Lo que hacemos en las sombras (What we do in the shadows, 2014, Taika Cohen & Jemaine Clement)

Muestra Syfy 2015: menos mal que nos queda Nueva Zelanda | 400 Films

Cuidadito con levantarle la patita a Leticia Dolera. Peligros de etiquetar a la musa de la Muestra Syfy en Twitter cuando escribes sobre alguna de las perlas que deja caer sobre el escenario del Cine Callao, que luego te llama la atención delante de todos, sobre todo si te metes con su afición a los pepinos o su inclinación a celebrar las muestras de amor (que viene a ser, más o menos, lo mismo). Si bien es cierto que a veces puede resultar graciosa, lo cierto es que debería dejarse aconsejar por un estilista y seguir un guión escrito por algún profesional, lo que apoyado en su frescura y espontaneidad haría más estimulantes las presentaciones de cada una de las sesiones. Queda claro que no pudo ser, aunque sí acertó al bautizar esta primera sesión del viernes como la de «los motivados», por estar a las 15:30 de la tarde para premiarnos con la que era la primera gran sorpresa del día.

La proyección de Housebond, ópera prima de Gerard Johnsotone, que ya pasara por la sección panorama de Sitges, comenzó con desconfianza por parte del público, por aquello de que una de las productoras se llamaba Semi-profesional y la advertencia de que los subtítulos podrían no corresponder con la imagen por que no se habían realizado a partir de la misma copia. ¿¡Perdón!? Ahora se entiende lo que decían la noche anterior sobre donde se podía ver Under the skin (2013, Jonathan Glazer), capaces son de poner esa misma copia. Pero la película supo atrapar al espectador desde su primera secuencia, cargada de un sentido del humor que no abandonaría ni en los momentos más sangrientos. Housebound funciona a la perfección en todas sus vertientes: como psicodrama familiar en la onda Hermano mayor, como ejercicio gótico nostálgico de casa encantada con fantasmas, como psicodrama a caballo entre internados con huérfanos o criaturas salvajes, y hasta como buddy movie con esa impagable relación entre reo y policía. Todo esto con un estupendo ritmo, unos cambios de registro extraordinariamente hábiles y oportunos, y con mención especial para su efectiva banda sonora.

La insustancial anécdota sobre un cineasta español en Japón con la que nos torturó Dolera para presentar Tokyo Tribe (2014, Sion Sono) no fue suficiente para iluminar sobre todo lo se nos echaba encima. El cineasta nipón nos regala un bodrio de dimensiones technotrónicas, mitad ópera tan rockopop como rococó mitad megamix tribal con aspiraciones a película de culto, salpicada de homoerotismo descarado y cargada de acción descabellada que no convenció a (casi) nadie a pesar de tener tantos excesos e ingredientes. Por mucho que la maestra de ceremonias podría haber comentado el extraordinario parecido de uno de los personajes con Florentino Fernández, lo que nos daría idea de las dimensiones de lo que podía haber hecho Santiago Segura de haber nacido en Japón, tan sólo le preocupó las veces que se aludía a los miembros masculinos, o que las chicas de la película fueran demasiadas veces en ropa interior, sin haberse dado cuenta de que también ellos marcaban paquetito alguna que otra vez y que se vieron incluso más culos de chicos que tetas de chicas. Si es que ya digo que necesita un guión.

La tercera película de la jornada, Burying the ex (2014, Joe Dante) venía avalada por un reparto más o menos conocido, dirigido por uno de esos cineastas que todos adoramos por haber sido responsable de algunos de los títulos más entrañables de la década de los ochenta, como Piraña (Piranha, 1978) o Aullidos (The bowling, 1981) y algunos bastante curiosos de los noventa, como Matinee (1993) o Pequeños guerreros (Small soldiers, 1998) —una pena que este año no hayan recuperado alguna sesión nostálgica—, pero no encontraría el camino del éxito con la llegada del nuevo siglo, más que por alguna serie de televisión. Comprensible que Dolera no fuera muy efusiva a la hora de presentar su película, porque estando medianamente entretenida y teniendo algún que otro punto original, como rescatar algún secundario de Gremlins (1984), dejó bastante que desear. Al menos para este momento ya no quedaba ni rastro del sombrero que lucía en la primera sesión.

Me resulta extraño el comentario de Dolera sobre las películas con premios en festivales que luego no se estrenan en salas comerciales. Más que nada porque Lo que hacemos en las sombras (What we do in the shadows, 2014, Taika Cohen & Jemaine Clement) no sólo fue la única película cuyos subtítulos estaban integrados en la imagen, sino que incluso tenía algunos créditos adaptados al español y llegaba además precedida por el logotipo de la distribuidora española Festival Films, lo que indica que, con toda probabilidad, tiene fecha de estreno en las salas españolas. De lo que no tengo dudas es sobre los motivos por los que la película ha gustado tanto, más al público de Sitges y Toronto, que a los miembros de sus jurados y de otros festivales, puesto que es una comedia gamberra y lisonjera, muy agradecida y divertida que nunca pierde el pulso y siempre tiene la capacidad de sorprender con alguna excentricidad, sacando incluso partido a la tan demonizada saga Crepúsculo (Twilight, 2008, Catherine Hardwicke).

Antes de la presentar esta cuarta sesión, y para mayor desgracia del autor del post de La mansión del terror, Bea y Rafa subieron a darse el requerido beso para volver a hacer de ésta una nueva edición del amor. A continuación hubo otro momento mucho más glorioso cuando, tras la presencia en el escenario de Paco Fox para solicitar fondos para su próximo proyecto cinematográfico, vía crowfounding o a través del honroso ofrecimiento de poner el culo por 3.000€, y del productor del cortometraje Safari (2013, Gerardo Herrero), la maestra de ceremonias se bajó del escenario para besar a un espectador que había claramente mentido al afirmar que [REC]3: génesis (2012) era la mejor de toda la saga de Jaume Balagueró y Paco Plaza. Fíjate que creo que hasta se lo debió tragar porque no volvió a subir al escenario y se fue a celebrarlo, porque ya no volvió para presentar la última película de la noche, una original pero prescindibleHunger of the dead (Hunger Z, 2014, Naoto Tsukiashi) que, en cualquier caso, demostró que un planteamiento original resulta más efectivo que uno explosivo —lo digo porTokyo Tribe—, aunque las delicias japonesas del día, quedaron totalmente soterradas por los sabrosos platos que nos llegaron desde Nueva Zelanda.

Publicado originalmente en 400 Films

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