Goodnight Mommy (Ich sen, Ich seh, 2014, Severin Fiala & Veronika Franz)

Muestra Syfy 2015: el día de los animales domésticos y las alimañas salvajes | 400 Films

Estando repleta la sesión de «los motivados», un servidor se preguntaba con qué nos sorprendería hoy Leticia Dolera. Pero no vino. Quizás no le interesaba una fabulosa película de animación como Song to the sea (2014, Tomm Moore), un formidable cuento cargado de tanta magia como crueldad, que venía avalado por el premio a la mejor película de animación del Festival de Gijón, además de haber estado nominada al Oscar a la mejor película de animación. Construido a partir de un maravilloso universo visual, se trataba de un relato repleto de criaturas extraordinarias, rebosantes de emociones y sentimientos, que consiguió cargarnos el corazón, y lo digo en plural porque el público aplaudió a rabiar.

A las 17:30 la musa de la Muestra Syfy hizo su aparición, reconociendo que se había quedado durmiendo la siesta y metiendo la pata, adelantándose por un día al Día Internacional de la Mujer Trabajadora. A partir de ahí se enredó en una discusión innecesaria sobre la igualdad y presentar a continuación Goodnight Mommy (Ich seh, Ich seh, 2014, Severin Fiala & Veronika Franz), una película sobre una madre con problemas para controlar a sus hijos gemelos, que venía con el aliciente de tener una Mención Especial en Sitges y estar producida por Ulrich Seidl, lo que garantizaba una obra llena de sordidez máxima. Haciendo alarde de que controla mogollón sobre su profesión, Dolera quiso ilustrar el pase diciendo que la película era como una mezcla entre Fanny games (1997, Michael Haneke), ¿Quién puede matar un niño? (1976, Narciso Ibáñez Serrador), una película (cualquiera supongo) de David Cronenberg y Canino (Kynodontas, 2009, Giorgos Lanthimos)… Y de nuevo se equivocó porque habría sido mucho más apropiado referirse a los traumas de los niños que vieron Sonrisas y lágrimas (The round of music, 1965, Robert Wise) cuando eran descendientes directos de los que habían protagonizado La cinta blanca (Das weisse Band – Eine deutsche Kindergeschichte, 2009, Michael Haneke). Cualquier adjetivo se queda frío, corto y plano para describir una película que consigue manipular al espectador con una única trampa y que, creando una cierta empatía con todos los personajes de la película, que es lo que resulta mas incomodo de todo, consigue dejarte el corazón congelado, petrificado.

No me extraña que haya graciosos (de mierda) que interrumpan la tensión que provocaba Goodnight mommy, porque da la impresión de que la propia Dolera les anima a este estúpido comportamiento. De hecho, lo primero que hizo ella misma fue explicar la película, por si no nos había quedado claro. Para la próxima me traigo un poco de pegamento, o mejor chicle y se lo pego en el pelo, que es más mi estilo y lo que hago con las azafatas de tierra de Ryanair. Donde sí estuvo acertada fue al mencionar a Richard Linklater como influencia directa de Spring (2014, Justin Benson & Aaron Moorhead), que, de hecho, si no hubiera tenido toque fantástico alguno habría resultado mucho mas estimulante. La película estaba cargada de clichés, tanto de lo que piensan los americanos sobre los europeos como al revés. Y a pesar de que me pareció hasta entretenida, daba la impresión de que el asunto fantástico tardaba mucho en aparecer, así como que no era resuelto en toda su medida. Pero que no me llamen para verano o otoño, no estoy seguro que volviera.

Terrible. Para presentar la cuarta sesión Leticia Dolera recuperó su sombrero hortera, y su afición por el amor recuperado por Spring, para lo que hizo volver a subir al escenario a Bea y Juanma, que no Rafa como decíamos ayer… Después aprovechó para promocionar su película, Requisitos para ser una persona normal (2015), que estará en el Festival de Málaga, pero no en el de Hawai (la nueva broma de este año). El que se suponía que era plato fuerte de la noche, Cub (Welp, 2014, Jonas Govaerts), que para eso venía avalado con el premio al mejor director en Sitges, dio para mucho aunque no convenció del todo. Lo mejor sin duda, fue la descriptiva frase con que Dolera la definió: «la venganza del friqui», demostrando que ella misma estaba a la altura del monitor con perro de la película. Quizás si hubiera estado desarrollada en Australia o incluso en los Estados Unidos, me habría creído la trama, pero se suponía que estábamos en un bosque de Bélgica. Da la impresión de que el director pretendía explorar los mecanismos por los que la violencia se transmite de generación en generación, y lo cierto es que me resultó una experiencia realmente intensa, pero planteó alguna que otra duda al dejar demasiados cabos sueltos (o pendientes de un fino hilo) sobre el origen del entramado sobre el que se arma el relato. Por momentos me recordaba aquella otra película loca de Alexandre Aja, Alta tensión (Haute tensión, 2003), y por momentos la extravagancia dirigida por Luiso Berdejo en los Estados Unidos, La otra hija (The new daughter, 2009), pero sin llegar ni a la originalidad de la primera planteando un argumento manido, ni a la profundidad de la segunda.

Un perro, cuatro búhos y varias focas se colaron en la primera película de la tarde; gusanos, cucarachas y un gato se colaban en la segunda; conejos, cabras y una criatura polimorfa se colaban en la tercera; otro perro en la cuarta y media docena de locas en la última dan cuenta de por qué la segunda jornada de la 12ª Muestra Syfy parecía ser un ciclo dedicado a los animales domésticos y las alimañas salvajes, en cualquier caso, una jornada mucho más reconfortante que la anterior, a pesar de la última película. Ya que era medianoche, Dolera quiso reincidir sobre el Día Internacional de la Mujer, para lo que aprovechó el pase de Crazy bitches (2014, Jane Clark), una película protagonizada por mujeres y escrita y dirigida igualmente por una mujer que, sin embargo, responde a todos los clichés del cine masculino más sexista. Estuvo Chris Orchard, uno de los productores de la película, polifacético como pocos que demostró por qué se ve obligado a compaginar su activadas cinematográfica con trabajos alimenticios. Confieso que no me quedé hasta el final.

Publicado originalmente en 400 Films

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