Salvador Dalí en el cine

Las locas y extravagantes incursiones de Salvador Dalí en el cine

Quizá el cine fuera en sus inicios menospreciado como si de una atracción de feria se tratara, pero con la irrupción de las vanguardias surge una nueva generación de artistas, exentos de prejuicios, que abrazan el cinematógrafo como un fabuloso medio que les da la oportunidad de aglutinar diferentes disciplinas en una sola. Entre ellos se encuentra un joven Salvador Dalí, que había labrado amistad en Madrid con Federico García Lorca y Luis Buñuel, volviendo a coincidir con este último en París, viviendo juntos la explosión del surrealismo francés. Si bien para Buñuel es el inicio de una fructífera carrera cinematográfica, para Dalí el cine queda como su asignatura pendiente (y nunca aprobada) que, bien porque le cortan las alas, bien porque el resultado no se acerca a lo previsto, hace que sus relaciones cinematográficas sean siempre decepcionantes. Lo que no impide que, a tiempo pasado, algunas de sus incursiones desprendan grandes dosis de encanto.

Un sueño itinerante capaz de ofrecer nuevas posibilidades.

El origen del surrealismo cinematográfico

Un perro andaluz (Un chien andalou, Luis Buñuel, 1929, Francia)

La primera incursión cinematográfica de Dalí se produce en 1929, en Francia, al lado de su por entonces amigo Luis Buñuel, con quien escribe el guión de la primera película auténtica y genuinamente surrealista, en la que también participa como actor. Una sucesión de imágenes y momentos que, imitando la estructura impredecible de un sueño, no siguen un hilo argumental, sino que tratan de provocar y de transmitir emociones, sensaciones y sentimientos. El origen está formado, de hecho, por dos sueños de Dalí y Buñuel, el primero sueña con hormigas que deambulaban por su mano, el segundo con una navaja que secciona un ojo. Dos de las imágenes más poderosas de una película que, aunque muda, en una versión de 1960 su propio director le incluye las piezas musicales con que la habían acompañado en sus primeros pases: un tango y algunos fragmentos de Tristán e Isolda, la ópera de Richard Wagner.

Estrenada el 6 de junio de 1929, se exhibiría posteriormente durante nueve meses que dan cuenta del éxito de la película en su momento, para cuya recepción negativa Buñuel estaba listo y preparado para responder con piedras que tenía escondidas en los bolsillos. A pesar de que Lorca se sintió aludido por el título, Buñuel siempre alegó que proviene de un libro de poemas suyos. Cualquier análisis racional de la obra es inútil e  inservible porque no responde a ningún criterio objetivo, estando más cerca de un poema visual que de cualquier otra forma narrativa. Lo que sí podemos encontrar condensadas son muchas de las señas de identidad que tanto Dalí como Buñuel desarrollarían en sus obras posteriores, quizás más las del cineasta que del pintor.

La edad de oro (L’âge d’or, Luis Buñuel, 1930)

El inesperado éxito de Un chien andalou permite una nueva colaboración entre Buñuel y Dalí, mediante la aportación económica de los vizcondes de Noailles que habían quedado notablemente impresionados por su breve obra. En realidad, la aportación de Dalí es puntual, reduciéndose a una mera sugerencia, por carta, de incluir a un hombre andando con una piedra en la cabeza por delante de una estatua que tiene esa misma piedra en la cabeza. Incluida la sugerencia, Dalí quedó igualmente acreditado como guionista.

Una historia de amour fou (amor loco), de un impulso irresistible que, en cualquier circunstancia, empuja el no hacia el otro a un hombre y una mujer que nunca pueden unirse.

La propia definición que Buñuel hace de su película parece apoderarse del público de la época, que enloquece escandalizado por algunas imágenes y sugerencias, por mucho de que se trate de una nueva obra surrealista que no se desarrolla exactamente en forma de relato, aunque sí tiene unos protagonistas sobre los que recae la mayor parte de la acción. Grupos de extrema derecha destrozan la sala en la que se proyecta y la película se prohíbe en Francia hasta los años 80. Personalmente, encuentro un cierto vínculo entre el final de la película y otra obra no menos escandalosa, Saló y los 120 días de Sodoma (Salò e le 120 giornate di Sodoma, 1975, Italia), dado el nivel de iluminación con el que los monjes salen de su retiro voluntario que se me antoja similar al que debieron alcanzar los infames militares de la película de Pier Paolo Pasolini.

Coqueteando con Hollywood

Marea de luna (Moontide, Archie Mayo & Fritz Lang, 1942, EE.UU.)

Expulsado del movimiento surrealista por sus propios colegas, después de haber pintado algunas de sus obras cumbre como La persistencia de la memoria, y plenamente reconocido a nivel internacional como un artista polifacético y excéntrico, tras haberse ganado sus primeros enemigos por su negativa a condenar el fascismo alemán (como después tampoco condenaría el régimen franquista), Dalí inicia una nueva etapa cinematográfica cuando le hacía entrega del guion de Moontide a Jean Gabin, estrella internacional gabacha de la época. Finalmente su nombre nunca llega a figurar en los créditos de la película como guionista, lo que tampoco debe extrañarnos dada su tendencia a inventar historias, tampoco sería descabellado pensar que nunca hubiera escrito línea alguna.

Archie Mayo sustituye en la dirección a Fritz Lang para dirigir un guión de John O’Hara, con la colaboración de Nunnally Johnson, en lo que era la adaptación de una novela de Willard Robertson. Protagonizada por Gabin, Ida Lupino, Thomas Mitchell y Claude Reins, se trata de un drama con tintes de film noir en el que un borracho se ve mezclado en una reyerta, creyendo al despertar que es el responsable de la muerte de un hombre. Desesperado por el sentimiento de culpa, sólo encuentra la paz al conocer a una joven a la que rescata del mar cuando intenta suicidarse. Una vida, a cambio de otra. Acreditado en el departamento artístico de la película, sí podemos reconocer algunas de las señas de identidad de Dalí en la secuencia de la pesadilla, que diseñó él mismo.

Recuerda (Spellbound, Alfred Hitchcock, 1945, EE.UU.)

Con toda probabilidad, el momento cinematográfico de Dalí más recordado por todos es la secuencia onírica de Spellbound, la película de 1945 dirigida por Alfred Hitchcock, protagonizada por Ingrid Bergman y Gregory Peck. Si el psicoanálisis había sido fuente de inspiración para los surrealistas, aquí Dalí pueda dar rienda suelta a su creatividad desbocada, que, no obstante, se ve mermada por la acción restrictiva de los productores de la película, temerosos de la respuesta del público. Ni pintor ni cineasta quedaron satisfechos con el resultado final que, en cualquier caso, ha quedado como la colaboración cinematográfica más efectiva del pintor catalán.

El padre de la novia (Father of the bride, Vincente Minnelli, 1950, EE.UU.)

Y de nuevo sería una secuencia onírica la aportación de Dalí a una película completamente lejana al ideario surrealista, que cuenta como protagonistas a Spencer Tracy y Elizabeth Taylor en lo que era una comedia romántica dirigida por Vincente Minelli. Que no figure acreditado en el proyecto, indica que, nuevamente, sus diseños tampoco fueron del agrado de los productores, que no entiendo cómo es que volvían a solicitar sus servicios si ya sabían con lo que se iban a encontrar. De cualquier manera, podemos escuchar el eco de sus ideas en esos ojos amenazadores o, sobre todo, en esas piernas alargadas de Tracy cuando es incapaz de avanzar porque el suelo se ha reblandecido y trata de engullirlo como si de unas arenas movedizas se tratara.

Vistiendo mitos castizos

Don Juan Tenorio (Alejandro Perla, 1952, España)

No me extrañaría en absoluto que Gonzalo Suarez buscara inspiración para Don Juan en los infiernos en esta adaptación de la obra de José Zorrila, protagonizada por Enrique Diosdado y Mari Carmen Díaz de Mendoza. Dirigida por Alejandro Perla, se trata de una adaptación que asimila su condición teatral en unos decorados diseñados por Dalí, a partir de un proyecto de Luis Escobar, en los que el vestuario corre también por su cuenta. Toda una excentricidad en la que podemos tender vínculos entre el romanticismo y el surrealismo, que aunque lejanos en el tiempo, no lo están en el sentimiento. ¿No creen que esta película debería ingresar en la lista de las películas de culto españolas?

Reincidiendo en territorio galo

No tengo datos para poder comentar una serie de colaboraciones que vinculan a Dalí con el cine francés a finales de los sesenta. Tan sólo puedo dar cuenta de su participación como actor en títulos como Fun and games for everyone (1968, Serge Bard) o Aussi loin que l’amour (1971, Frédéric Rossif), en lo que intuyo que el primero debe ser una película documental y la segunda un simple cameo.

Mención aparte requiere una obra tan peculiar como Impressions de la Haute Mongolie, un pequeña película documental y pionera, si tenemos en cuenta que se trata de un mockumentary sobre la búsqueda de una seta alucinógena en Mongolia. Una hilarante película protagonizada y dirigida por el propio Salvador Dalí en colaboración de José Montes-Baquer, que me imagino se encargaría de las labores más relacionadas con el rodaje y el montaje. Dedicado a Raymond Roussel, cuyo título toma prestado de una de sus obras, Homage to Impressions d’Afrique, en la banda sonora se pueden descubrir algunas de las piezas musicales favoritas del pintor, estando algunas ya presentes en su colaboración con Buñuel.

Proyectos frustrados

Babaouo (Manuel Cussó-Ferrer, 2000, España)

Tres son, que yo sepa, los proyectos cinematográficos relacionados con Salvador Dalí que nunca vieron la luz, aunque posteriormente se han visto recuperados de alguna u otra manera. En el año 2000, Manuel Cussó-Ferrer, retomaba un texto original de Salvador Dalí, Babaouo, como base de una película fantástica que no ha llegado a trascender realmente y que, de nuevo, nos devuelve a los devaneos audiovisuales de Un chien andalou.

Destino (Dominique Monfery, 2003, Francia & EE.UU.)

En su etapa estadounidenses, Dalí entabla una gran amistad con Walt Disney, vampiro creativo reconocido por sacar el máximo proyecto de artistas mucho más innovadores y cualificados que él, tal y como se puede comprobar en Fantasía, película atonal para la que requiere todo tipo de animadores internacionales de los que se va desprendiendo progresivamente una vez comparten con él sus ideas que traspasaba a sus domesticados ilustradores en nómina. El cine de animación podría haber constituido una perfecta extensión de la creatividad desarrollado por Dalí en el lienzo, y a pesar de que su colaboración da como resultado un bello y poético cortometraje, Destino, nunca fue estrenado, viendo la luz en 2003, a propósito de una retrospectiva del pintor en la Tate Modem.

Jodorowsky’s Dune (Frank Pavich, 2013, Francia & EE.UU.)

Muy cercano tanto en su carácter polifacético como en el polémico, Alejandro Jodorowsky solicitaba la colaboración de Dalí para su proyecto de adaptar Dune, la famosa novela de Fank Herbert, a la gran pantalla. Un proyecto que finalmente sería truncado ante los ¿delirios? de sus artífices, pero que quedará como uno de esos atractivos proyectos nunca realizados que podrían haber constituido una obra ciertamente tan inclasificable como los que pretendían sacarla adelante.

Salvador Dalí en el cine

Aparte de las películas documentales que giran entorno a la figura de Salvador Dalí, como la que Jean-Christophe Averty dirige en 1970, Salvador Dalí: a soft self-portrait (Francia), es lamentable que ninguna película de ficción haya estado nunca a la altura artística de tan rico y estimulante personaje.

Lorenzo Quinn le interpretaba en una floja película de 1991, Dalí, dirigida por Antoni Ribas, mientras que un jovencísimo Ernesto Alterio le interpretaba en otra película de 2001, Buñuel y la mesa de Salomón, no mucho más afortunada por mucho que estuviera dirigida por Carlos Saura. Reconozco que debe necesitarse una gran dosis de sentido del humor para enfrentarse a la interpretación que Robert Pattinson hace del pintor en Little ashes, una película que vuelve a girar en torno al vínculo establecido entre Dalí, Lorca y Buñuel, a la que no me apetece mucho acercarme. Por lo que propongo la breve, pero divertida (y tan delirante como el propio personaje) interpretación que de él hace Adrien Brody en una película dirigida por Woody Allen: Midnight in Paris.

Publicada originalmente en

EXTRACINE: HPTX Cine y TV
EXTRACINE: HPTX Cine y TV
Anuncios

Un comentario en “Las locas y extravagantes incursiones de Salvador Dalí en el cine

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s