante dosis de realidad y asqueado con algunas secuencias, lo que llevó a efectuar él mismo un nuevo montaje de la película. Irónicamente, la versión sin cortes se convertiría en un fugaz y fulgurante éxito, sólo visto por los pocos que pudieron acercarse al cine de San Diego en el que se proyectaba. Entre las secuencias eliminadas figura la castración de Hércules, que tuvo una respuesta demasiado intensa y negativa. También se añadió una secuencia a modo de epílogo, con la intención de proporcionar un final más feliz.

Salvo por una secuencia de la película, no hay efectos de maquillaje en La parada de los monstruos. Todo lo que en ella se ve es real y auténtico. Algo que no se pudo digerir en la época, todavía asolada por los estragos de la Gran Depresión. Como consecuencia, la película acabó siendo prohibida en los Estados Unidos de América, así como en el Reino Unido, que sólo la estrenaba en las salas de cine en 1963. Un pase especial realizado en el festival de Venecia, facilitaría el (re)descubrimiento de una película peculiar, insólita y original como pocas. Y eso a pesar de que en realidad, se trata de una historia sencilla que sirve como escaparate de unos personajes que si bien están apartados de la sociedad por su aspecto físico, albergan las mismas emociones y sentimientos que los demás.

Si el término que da título a la película funciona como énfasis para referirse a todos los personajes que tienen alguna enfermedad congénita, son minusválidos o padecen alguna peculiaridad física o psíquica, el terminó acabó evolucionando en inglés para designar a cualquier persona rara, extraña o marginal. Absorbido posteriormente por la lengua española, en un principio para designar a personas o comportamientos que se salían de lo normal, con el paso del tiempo (y la ayuda de comunicadores que no saben hablar ni inglés ni español, como Isabel Gemio) fue derivando hasta ser castellanizada como friqui para aludir a personas con un determinado interés obsesivo y desmesurado, por un tema o afición, hasta el punto de convertirlo en una forma de vida.

En lo que respecta a otros recursos de la película, podríamos discutir el uso que se hace de la premonición. Una forma de flashforward en la que se produce un amplio salto en el tiempo hacia adelante, para retroceder al principio de la narración hasta terminar en el punto inicial. De esta manera se mantiene el interés morboso por ver lo que ha sido de la trapecista tras recibir su merecido castigo. Es comprensible que Tod Browning escogiera evitar mostrar la agresión a través de una elipsis, algo que se puede justificar tanto por la violencia del acto, como por lo inapropiado de mostrar a unos seres que poco a poco han ido despertado la empatía del espectador, o incluso por la falta de justificación de algunas de las secuelas físicas que muestra la trapecista en esa imagen final. En el epílogo añadido, Frieda (Daisy Earles), se apresura a señalar la distancia moral que comparten ella y su anteriormente prometido, que no participaron del escarnio e intentaron impedirlo, señalando que aunque hasta entre freaks hay diferencias morales. Por cierto, que si a alguien considera que para estar prometidos, no llegan a mostrarse momentos románticos entre Frieda y Hans (Harry Earles), sepan que se debe a que en la vida real eran hermanos.

 

No sólo Alaska y Dinarama han reivindicado Freaks con su canción, sino que lo han hecho también otras bandas españolas, como Los carniceros del Norte y Antonio Villa-Toro, aludían a la película en sus temas El circo de los monstruos y The Monster’s Show Big Parade, así como el inefable Enrique Bunbury lo hacía en su gira de 2005, Freak Show. En el panorama internacional podemos encontrar homenajes en el tema Pinhead de Ramones o en Separated Out, un tema de Marillion que llegaba a incluir fragmentos de audio de la banda sonora de la película. El hombre elefante (The elephpant man, 1980, David Lynch), Soñadores (The dreamers, 2003, Bernardo Bertolucci) o Palindromos (Palindromes, 2004, Todd Solondz) son algunas de las piezas cinematográficas que rinden tributo a la película, así como lo hacía la serie de animación Los Simpsons,  en los episodios What Maggie’s thinking y There’s No disfrace as homo, así como también lo hacía la serie Expediente X (The X-Files) con el episodio Humburg, que dirigido por Kim Manners, constituía a su vez un homenaje a David Lynch al utilizar varios actores habituales de sus películas, como Michael J. Anderson, que también era enano. La más reciente de las alusiones se producía en otra serie de televisión, Bones, en la que uno de sus episodios se desarrollaba en un circo con idéntica colección de personajes que retomaban el axioma de Freaks, en el que sólo pueden confiar en alguien que sea como ellos.

  • Presentación para el taller de análisis fílmico El círculo vicioso

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