Ángeles González Sinde

¿El cine es cultura o basura? La guerra contra la cultura

Antonia Dell'Atte
Antonia Dell’Atte

Quién iba a decirnos que aquella mítica intervención de Antonia Dell’Atte en La máquina de la verdad, iba a hacer tanta mella en la clase política española. Porque podemos llamarlo castigo, podemos llamarlo sanción, pero la subida de IVA que afecta a la cultura, no es otra cosa que una vendetta que el Gobierno impone a los cómicos en general, y a la Academia de Cine en particular. 

Un tributo por su reiterado apoyo al partido que ocupa actualmente la oposición en particular, y la izquierda en general. 

Como te lo cuento. 

Tampoco pienses que todo esto lo ha empezado el PP, es indudable que el PSOE comparte cierta parte de responsabilidad en esta guerra. Si ahora hay castigo es porque también hubo premio. Lo lamentable es que estas decisiones partidistas de unos y otros no parecen tomarse por el bien de todos, sino por salvaguardar los intereses particulares de cualquiera de las dos opciones políticas. Injusto, o más bien, inmoral, me parece tanto lo uno como lo otro, pero así están las cosas. O por lo menos así las veo yo. 

Alberto San Juan y Guillermo Toledo
Alberto San Juan y Guillermo Toledo en la ceremonia de los premios Goya 2013

La semilla que inicia esta contienda soterrada se planta en la ceremonia de entrega de los premios Goya del año 2003. Una gala presentada por Alberto San Juan y Guillermo Toledo que se caracterizaría por el lema del NO A LA GUERRA, convirtiendo la ceremonia en todo un acto de protesta. Era el año de películas como Los lunes al sol (2002, Fernando León de Aranoa), Smoking Room (2001, Julio wallovits & Roger Gual), El último tren (2002, Diego Arsuaga) o El pianista (The pianista, 2002, Roman Polanski).

Un año después, en febrero de 2004, al descontento por esa vergonzosa relación sumisa y servicial que José María Aznar mantenía con George Bush, tenemos que añadir la bochornosa gestión de su Gobierno ante la crisis del Prestige. Como consecuencia, un colectivo de cineastas realiza una película protesta: ¡Hay motivo! Una serie de 32 cortometrajes que intentaban concienciar al ciudadano de la necesidad de un cambio de Gobierno de cara a las elecciones que tendrían lugar ese mismo año, tan sólo un mes después.

José María Aznar en una reunión con su amigo George Bush
José María Aznar en una reunión con su amigo George Bush

Tres días antes de las elecciones se producía el trágico y lamentable atentado de Atocha, que marcaría traumática y definitivamente los resultados de las elecciones del 14 de marzo. Un vuelco que para algunos no sólo estaría producido por la evidencia de que España se había colocado en el mapa del terrorismo islamista, sino por la tergiversación que Gobierno y medios de comunicación oficiales realizaban de la investigación. Tanto votantes de derechas como su mismo partido asumirían los resultados con una sonora pataleta. Es decir, nunca llegarían a asimilarlos. Algunos medios siguen tergiversando hoy en día la información (los hay que se empeñan en seguir afirmando que fue ETA), o quizás debería decir que los manipulan de nuevo, vista la primera entrevista de Mariano Rajoy en TVE y la absorción encubierta que de Intereconomía se está produciendo por parte de RTVE.

Nunca podré explicarme cómo es posible que Mariano Rajoy no hubiera dimitido de su cargo cuando cuatro años después, José Luis Rodríguez Zapatero, volvía a revalidar su Gobierno en las urnas. Sería precisamente entonces cuando aprovecharía para devolver ese apoyo que antaño había recibido de la comunidad artística en general y de la cinematográfica en particular, escogiendo a Ángeles González Sinde, por aquel entonces presidenta de la Academia de Cine, como ministra de Cultura en la remodelación que de su Gobierno realizaba en abril de 2009. 

Ángeles González Sinde
Ángeles González Sinde

La garra de la flamante nueva ministra aprovecha sin dudar su posición para sacar la mayor rentabilidad posible para el cine. La que fuera guionista de títulos como La buena estrella (1997, Ricardo Franco) y Mentiras y gordas (2009, Alfonso Alabcete & David Menkes) (conste que señalo lo que, a mi juicio, constituye lo mejor y peor de su filmografía), sacaría adelante la controvertida Ley Sinde, mucho más afín según algunos a los postulados de los populares que los de los socialistas. De hecho, sería el Gobierno de Mariano Rajoy, a propuesta del ahora denominado ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, quien aprobaría finalmente su ley quedando rebautizada definitivamente como la Ley Sinde-Wert.

Este episodio merece que me detenga un momento. Más que nada para recalcar que si no fue muy disimulado e Gobierno socialista a la hora de devolver favores, tampoco fue discreta la ministra. Álex de la Iglesia ocuparía el lugar que Sinde dejaba en la Academia. Qué casualidad que fuera él quien la ministra nombraba Premio Nacional de Cinematográfica en 2010. 

Ángeles González Sinde y Álex de la Iglesia
Ángeles González Sinde cuando concedió a Álex de la Iglesia el Premio Nacional de Cinematogafía 2010

Debo confesar que encuentro un malévolo placer al comparar las fotografías de Álex y Ángeles riéndose a mandíbula batiente en el acto de entrega del premio, durante el festival de San Sebastián, con las de la ceremonia de los Goya de 2011. 

Álex de la Iglesia y Ángeles González Sinde
Álex de la Iglesia y Ángeles González Sinde en la entrega de los premios Goya 2011

Es posible que, si bien ella pareciera muy consciente del significado y compromiso de su cargo, no pasara lo mismo con él. Me refiero a que el cineasta vasco se mantendría en una postura libre y coherente consigo mismo ante las presiones de la ministra, mientras que ella siempre estaría presa de su posición y la manera en la que, según mi punto de vista, había accedido a su puesto.

Un servidor siempre alabará la actuación de Álex de la Iglesia, que se mantuvo fiel a sus ideas y a sí mismo, y no se plegó a lo que eran implícitamente las órdenes de su superior, cuando resultó que su postura estaba más cerca de internautas que de gobernanta. ¿Pensaría ella que porque le había dado un premio iba él estar callandito cuando opinaba de manera diferente? Pero si precisamente en eso es en lo que se basa la democracia, en que cada uno pueda decir lo que piensa sin que le metan en la cárcel, le den un paseíllo, o le cierren su página de Internet.

Si por un lado alabo la coherencia del cineasta vasco cuando dimitió de su cargo, por otro lamento que la comunidad cinematográfica no le apoyara para evitar que lo hiciera. Celebro y comparto absolutamente el que fuera su último discurso como presidente de la Academia en la ceremonia de los premios Goya de 2011. Una gala que, precisamente, estuviera protagonizada por la manipulación mediática en la misma línea en que populares la habían ejercido anteriormente. La cadena pública no emitió imágenes ni hizo mención alguna a todo lo que sucedía en la entrada al evento en lo que era un acto de protesta organizado por el colectivo Anonymous para manifestar su desacuerdo con la Ley Sinde en lo que habían denominado Operación Goya. Qué irónico (y acertado) que la película ganadora fuera Pa negre (2010, Agustí Villaronga), una historia sobre personas que han perdido sus ideales y se mueven, única y exclusivamente, por el dinero y todo aquello que les garantice comer pan blanco.

Escuchando al juez GarzónY llegamos a la entrega de los premios Goya de este último año. Es posible que el clan de la ceja no se hiciera muy visible pero, volviendo con la ironía, no me digan que no es de justicia poética que la ganadora de la gala fuera No habrá paz para los malvados (2011, Enrique Urbizu). Una película que aludía a aquel fatídico 11-M, dejando claro en su discurso que España ya era un objetivo más del terrorismo internacional. El premio al mejor documental era para la película de Isabel Coixet, Escuchando a Garzón (2011), un premio muy simbólico que, sumado a varias muestras de apoyo al ex-juez por parte de algunos cuando subían a recoger su premio, marcarían nuevamente la distancia entre comunidad cinematográfica y Partido Popular.

Es posible que muchos no estén de acuerdo con mi teoría, pero lo cierto es que los hechos ahí están. Uno detrás de otro. Si esto fuera la trama de una película, su análisis nos diría que el tema que estamos tratando es el tributo que una determinada disciplina artística se ve obligada a pagar por el apoyo a una determinada postura política. No quiere esto decir que todos los cineastas son de izquierdas, ni mucho menos. Pero sí pareciera que, como colectivo, se les identificara más hacia la izquierda que hacia la derecha. 

Una venganza despiadada que vuelve a colocarnos en los métodos y comportamientos de Gobiernos pretéritos. Me refiero a la época franquista en la que se castigaban ideas, cuando las acciones no constituían por sí mismas un delito. 

No hemos aprendido nada. 

De qué poco nos ha servido el siglo XX.

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