Life: James Dean visto por Dennis Stock

Life: ¿tendrá James Dean el biopic que se merece?

Life: James Dean visto por Dennis Stock
USA. New York City. 1955. James Dean haunted Times Square. For a novice actor in the fifties this was THE place to go. The Actors Studio, directed by Lee Strasberg, was in its heyday and just a block away. © Dennis Stock / Magnum Photos / Agentur Focus

Es posible que la trayectoria cinematográfica de Anton Corbijn sea breve, pero no por ello deja de ser interesante. Todavía pendiente de estreno en los Estados Unidos El hombre más buscado (A most wanted man, 2014), tercera película de una trayectoria que se completa con El americano (The American, 2010) y Control (2007), el cineasta de origen holandés ya prepara su nuevo proyecto, Life, un biopic sobre la relación entre el mítico actor James Dean y el retratista Dennis Stock. Con guión de Luke Davis y un presupuesto de casi 12 millones de euros, Corbijn ha anunciado su intención de comenzar a rodar a inicios del año que viene, aunque todavía no tiene reparto confirmado.

Por si alguien tuviera alguna duda sobre la capacidad de un cineasta de origen holandés, que apenas ha trabajado en el cine estadounidense —por mucho que su segunda película estuviera protagonizada por George Clooney—, para abordar un biopic de James Dean, debemos recordar que son tres las características que hacen de Life un proyecto a su medida. Por un lado estamos hablando de un personaje que vivió deprisa y murió joven, en la misma línea que Ian Curtis, líder de la banda de post-punk Joy Division, a quien retratara con elocuencia y precisión en Control (2007), y por otro lado su propia trayectoria como fotógrafo de estrellas de rock, le coloca al mismo nivel del fotógrafo que en su día mantuvo una relación profesional con un actor que acabaría convertido en mito, una trayectoria paralela a la que él mismo viviera en sus inicios con el líder de Joy Division, que también acabaría formando parte de la leyenda musical.

Life pretende centrarse en la relación de actor y fotógrafo cuando este último entró a formar parte de la agencia Magnum, en 1951, después de obtener el premio para jóvenes fotógrafos que otorgaba la revista Life. Para esta publicación siguió al protagonista de películas míticas como Al este del edén (East of Eden, 1955, Elia Kazan), Rebelde sin causa (Rebel without a cause, 1955, Nicholas Ray) y Gigante (Giant 1956, George Stevens), hasta su pueblo natal, Marion, a inicios de 1955, justo antes del estreno de su primera película. En septiembre de ese mismo año fallecería a causa de un accidente de circulación al volante de su Porsche 550 Spyder. Algunas de las fotografías que Dennis Stock le hizo en ese tiempo acabarían por formar parte del mito en el que James Dean se convertiría en muy poco tiempo. Si no has visto ninguna de sus películas es casi obligatorio que revises cualquiera de ellas. Son sólo tres.

Life: James Dean visto por Dennis Stock
Life: James Dean visto por Dennis Stock

Tres ingredientes hacen indispensable la que fuera la única película que su protagonista estrenara en vida, Al este del edén. Kazan dirigía a Dean en la adaptación de la popular novela homónima de John Steinbeck. El guionista encargado de la adaptación, Paul Osborn, se centraba en la última parte del relato, haciendo hincapié en la rivalidad entre dos hermanos con personalidades antitéticas que compiten por el cariño de su padre, un granjero californiano que les había hecho creer que su madre estaba muerta, cuando en realidad era la dueña de un local de alterne. Muchos documentales se han encargado de dar rienda suelta a las mil y una anécdotas que se produjeron en un rodaje en el que James Dean nunca repetía una toma de la misma manera, para desconcierto de actores tradicionales, como Raymond Massey, o en la que comenzó a forjar esa leyenda en torno a los actores del método, a quienes los profanos atribuyen que necesitan que sus sentimientos son verdaderos, a lo que atribuyen la enemistad en la vida real con Richard Davalos, su hermano en la ficción. Si también podemos destacar la presencia de Jo Van Fleet, lo cierto es que el gran logro de Elia Kazan con su película fue el de conseguir utilizar el Cinemascope de una manera verdaderamente dramática y psicológica por primera vez desde que se había instaurado.

Quizás la película que más contribuiría a la construcción del mito fuera la de Nicholas Ray en cuyo reparto también se integraban Natalie Wood y Sal Mineo. Perfectamente encuadrada dentro del espíritu de la Generación Perdida, al igual que ya lo estaba Al este del edén, Dean volvía a interpretar a un joven adolescente insatisfecho con una situación familiar que no entendía sus necesidades, como también les sucedía a la pareja que había coincidido con él en una comisaría. Adolescentes desorientados que sólo buscaban el amor, cariño y comprensión que no eran capaces de encontrar en sus respectivos entornos familiares. Un pantalón vaquero con el bajo vuelto, una camiseta blanca y una chupa de cuero terminaron por identificar al rebelde sin causa que muchos adolescente llevaban dentro, en aquella en época y en muchas posteriores. Aquí coincidía por primera vez con un actor de estatura similar, que tomaría buena cuenta de su actitud rebelde, dentro y fuera de la pantalla: Dennis Hopper.

El accidente en el que Dean perdía la vida sorprendía al equipo de rodaje de Gigante, árido melodrama épico basado en una novela de Edna Ferber, en cuyo reparto se integraban Elizabeth Taylor, Rock Hudson, Carroll Baker, Rod Taylor y Mercedes McCambridge. Primera y única nominación a un premio Oscar para James Dean, por su personaje de Jett Rink, la película conseguiría nueve nominaciones más de las que el único premio recaería en su director, George Stevens. Un rodaje igual de conflictivo que aquí la leyenda atribuye a la relación de amistad que unía a Dean con Taylor, que mientras esta se deshacía sexualmente por los favores de Rock Hudson, éste lo intentaba con James Dean, no siendo ninguno correspondido. De nuevo repetían junto a Dean tanto Sal Mineo como Dennis Hopper, aquí en un personaje mucho más extenso. James Dean se ajustaba perfectamente a las necesidades de un relato épico para el que también tendría sus habituales improvisaciones, que harían de su interpretación el centro de todas y cada una de las secuencias en las que aparecía. Quizás sea lo que hoy en día algunos tilden como un ‘películón’, en un tono relativamente despectivo, pero es posible que haya sido la que mejor ha resistido el paso del tiempo.

Tan sólo un año después de su muerte, Robert Altman y George W. George, elaboraban un documental a partir de las múltiples imágenes y películas domésticas que permitían trazar el recorrido vital de James Dean, desde sus orígenes en Farimont, la pérdida de su madre, su adolescencia rural y su carácter más inconformista que rebelde, que contrastaban con entrevistas y declaraciones de sus familiares, amigos y colegas de profesión. La película era el documental The James Dean story (1957) y con él nacía la leyenda de un mito tan efímero como eterno.

Publicado originalmente en Extracine

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