Cara Delevingne es Melanie en El rostro de un ángel

El rostro de un ángel: la verdad siempre será una mera especulación

Cartel de El rostro de un ángel
Cartel de El rostro de un ángel (The face of an angel, 2014, Michael Winterbottom)

Título original: The face of an angel
Año: 2014
Nacionalidad: Reino Unido, Italia & España

Dirección: Michael Winterbottom
Guión: Paul Viragh, basado en un libro de Barbie Latza Nadeau
Producción: Melissa Parmenter
Fotografía: Hubert Taczanowski
Música: Harry Escott
Montaje: Marc Richardson
Diseño de producción: Carly Reddin
Dirección artística: Giulia Parigi
Vestuario: Deniela Ciancio
Reparto: Cara Delevingne, Kate Beckinsale, Daniel Brühl, Sara Stewart, Genevieve Gaunt, Lucy Cohu, Mathan stewart-Jarrett, Ava Acres, John Hopkins, Sai Bennett, Rosie Fellner, Alistair Petrie, Peter Sullivan, Valerio Mastandrea, Corrado Invernizzi, Andrea Tidona, Austin Spangler, Alessandro Ananasso, Anjella Mackintosh, Ranieri Menicori, Enrico Maria De Michele…

En algunas ocasiones solemos dar una leve importancia a aquellos relatos que están ‘basados en historias reales’, independientemente del sensacionalismo con el que se muestren. Al menos les prestamos un cierto interés, particularmente cuando se trata de hechos relacionados con la muerte de personas inocentes. Una predisposición que no deja de ser una paradoja en sí misma, porque cualquier relato de ficción está igual de cerca de la realidad que uno ‘basado en hechos reales’. En el caso de El rostro de un ángel, la aproximación que Michael Winterbottom propone sobre el asesinato de Meredith Kercher, no sólo es delicada y respetuosa con el suceso en sí, así como con todos los afectados por el suceso, sino con el hecho de que aunque haya una sentencia y un juicio, dirimiéndose responsabilidades, señalándose víctimas y verdugos o incluso arrastrando a inocentes a la cárcel, nunca sabremos la verdad de lo que sucedió.

No hace falta que sea un crimen perpetrado en Italia a una adolescente británica a manos de una americana, un italiano y un africano, lo podemos comprobar en cualquier noticiario nacional. La semilla del mal vive entre nosotros y en cualquier lugar nos vamos a encontrar con truculentas historias a las que, incluso cuando sepamos quienes han realizados unos determinados hechos, nunca llegaremos a entender la verdad. Más allá de los casos mostrados en una serie como La huella del crimen (1985, 1991, 2009, Pedro Costa), en nuestra historia negra más reciente nos encontramos con casos que nos siguen poniendo los pelos de punta. Podemos debatir largo y tendido sobre las niñas de Alcázer, el caso de José Bretón, el de Marta del Castillo o el reciente asesinato de Asunta, pero nunca llegaremos a entender los mecanismos por los que un deseo o un pensamiento fugaz condujeron hasta una acción que provocó un desenlace tan fatal.

Y ese es el punto de partida de Winterbottom. Por mucho que una historia esté ‘basada en hechos reales’, cualquier reconstrucción de esos hechos sigue siendo una mera especulación, cualquier relato de estas características sigue siendo un relato de ficción. De ahí que utilice un alter ego en forma de director de cine al que han encargado convertir una realidad en el argumento de una película. Es posible que la resolución no sea tan contundente como el concepto en sí mismo, pero al menos el cineasta es coherente consigo mismo, sin llegar, eso sí a la efectividad de Atom Egoyan en un relato como El dulce porvenir (The sweet hereafter, 1997). Pero es que, a diferencia del cineasta canadiense, Winterbottom no habla tanto del suceso, del crimen, como de los conflictos personales de un cineasta con una hija adolescente que investiga el crimen de otra adolescente, a lo que se suman las inseguridades y el infierno personal del propio individuo ¿sexualmente estimulado por otra casi adolescente?

¿Debe el arte responder a las preguntas que la vida no puede? Thomas-Winterbottom plantea la necesidad de añadir ficción a la verdad, a la recreación de un determinado suceso, porque resultaría excesivamente duro si se muestra tal y como es. Al fin y al cabo la manipulación de cualquier acontecimiento viene dada por el punto de vista de quién lo cuenta, transformando, maquillando, suavizando o endureciendo la realidad y tamizado por todas las manos pro las que pasa. En este caso, aunque podamos ver a Thomas como un alter ego de Winterbottom, lo cierto es que el director se limita a aportar su grano de arena a un guión escrito por Paul Viragh, adaptación de un libro de Barbie Latza Nadeau, basado en una historia real… lo que indica que estamos viendo un relato que ha pasado ya por varias manos. En esta inevitable espiral de manipulación, casi parece normal que el relato quede relativamente confuso, tanto como la historia original de la que parte. Quizás el director pierda en algún momento el pulso del relato, pero me da la impresión de que tampoco pretende dar clases de nada, no siendo profesor, y al fina y al cabo la película tampoco está estructurada como si se tratara de un thriller que pretendiera llevarnos a alguna conclusión determinada. Lo que al menos sí consigue es que Daniel Brühl y Kate Beckinsale parezcan naturales, lo que ya es todo un auténtico logro.

Daniel Nrühl y Kate Beckinsale son Thomas y Simone Ford en El rostro de un ángel
Daniel Nrühl y Kate Beckinsale son Thomas y Simone Ford en El rostro de un ángel (The face of an angel, 2014, Michael Winterbottom)
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