La noche más oscura

Título original: Zero Dark Thirty
Año: 2012
País: EE.UU.

Dirección: Kathryn Bigelow
Guión: Mark Boal
Producción: Kathryn Bigelow, Mark Boal & Megan Ellison  
Fotografía: Greig Fraser
Música: Alecandre Desplat
Montaje: William Goldberg & Dylan Tichenor
Diseño de producción: Jeremy Hindle
Dirección artística: Ben Collins & Rod McLean
Decorados: Lisa Chugg & Onkar Khot
Vestuario: George L. Little 
Reparto: Jason Clarke, Reda Kateb, Jessica Chastain, Kyle Chandler, Jennifer Ehle, Harold Perrineau, Jeremy Strong, J.J. Kandel, Wahab Sheikh, Alexander Karim, Nabil Elouahabi, Aymen Hamdouchi, Simon Abkarian, Ali Marhyar, Parker sawyers, Akin Gazi, Derek Siow, Fares Fares, Mhammmad K. Henry Garrett, Homayoun Ershadi, Darshan Aulakh, Navdeep Singh, Yoav Levi, Sukhdeep Singh, Musa Sattari, David Menkin, Scott Adkins, Eyad Zoubi, Julian Lewis Jones, Christian Contreras, Lauren Shaw, Zachary Becker, Mark Strong, John Collins, Jessica Collins, Fredic lehne, Ashraf Telfah, Édgar Ramirez, Jonathan Olley, Ben Lambert, Manraaj Singh, Tushaar Mehra, Daniel lapaine, Udayan Baijal, Mark Duplass, James Gandolfini, Stephen Dillane, John Schwab, Martin Delaney, Nabil Koni, Anthony Edridge, John Barrowman, Jeff mash, Joel Edgerton, Chris Pratt, Taylor Kinney, Callan Mulvey, Siaosi Fonua, Phil Somerville, Nash Edgerton, Mike Colter, Frank Grillo, Brett Praed, aron Eastwood, Heemi browstow, chris Scarf, Barrie Rice, Robert Young, Spencer Coursen, Chris Perry, Alex Corbet Burcher, Robert G. Eastman, Tim Martin, Mitchell Hall, Alan Pietruszaewski, Kevin LaRosa Jr., M.D. Selig, Benjamin John Parrillo, Christopher Stanley, Hadeel Shqair, Noureddine Haijjoujou, Nour Alkawaja, Malika Sayd, Siham Rida, Monia Moula, Zalfa Seurat, Tarick Hadouch, Ricky Sekhon, Mark Valley… 

terrorismo consentido

El 11 de septiembre del año 2001, el mundo entero se conmocionaba a causa de un acto terrorista. Mientras unos lo celebraban, otros se quedaban terriblemente asombrados. En la sociedad que lo sufrió se abrían heridas que todavía hoy permanecen abiertas en algunos casos, inaugurando además una nueva etapa en la lucha antiterrorista a escala internacional. Una década después, el 2 de mayo de 2011, se producía otro atentado terrorista que, si bien unos volvían a celebraban, otros lamentaban de nuevo. No necesariamente los que se asombraran con el primero celebraban el segundo, ni viceversa. Ni mucho menos el segundo cerró las heridas abiertas por el primero. Y, desde luego, un servidor, lamentó ambos sucesos. Kathryn Bigelow y Mark Noal, directora y guionista de The Hurt Locker, hacían equipo de nuevo para realizar Zero Dark Thirty, que trata de testimoniar el segundo atentado, más que especular sobre si fue lícito o no.

La realidad sorprendía a Bigelow y Noal, productores también de Zero Dark Thirty, cuando su película tan sólo iba a desarrollar una ficción distópica en la que daban caza a la mente detrás de los actos terroristas del 11-S. Cuando el 2 de mayo saltaba la noticia de la muerte del hombre que sostenía el denominado “eje del mal“, no sólo se debieron alegrar, sino que supieron aprovechar tal incidencia en su beneficio con la reescritura del guión aportando los nuevos giros que la divina providencia les proporcionaba y trasladando su película de la ficción distópica a la ficción basada en hechos reales. ¡Qué suerte tuvieron!

El hecho de que el director de la CIA, Michael Morell, se haya apresurado a destacar que Zero Dark Thrity no es más que una dramatización de los hechos, aludiendo (y negando) a las técnicas de persuasión utilizadas en los interrogatorios (que otros denominan torturas, con toda la razón del mundo), no sólo no da cuenta por efecto inverso, de la veracidad de los hechos que se relatan -(casi) siempre que la CIA ha negado algo a resultado ser verdad-, sino que evidencia que los estadounidenses se creen verdaderamente los dueños del mundo y están en total y absoluta posesión de la verdad.

Los hechos que se relatan en Zero Dark Thrity son, tal y como yo los veo, la constatación de que los Estados Unidos de América es un país que utiliza las mismas prácticas terroristas que afirma condenar, o que protege de la misma manera que le atacan, invalidando así su discurso y contradiciendo los valores que tanto se han preocupado en proclamar. Si tienes una base militar estadounidense en tu país, queda claro que tu gobierno permite y consiente que se lleven a cabo actos terroristas como los que aquí se muestran. Asombro, vergüenza y repugnancia son las tres principales sensaciones que se apoderan de un servidor a medida que avanza la proyección de Zero Dark Thirty, además de un soporífero aburrimiento, porque encima ¡me aburro!

Pero independientemente de que el relato avance con mayor o menor interés, lo que me sorprende de Zero Dark Thirty es la incoherencia de su directora. Lo digo así porque en The Hurt Locker su crítica no iba dirigida a la humanidad por enredarse con guerras innecesarias, sino hacia el hombre, que segrega una hormona que hace que la guerra sea como una droga para él ¿ahora resulta que a las mujeres les sucede lo mismo, pero con los pálpitos? Si una mujer tiene un pálpito, debe tener razón, ¿es esa la premisa de Zero Dark Thrity? Me quedo muerto, el feminismo de Katheryn Bigelow queda a la altura del de Demi Moore.

El único motivo por el que soy capaz de aguantar hasta el final la proyección de la película, es por saber si habrá algún punto de vista de su directora. Quizás haya algún tipo de conclusión en la que conozcamos su opinión sobre los hechos que se relatan. Pero no. No es así. Ella debe ser una mujer de las que no opinan e imagino que debe estar encantada con el asesinato de Bin Laden, aunque tampoco parece proclamarlo. ¿Cómo no se le habrá ocurrido platear cuestiones como que de haberlo cogido con vida podría haber alumbrado sobre todos los interrogantes abiertos en su relación con la CIA Y con su propio país? Cierto es que Bigelow siempre ha sido una directora ciega, sin mirada, sin punto de vista -salvo quizás The Hurt Locker-, y que la mayoría de su filmografía está compuesta de películas realizadas de manera ejemplar, pero que nunca pretenden llegar más allá. Es decir, el cine de entretenimiento clásico que viene de Hollywood. Pero yo creo que cuando alguien escoge un tema tan controvertido como este, se esperaría algo más que una mera dramatización de los hechos.

No soy de la opinión de que una mujer tenga necesariamente que hacer cine para mujeres. De la misma manera que opino que el universo femenino ha sido retratado con suma sensibilidad por muchos hombres. Pero cabría pensar que al encontrarse con unos personajes como los que protagonizan Zero Dark Thrirty, que no sólo fueron el equipo que lideraron essa caza al terrorista más buscado, sino que alertaron sobre sus intenciones antes incluso de los atentados del 11-S, momento en que la mayoría de hombretones que están al frente de la CIA debieron pensar que no eran más que unas locas con un pálpito, tratara de profundizar en ellos, en lugar de mostrar a unos personajes que no sabemos por qué están tan seguras de sí mismas (aparte de por la compresa que puedan utilizar). Indiscutiblemente, Pilar Miró lo habría hecho infinitamente mejor, que digo, ella ya lo había hecho en El crimen de Cuenca, ejemplo perfecto de película basada en historia real en la que la directora sí hacía claramente uso de su opinión y punto de vista.

Alguno me podrá decir que quizás la última media hora de la película merezca la pena. Sí, es cierto, es la mejor parte de la película, pero al contrario de lo que les pasará a muchos, me habría gustado que hubiera un último giro de guión y que, en el plástico, no estuviera la persona que buscaban. (Y no me digan que esto es un spoiler porque no lo admito). Me guardo para mí lo que opino del plano final. Ese por el que, indiscutiblemente ha conseguido Jessica Chastain su nominación al Oscar -no ha sido por otro y personalmente me pareció mucho más estimulante la interpretación de Jennifer Ehle-, eso sí sería un spoiler, aunque no todos podrían estar necesariamente de acuerdo conmigo.

Publicado originalmente en EXTRACINE

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