Citas y frases de «Cómo acabar de una vez por todas con la cultura»

Titulo original: Gettin even
Autor: Woody Allen
Año: 1971
País: EE.UU.

Mucho antes de que se convirtiera en tan respetado cineasta gracias a sus obras como denostado individuo por las declaraciones de la hija biológica de Mia Farrow, a quien había abandonado por otra hija de esta, adoptada en este caso, Woody Allen hacía gala de su pluma y verborrea cómica en The New Yorker. Eran los años sesenta, un tiempo de libertad creativa en el que nadie se escandalizaba por que se utilizara la ironía para darle manteca a los judíos o al mismísimo Hitler y poner de vuelta y media el arte, la filosofía, la religión o el psicoanálisis sin que te secuestraran el libro o te metieran en la cárcel, como pasa hoy en día. A partir de sus descabelladas y absurdas reflexiones, Allen pone de manifiesto lo absurdo que puede llegar a ser el ser humano y las cosas que le parecen importantes.

A Metterling le gustaba dormir con ropa de cama limpia y lo mismo le sucede a sus personales de ficción.

A ella le encantaban sus camisetas y sus pañuelos, pero más que nada adoraba sus calzoncillos. Escribió Nietzsche que los calzoncillos de Metterling eran lo más sublime que había encontrado en su vida, incluyendo Así habló Zaratustra. Nietzsche se portó como un caballero al respecto, siempre sintió celos de los calzoncillos de Metterling y le contó a sus íntimos que le parecían «hegelianos en extremo».

Con los conocimientos adquiridos gracias a este sueño, Freud pudo ayudar a Metterling, y los dos se hicieron bastante amigos fuera del psicoanálisis, aunque Freud jamás permitió que Metterling se pusiera a sus espaldas.

A finales de 1944, Göring se dejó el bigote y esto hizo correr el rumor de que pronto reemplazaría a Hitler. Éste se enfureció y acusó a Göring de deslealtad. «Sólo debe haber un bigote entre los líderes del Reich: ¡el mío!», gritó. Göring argumentó que dos bigotes podían insuflar en el pueblo alemán mayores esperanzas con respecto a la guerra, que iba mal, pero Hitler pensó que no. Luego, en enero de 1945, fracasó una conspiración de varios generales para afeitar el bigote de Hitler mientras sormía y proclamar a Doenitz como nuevo líder, cuando Von Stauffenberg, en la oscuridad del dormitorio de Hitler, sólo le afeitó, por equivocación, una de las cejas.

Presento a continuación una breve muestra del cuerpo principal de tesoros intelectuales que lego a la posteridad, o al a mujer de la limpieza que llegue primero.

Mi mente jamás puede conocer mi cuerpo, aunque se ha hecho bastante amiga de mis piernas

La realidad a la que me refiero es la misma que describió Hobbes, pero un poco más pequeña

Schopenhauer llamó a esto «voluntad», pero su médico la diagnosticó como fiebre del heno.

La nada eterna está muy bien si vas vestido para la ocasión

Para celebrar su sexagésimo quinto cumpleaños, inventa la hamburguesa y hace giras personales por las grandes capitales del mundo preparando hamburguesas en salas de concierto ante numerosas y agradecidas audiencias. En Alemania, Goethe sugiere servirlas con panecillos, una idea que deleita al conde quién, más tarde, dice del autor de Fausto: «Este Goethe es un gran tipo». Estas palabras deleitan a Goethe, aunque al año siguiente los dos hombres rompen su relación por una desavenencia en torno a los conceptos de poco hecho, al punto y muy hecho.

NAT: ¿Qué pretende decir con eso de quién me creo que soy? ¿Acaso soy un don nadie?
LA MUERTE: Nadie no. Es un modisto de prêt-à-porter. ¿De dónde va a sacar un conocimiento de los misterios eternos?

Para aquello sestudiantes que sienten interés especial por estos aspectos de la psicología se aconseja cualquiera de los siguientes cursos de invierno: Introducción a la hostilidad; Hostilidad intermedia; Odio avanzado; Fundamentos teóricos del asco.

—Rabino, ¿por qué no podemos comer cerdo?
—¿No podemos? —preguntó incrédulo el rabino—. ¡Ah, eso sí tiene gracia!

Crees en Dios? Si crees en Él, ¿cuánto crees que pesa?

¿Por qué tenemos los días contados y no clasificados por orden alfabético?

Tanto Gertrude Stein como yo examinamos con meticulosidad las últimas obras de Picasso, y Gertrude Stein opinó que «el arte, todo el arte, es simplemente la expresión de algo». Picasso no estuvo de acuerdo y dijo: «Déjame en paz. Estoy comiendo». Mi opinión fue que Picasso tenía razón: estaba comiendo.

Tomé una cerveza en O’Rourke y traté de hilvanar todos los datos, pero no dio resultado. Sócrates era suicida, o por lo menos eso decían. A Cristo lo mataron. Nietzsche murió loco. Si realmente había alguien responsable de todo eso, era lógico que quisiera guardar el secreto.

Todo hecho muy al azar. No parece que hayan seguido ningún sistema. Un impulso.

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