El mago de Oz

«The Wizard of Oz»: Victor Fleming, 1939, ¿dónde están ahora?

No era la primera adaptación de la novela de L. Frank Baum. Ni sería la última. Pero por muchos motivos, la versión que Victor Fleming estrenaba en 1939 de The wizard of Oz, se convertiría en la más recordada. Sería por Judy Garland, por el famoso tema musical, Somwhere over the raimbow, o por el sencillo pero entrañable uso del color y el blanco y negro para diferenciar el mundo real del fantástico mundo de Oz… Pero fuera como fuere, la película acabaría por convertirse en uno de esos clásicos imperecederos que seducen a todo tipo de públicos. Ahora que se va a producir el estreno inminente y mundial de Oz: the great and powerful, me parece el momento más oportuno para echar la vista atrás y comprobar qué fue del equipo que hizo El mago de Oz.

Cartel de The Wizard of Oz

Ganadora de dos Oscar, correspondientes a la mejor banda sonora de Herbert Stothart, y la mejor canción, compuesta por Harold Arlen y E.Y. Harburg, The wizard of Oz no está exenta de formar parte de las leyendas urbanas asociadas a algunas películas de Hollywood, también llegaría a convertirse en un símbolo para la comunidad gay. De hecho, si en España el eufemismo para referirse a un homosexual sin aludir a su opción sexual es decir que ‘entiende’, en los Estados Unidos se le define como ‘un amigo de Dorothy’.

Curiosamente, en 1939 se estrenaran dos películas acreditadas a Victor Fleming y tan trascendentes como The wizard of Oz y Gone with the wind. Pero más curioso todavía es que él no fue el único director que participó en ambas películas, aunque al final sólo constara su nombre en los títulos de crédito. George Cukor, responsable de la imagen de Dorothy, Mervyn LeRoy, Norman Taurog y hasta King Vidor dirigieron diferentes secuencias de la película, me atrevería a decir que si a Vidor le debemos las de blanco y negro, los demás deben ser responsables de algunas de las mejores secuencias que se desarrollan de camino a la ciudad Esmeralda. A pesar de todo, el cineasta quedaría siempre asociado a estos dos clásicos del cine, que competirían por la estatuilla a la mejor película, llevándoselo finalmente la producción de Selznik.

El director

Ganador de un inmerecido Oscar a la mejor dirección por Gone with the wind, los inicios de Victor Fleming en el cine se habían producido delante de la cámara, como doble de acción en la época del cine mudo. Pronto se interesa por los procesos de rodaje y pasa a incorporarse al equipo de operadores de cámara de Douglas Fairbanks, participando también en el rodaje de Intolerance (1916, David W. Griffith). De aquí a sentarse en la silla del director sería cuestión de tiempo. Su primer gran éxito sería The Virginian (1929), la película que convertiría a Gary Cooper en una estrella y sellaría su amistad para siempre. Y es que la amistad sería lo que le lleva a figurar como el director de Gone with the wind, tras sugerencia de Clark Gable, a quien había dirigido en Red Dust (1932) y con quien volvería a coincidir en Adventure (1945).

Victor Fleming

Hay ocasiones en los que un defecto puede llegar a considerarse una virtud, y es el caso de Fleming que podemos considerar un cineasta clásico y metódico, con poco interés por el riesgo de nuevas fórmulas narrativas. Un artesano, más que un artista, que en la mayoría de las películas en las que participa su personalidad permanece relegada a la sombra, limitándose a servir de conductor y vehículo para los autores de las novelas que adapta, de los productores detrás del proyecto, o permitiendo el lucimiento de los actores y actrices que protagonizan sus proyectos.

Su gusto por las historias clásicas le lleva adaptar a autores como Robert Louis Stevenson en Treasure Island (1934) y Dr. Jekyll & Mr. Hyde (1941) o Rudyard Kipling en Captains Courageous (1937). Y si bien es cierto que desarrolla el grueso principal de su carrera en los años treinta y vive su máximo esplendor coincidiendo con el estreno de Gone with the wind y The wizard of Oz, a partir de ahí comenza una lenta, pero no amarga, decadencia. Un cineasta de entre guerras, pues su trayectoria habría comenzado después de la Primera Guerra Mundial y paralela a la Segunda se fraguaría su declive. A pesar de que no fueran exactamente fracasos comerciales y de que para nada fueran películas de mala calidad, intuyo que la falta de conexión con las nuevas generaciones precipitan un declive que se acentúa con el fracaso comercial de Joan of Arc (1948).

La película protagonizada por Ingrid Bergman cierra el final de su filmografía al sorprenderle la muerte mientras desarrolla su siguiente proyecto, Rope, que acabaría dirigiendo finalmente Alfred Hitchcock —me cuesta imaginarme su enfoque para esta película cuando no se trata precisamente de un cineasta gay friendly. Tampoco llega a ser testigo de cómo al ser programada año tras año en las parrillas de televisión estadounidenses, The wizard of Oz se convierte en un clásico imperecedero que llega a influir en cineastas posteriores como David Lynch, que aludiría a la película y el autor de la novela en filmes como Blue Velvet y Wild at Heart, así como en su famosa serie Twin Peaks.

Los más recordados

Frank Morgan en The Wizard of Oz

Si la mayoría de los integrantes del reparto de The wizard of Oz son caras conocidas para el público de la época, quizás los más recordados hoy en día sean Frank Morgan y Margaret Hamilton, a pesar de que su participación en la película se reduce a escasos minutos. Como todos los actores principales, salvo Judy Garland, ambos interpretan dos o más personajes. En el caso de Morgan, si en Kansas interpreta al profesor Marvel (¿un guiño de la popular compañía de cómics a la película?), también es el mismísimo Mago de Oz, entre otros personajes.

Lo más probable es que este entrañable actor de reparto siempre sea recordado por su participación en The wizard of Oz, pero ya era una cara conocida para el gran público de la época al haber estado nominado al Oscar por su interpretación en The affaire of Cellini (1934, Gregory La Cava), y vuelve a estarlo, como actor de reparto, por otra película de Victor Fleming, Tortilla Flat (1942). Entre otros títulos interesantes en los que participa destacan The Great Zigfeld (1936, Robert Z. Leonard), The Shop Around the Corner (1940, Ernst Lubitsch), Broadway Melody of 1940 (1940, Norman Taurog) o The Human Comedy (1943, Clarence Brown). Un infarto de miocardio se lo lleva en 1949, más o menos a la vez que fallece Fleming, sin poder comprobar tampoco cómo la película en la que ha participado se convierte en un clásico inolvidable.

Margaret Hamilton en The Wizard of Oz

Por otro lado, Hamilton interpretaba a la impertinente señora Gulch, azote de Toto, así como a la malvada bruja del Oeste. Una de las típicas actrices de reparto en la nómina de Metro-Goldwyn-Mayer que trabaja en multitud de películas, aunque siempre serían papeles pequeños. En contraste al papel que le toca jugar en The wizard of Oz, en la vida real fue una gran defensora de los derechos de los niños y los animales. La falta de previsión en una de las secuencias en las que participa le provoca quemaduras que le llevan a estar ingresada en un hospital durante 6 semanas. Quizás se haría más popular todavía gracias a su participación en spots y series de televisión. Ella sí consigue ser testigo de la trascendencia de la película, y gracias a su personaje recibe un premio especial, en 1979, de la Academia de Películas de Ciencia Ficción, Fantasía y Horror de los Estados Unidos. Fallecería mientras dormía tres años después.

Perritos con pedigrí

Toto en brazos de Judy Garland

Quizás la perrita Lassie sea uno de los caninos más famosos actualmente, pero Toto lo fue mucho antes. Llamada Terry antes de protagonizar The wizard of Oz, posteriormente se quedaría con el nombre de Toto. Igual que su enemiga en la ficción, Margaret Hamilton, también sufre un grave accidente durante el rodaje de la película, llegando a romperse una de sus patitas. No sería la única participación de este cairn terrier en el cine, sino que interviene en más de diez títulos, incluyendo películas como Bright Eyes (1934, David Butler), al lado de Shirley Temple, Fury (1936, Fritz Lang), The Women (1939, George Cukor) o Tortilla Flat, de nuevo dirigido por Victor Fleming y junto a Spencer Tracy. Su pérdida fue muy llorada en Hollywood cuando fallece con 11 años, seis años después de interpretar el personaje que le haría inmortal.

La reina camp

A pesar de los extraordinario logros profesionales, tanto en el cine como en la música, la vida de Judy Garland está plagada de dolor y sufrimiento. Esposa del cineasta Vincente Minnelli (un gran amigo de Dorothy) y madre de la también actriz y cantante Liza Minelli (gran diva gay ella misma en la actualidad), su adicción a las drogas, más que el alcohol, consiguen hacer de su vida un infierno. No se conoce si parte de su tormento empieza realmente con el rodaje de The wizard of Oz, pero aquí es donde se ve sometida a una fuerte presión (y hasta tortura psicológica me atrevería a decir), al tener que representar a una niña cuando su cuerpo ya revela que es toda una mujer. Precisamente un año después del estreno de la película recibe un premio especial por su extraordinarias interpretaciones como actriz adolescente.

Judy Garland en El mago de Oz

Su filmografía previa se desarrolla a través de películas musicales de extraordinario éxito como Pigskin Parade (1936, David Butler), Broadway Melody of 1938 (1937, Roy del Ruth) o Love Finds Andy Hardy (1939, George B. Seitz), uno de sus grandes éxitos al lado de Mickey Rooney que tendría varias secuelas, y Babes in arms (1939, Busby Berkeley). En los años cuarenta, condenada por Metro-Goldwyn-Mayer, sigue participando en películas musicales, entre las que quizás una de las más interesantes sea Meet Me in St. Louis.

Podría decirse que en 1954 alcanza la «mayoría de edad» artística con A Star is Born (1954, George Cukor), por la que consegue una nominación al Oscar a la mejor actriz protagonista y gana un Globo de Oro a la mejor actriz de comedia/musical. A partir de entonces dilata sus trabajos cinematográficos en favor de su carrera musical. Tendría que pasar algo más de una década hasta que vuelve a dejarse ver en el cine, Judgement of Nuremberg, en la que no canta y por la que consigue una nominación a la mejor actriz de reparto, así como a los Globos de Oro. Sus dos últimas películas, A Child is Waiting (1963, John Cassavetes) y I Could Go on Singing (1963, Ronald Neame), dan buena cuenta de la gran madurez de una auténtica estrella que se une al firmamento (de manera indirectamente voluntaria diría yo) con sólo 47 años de edad.

Judy Garland

EXTRACINE: HPTX Cine y TV

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