Sinister 2 (2015, Ciaran Foy)

Sinister 2: cuidado, cineastas de pacotilla haciendo secuelas con ideas recauchutadas

Cartel de Sinister 2 (2015, Ciaran Foy)
Cartel de Sinister 2 (2015, Ciaran Foy)

Título original: Sinister 2
Año: 2015
Nacionalidad: EE.UU.

Dirección: Ciarán Foy
Guión: Scott Derrickson & C. Robert Cargill
Producción: Jason Blum, Scott Derrickson & Brian Kavanaugh-Jones
Fotografía: Amy Vincent
Múscia: tomandandy
Montaje: Timothy Alverson, Ken Blackwell, Michael Trent
Diseño de producción: Bill Boes
Dirección artística: Merje Veski & Jason Garner
Decorados: Erika Hood, Larry Lundy & Regina O’Brien
Vestuario: Stephanui Lewis
Reparto: James Ransone, Shannyn Sossamon, Robert Daniel Sloan, Dartanian Sloan, Lea Coco, Tate Ellington, John Beasly, Lucas Jade Zumann, Jaden Klein, Laila Haley, Caden M. Fritz, Olivia Rainey, Nicholas King, Michael B. Woods, Tory O. Davis, Jowie Johnson, Grace Johnson, Grace Holuby, John Francis Mountain, Nicole Santini, Stephen Varga, Skylar McClure, Ethan Hawke, Juliet Rylance, Michael Hall D’Addario, Clare Foley, Victoria Leigh…

Ver una secuela sin haber visto su precedente tiene la ventaja de no poder hacer comparaciones. Todo lo peor que puede pasar es que la segunda parte se zambulla (que no caiga) sin complejo alguno en el ridículo, como sucede con Sinister 2 (2015, Ciaran Foy), eliminando cualquier interés en echar un vistazo a Sinister (2012, Scott Derrikson). Aunque todo depende del punto de visto, porque si lo pensamos un poco estamos ante una auténtica ganga que al pagar la entrada te lo dan todo gratis: el acoso familiar y el maltrato infantil, los fantasmas, la casa encantada y lso espacios oscuros a pesar de que la luz esté encendida, snuff movies (aquí en 16 mm en lugar de Super 8), un disco de vinilo para escuchar la banda sonora simultáneamente y hasta las radios. ¿Radios? Sí, radios que se encienden solas… ¿Películas en Super 8, vinilos y  radios en la misma película que móviles y ordenadores? Aquí alguien se ha hecho un lío porque en lugar de parecer que es una continuación temporal de la anterior, pareciera su precedente. Qué incrédulos aquellos que no han querido creer la larga lista de críticas negativas de la película, metiéndose en el cine para sufrir un bodrio como este, entiendo que en los Estados Unidos no quisieran hacer pases de prensa, lo entiendo perfectamente.

De nada les sirve a Scott Derrikson y C. Robert Cargill haber desarrollado una secuela, que sobre el papel podría haber parecido algo, si el director escogido para traducir el texto en imágenes carece de toda ética audiovisual. Y cuando digo ética, me refiero a la estética, porque el problema de Sinister 2 no es su argumento, sino que la exposición de su trama se reduzca a una sucesión de imágenes con vocación tenebrosa que, al carecer de emoción alguna, mínimo sentido y asomo de coherencia, terminan por resultar, no ya gratuitas, sino molestas, ridículas y rabiosamente aburridas. Lo más siniestro de la película es que no haya recurrido al sentido del humor en un intento de, al menos, hacernos disfrutar de alguna manera de una relato que no conseguiría asustar ni a los niños. Y sí, es cierto que algunos momentos de la película nos recuerdan a la mítica Los chicos del maíz (Children of the corn, 1984, Fritz Kiersch), supuesto homenaje que los autores de la película han pregonado, con lo que se limitan a constatar su propia ineficacia al evidenciar que con los mismos elementos del relato de Stephen King no sólo no son capaces de hacer una película terrorífica, sino que termina siendo francamente patética.

Sinister 2 (2015, Ciaran Foy)
Sinister 2 (2015, Ciaran Foy)

Es cierto que se puede ver la película sin haber visto la anterior, pero claro, al momento surgen las dudas sobre la conexión entre amabas, lo que me ha llevado a ver Sinister a posteriori, constatando que si bien Derrickson tuvo algo más de pericia dirigiendo su propio guión, tampoco es que fuera como para celebrarlo con esta secuela con ideas recauchutadas, como si de una operación estética a una persona insatisfecha se tratara, y mucho menos escogiendo como hilo conductor al personaje más ridículo. Quizás lo que más me llama la atención es la conexión de ambas películas con el mítico Arrebato (1979) de Iván Zulueta, en la que su protagonista, y el que trataba de averiguar lo que le pasó, también fueran abducidos por una película casera, pero, desde luego, sin la fascinación que despertaba la magnífica obra del cineasta vasco, que no sólo resultaba siniestra, sino extraordinariamente perturbadora. Es triste que hasta el cine independiente haya caído en los mismos defectos que el cine comercial made in Hollywood, llegando a producir secuelas innecesarias de películas que ni siquiera llegaron a constituir un auténtico éxito de público, mucho menos artístico, como para justificar una segunda tortura en el espectador. Casi que reviso de nuevo ¿Quién puede matar a un niño? (Who can kill a child? 1978, Narciso Ibáñez Serrador), flamante predecesora del relato del escritor de Maine, que además sí resulta francamente siniestra.

 

 

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