Blancanieves

Título original: Blancanieves
Año: 2012
País: España

Dirección: Pablo Berger
Guión: Pablo Berger
Producción: Pablo Berger, Ibón Cormenzana & Jérôme Vidal  
Fotografía: Kiko de la Rica
Música: Alfonso Vilallonga
Montaje: Fernando Franco 
Diseño de producción: Alain Bainée 
Dirección artística: Alain Bainée
Vestuario: Paco Delgado
Reparto: Maribel Verdú, Macarena García, Daniel Giménez Cacho, Ángela Molina, Inma Cuesta, Sofía Oria, Pere Ponce, Carlos Lasarte, Emilio Gavira, Ramón Barea, Oriol Vila, Josep Maria Pou, Itziar Castro, Sergio Dorado, Ignacio Mateos, Carmen Segarra, Carmen Belloch, Pere Vall, Pep Ferrer… 

andreita ‘cómete el pollo’ en Ambiciones

Puedes llevarte a Pablo Berger a Nueva York (donde ejerce como profesor en la New York Film Academy), pero parece que no puedes sacar la esencia española del que fuera director de un cortometraje de culto como Mama (1988). Si con su ópera prima, Torremolinos 73 (2003), recibía premios en festivales de todo el mundo, con su segunda película, Blancanieves, no sólo ha conseguido billete para intentar conseguir una nominación al Oscar a la mejor película en habla no inglesa, sino que también se llevaba el premio especial del jurado en el último festival de San Sebastián, así como su protagonista, Macarena García, se llevaba a Concha de Plata a la mejor interpretación (no sé si quiero ver el resto de las películas premiadas este año).

Decir que una película basada libremente en el cuento de los hermanos Grimm no va a tener spoilers, sería como pretender hablar de una película sobre la vida de Cristo sin querer revelar si termina o no crucificado. Por lo que igual de libremente que Pablo Berger ha escrito siete veces el guión de su película (según él), o de la misma manera que comenta que llevaba ocho años preparando el proyecto (también me hago eco de sus declaraciones), voy a comentar lo que a un servidor le ha parecido su obra. De entrada permítanme que evoque el eslogan con el que se ha promocionado la película: “nunca te habían contado el cuento así”. Lo que me lleva a la consternación y a preguntarme si hacía verdaderamente falta que lo volvieran a hacer. ¿Aporta algo? ¿Qué nos quiere contar realmente Pablo Berger? ¿O tan sólo quería demostrar que era capaz de hacer una película muda y en blanco y negro?

Tanto que (algunos) criticamos a los estadounidenses por sus numerosos remakes y reboots, no esperarían que iba a recibir con los brazos abiertos una película que se estrena el mismo año que otras dos versiones (con desigual fortuna) de la misma historia: Mirror Mirror (2012, Tarsem Singh) y Blancanieves y la leyenda del cazador (Snow White and the Huntsman, 2012Rupert Sanders). Tampoco voy a entrar en si le ha venido mejor o peor que se rodara al amparo del enrome éxito que ha tenido una película tan sobrevalorada (según mi punto de vista -leer entonando la canción de La Lupe-) como The Artist (2011, Michel Hazanavicius), que de hecho no tiene nada que ver con su película, según palabras del director vasco. Ni mucho menos. Doy por hecho que todo esto no han sido más que casualidades que tanto le pueden venir mejor como peor a la película.

Intentar dilucidar la cantidad del presupuesto destinado al rímel que cubre en todo momento las pestañas de la protagonista, sería como intentar pretender llevar la cuenta del número de pelucas que luce la mala malísima de la muerte de la película. Ni siquiera voy a intentar buscar la responsabilidad de lo que para un servidor es un fallo estético ¿se debe al exceso de afán de maquilladores y peluqueros, o a la desgana del director de fotografía, Kiko de la Rica, que por lo demás en otras ocasiones ha estado muy acertado? No voy a hacer mofa de la ridícula secuencia en la que un toro coge al padre de la protagonista (¡ay! se me ha escapado un detalle que no estaba exactamente así en el cuento) cuyos efectos especiales son peores que los de cualquiera de las películas de Segundo de Chomón realizadas antes de 1910. Y no voy a insistir en lo molesto que resulta en ocasiones el montaje de la película, que parece realizado por alguien que, de niño, fuera torturado por unos padres adolescentes que sólo le permitieran ver la MTV.

Y claro, como se trata de un cuento, muchos dirán que pretender buscarle demasiados pies al gato por cuestionar que una señora embarazada vaya a ver una corrida de toros en la que el padre de su futura hija se juega la vida son demasiados pies. Ni hay que rasgarse las vestiduras por el momento en que dejan a la niña flotando en un río, después de ahogarla, y varias horas después, ya de noche y después de un fundido a negro (que indica paso de tiempo, pero no cuanto), la sacan, le hacen el boca a boca y recobra vida y aliento. Qué más dará la verosimilitud de la historia, seguro que en la época del cine mudo tampoco tenían en cuenta estas gilipolleces de la credibilidad y la verosimilitud.

Lo único que en realidad me preocupa de Blancanieves son los procesos mentales, psicológicos, psiquiátricos o incluso metafísicos por los cuales Pablo Berger ha terminado haciendo más una adaptación de lo que hubiera sido la vida de ‘Andreita’ sin su mamá y su abuelita que del cuento clásico al que alude el título de la película. Quizás el ingenuo soy yo por pensar que si lo mencionado anteriormente acerca de las películas dirigidas por Singh, Sanders y Hazanavicius era mera casualidad, también lo iba a ser que un señor tan, a priori, poco interesado en la prensa del corazón como Berger, fuera a aprovechar de una manera soterrada el tirón mediático de Belén Esteban. Al fin y al cabo las universidades escriben sobre ella, la escogen como motivo para exposiciones de arte, y hasta es portada de Le Monde (Yo también me mondo). ¿Habrá pensado que si la historia vende en televisión igual podría vender también en el cine? Me parece que esto sería demasiado pensar.

No, cómo es posible. Todo es casualidad. Como que el protagonista sea un torero, que le coja un toro y que estando convaleciente la enfermera le seduzca como para convertirse en su segunda esposa. Belén Esteban se divorció, no murió (aunque a los ojos de Jesulín como si lo estuviera). También es casualidad que su nueva esposa no se lleve nada bien con la hija mayor del torero, de hecho aquí no tienen hijos propios. Pero entonces ¿a qué viene el asunto del pollo? Debe ser una tontería mía porque no creo que tenga nada que ver con aquel episodio de “Andreíta, cómete el pollo”. La alusión a la revista Lecturas y que una vez la segunda esposa se queda viuda su única obsesión sea hacerse la reina del papel couché, no tiene nada que ver con María José Campanario, que dicho sea de paso está muy volcada estudiando odontología. No. Todo esto son alucinaciones mías por ver demasiado programas de televisión como Sálvame (ya sea de tarde o DeLuxe). Y claro, que sea allí donde bautizaran a Belén Esteban como “la princesa del pueblo” tampoco tiene guasa ni doble lectura de cara a la película. No. Estoy equivocado. Lo sé.

También es casualidad que el reparto de la película recoja elementos tan dispares de las diferentes realidades culturales españolas como la andaluza (que es la que mejor se exporta), la vasca (que es la del cineasta), y la catalana (que tan bien cae a los miembros de la Academia de cine últimamente). Lo más probable es que a Pablo Berger le gustara mucho Pere Ponce, ya desde que lo viera en Pinnic (un programa televisivo dirigido al publico infantil) y ahora sólo quería gastar una bromilla convirtiéndole en un asesino de niños. O la gracia de hacer que Josep María Pou (en su pagina oficial José María) se convierta en apoderado taurino, ahora que en Cataluña están prohibidas las corridas de toros. Es todo casual. Y el toreo que sea mexicano, Daniel Giménez Caho, para incluir una nota latinoamericana. No hay nada estudiado. Todo esto debe haber sido cosa del azar y a mi me deben haber puesto algo en el café. Y nadie sobreactúa, ni siquiera Maribel Verdú, no. Todos están muy naturales, como en las películas de Murnau y Stroheim.

Al menos la banda sonora compuesta por Alfonso de Vilallonga está bastante bien. Y Ángela Molina también. Pero claro, es que ella es fantástica estupenda y divina de la muerte. Aunque no le dejen hablar. Pero mira que se muere fatal ¿no? Me da más risa que pena. Si me pudiera haber reído así a lo largo de toda la película igual me lo hubiera pasado mejor. Y claro, ahora que hasta H&M le hacen un guiño a David Lynch, no iba a ser menos Pablo Berger. Por eso termina haciendo alusión a una película como El hombre elefante (The Elephant Man, 1980). Ya puestos, ¿por qué no? Si nadie se ha dado cuenta de todo lo demás igual no reparan en esto. Aunque en España no hubiera tradición de este tipo de espectáculos. Más que nada porque aquí nadie paga por reírse de nadie, te ríes en su cara y punto. Sobre todo si salen en la tele. No sé si se habrá entendido lo que quiero decir con todo esto.

Lo más probable es que yo no haya entendido nada en absoluto de Blancanieves. Debe ser una obra excepcional, que yo no entiendo y estoy completamente equivocado. Para que luego digan que hay crisis de ideas en Hollywood. Si en España estamos sobrados de creatividad, por eso podemos volver a hacer un cuento que ni nos va ni nos viene, le ponemos mantilla y peineta a los personajes, les hacemos echarse unas coplas y unas palmas, soltamos una vaquilla y un toro y a ver si nos dan un Oscar. ¡Olé! Lo próximo que sea una versión de los líos amorosos entre Isabel Pantoja, Julián Muñoz o las desventuras entre el triángulo formado por Rosa de Benito, Amador Mohedano y José Ortega Cano, que seguro que también vende mucho.


Publicado originalmente en EXTRACINE

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