Tabú

Título original: Tabu
Año: 2012
País: Portugal, Alemania, Brasil y Francia

Dirección: Miguel Gomes
Guión: Miguel Gomes y Mariana Ricardo
Producción: Sandro Aguilar & Lluís Urbano  
Fotografía: Rui Poças
Montaje: Telmo Churro & Miguel Gomes
Diseño de producción: Bruno Duarte
Dirección artística: Silke Fischer
Vestuario: Silvia Grabowski 
Reparto: Teresa Madruga, Laura Soveral, Ana Moreira, Henrique Espírito Santo, Carloto Cotta, Isabel Muñoz Cardoso, Ivo Müller, Manuel Mesquita… 

entre el amor y la muerte, la evocación y la memoria

Laureada en diferentes festivales internacionales, recibía dos premios en la última edición de la Berlinale, se acaba de estrenar Tabu en España. Una emotiva película dirigida por el portugués Miguel Gomes. Protagonizada por tres carismáticas actrices como Ana Moreira, Teresa Madruga y Laura Soveral, se trata de una inolvidable historia de amor que tendrá consecuencias dramáticas a lo largo del tiempo. No es gratuito que el título de la película nos evoque aquella exótica película que Friedrich Willhem Murnau dirigiera en 1931, Tabu: A Story of the South Seas, que se convirtiera fatalmente en la última del director de Nosferatu. Aunque también recuerda, de alguna manera, a Ikiru (Vivir) la película prodigiosamente existencialista que estrenaba Akira Kurosawa en 1952. Y quizás tenga también alguna conexión, ¿por qué no?, con Out of Africa, el intenso melodrama que Sydney Pollack dirigía en 1985. Títulos de diferentes tiempos que se evocan en Tabu.

Porque precisamente serán esos dos elementos: el tiempo y el recuerdo, los que constituyen los dos pilares en los que está construido un relato que se divide en dos grandes partes en las que si una gira en torno a la muerte, la otro tiene en el amor su centro neurálgico. Dos partes que no funcionan de manera independiente, sino que son complementarias y contribuyen a responder las dudas planteadas en la otra, de la misma manera que sucedía en la película japonesa.

Tras un prólogo en la línea del Tabu germano, se abre la primera parte del Tabu luso, que transcurre en un presente en blanco y negro en el que se escuchan las voces y sonidos reales. Una primera parte crepuscular en la que conocemos a Aurora, pero siempre desde el punto de vista de Pilar (Teresa Madruga), su vecina. Igual que ésta, no llegaremos a comprender lo que se esconde detrás del comportamiento de Aurora (Laura Soveral), ni las razones por las que su hija se niega a prestarle la ayuda y atención que demanda. Igualmente en blanco y negro, pero narrada siempre a través de una voice over, la de Ventura (Henrique Espírito Santo), será en la segunda parte cuando se nos presente a Aurora (Ana Moreira) cuando era joven, en un entorno muy distinto, en África, cuando conoció el amor. Sólo en esta parte lograremos interpretar, que no entender realmente, las claves de ese presente que se dibuja pretérito a medida que avanza el relato.

Lo fascinante de este segundo relato es que forma parte de la memoria de Ventura. Al estar contado desde su punto de vista, Gomes opta por un estilo preciso que tiene como objetivo simular la memoria. Por eso sólo se escuchan los sonidos diegéticos, permaneciendo ausentes las voces y diálogos de los personajes. Al menos es una interpretación. Porque no parece que tuviera intención de acercarse a la estética del cine mudo, sino a un mundo onírico en el que las palabras no terminan de formarse con precisión. Al fin y al cabo sonidos y música sonarían exactamente igual en el pasado que en el presente, tanto en el recuerdo como si sucedieran en ese preciso instante. Una curiosa conexión se produce entre una parte y la otra, la misma canción que emociona a Pilar mientras la escucha en la banda sonora de una película que ve en un cine es la que suena en uno de los momentos culminantes de la segunda parte. La emoción que envuelve a Pilar es exactamente la misma que embriaga a Aurora, la misma que, con toda probabilidad, abruma al espectador de Tabu.

La extraordinaria fotografía de Rui Poças contribuye igualmente a crear la diferencia visual entre ambas partes, siendo fría y directa la primera, pero difusa y mucho más cálida la segunda. Pero son sobre todo las magníficas interpretaciones de las tres actrices protagonistas las que terminan de seducir al espectador. Teresa Madruga aporta esa característica terrenal de su personaje, con el que se identifica el espectador que al igual que ella se hará una idea de Aurora en la primera parte, para entenderlo todo en la segunda. Y si Ana Moreira es capaz de transmitir toda la sensualidad y volubilidad del personaje en su etapa de juventud, Laura Soveral consigue conmover al espectador con el tormento y la agonía existencial del mismo personaje en su madurez.

Pero Tabu es además una reflexión metacinematográfica. La que lleva a Miguel Gomes a comparar el cine con la memoria. Como si una película fuera el recuerdo de aquellos que la crearon, de su director, su guionista o de sus intérpretes. Al fin y al cabo, todos ellos, sus ideas, el relato, la luz, los sonidos, las emociones quedan atrapados en una película perdurando a lo largo del tiempo y transmitiendo sus sentimientos de generación en generación.

Publicado originalmente en EXTRACINE

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