Cuando hablaban de tortura china se referían a The assassin

Cartel de The assassin (Nie yin niang, 2015, Hou Hsiao-Hsien)
Cartel de The assassin (Nie yin niang, 2015, Hou Hsiao-Hsien)

Título original: Nie yin niang
Año: 2015
País: Taiwan, Hong Kong, China & Francia

Dirección: Hou Hsiao-Hsien
Guion: Zhong Ah-Cheng, Chu Tien-Wen, Hsieh Hai-Meng & Hou Hsiao-Hsien, basado en un relato de Pei Xing
Producción: Hou Hsiao-Hsien, Huang Wen-Ying & Liao Ching-Song
Fotografía: Lee Ping Bin
Montaje: Huang Chih-Chia & Liao Ching-Song
Música: Lim Giong
Diseño de producción: Huang Wen-Ying
Vestuario: Huang Wen-Ying
Reparto: Shu Qi, Chang Chen, Satoshi Tsumabuki, Ethan Ruan, Nikki Hsieh, Ni Dahong, Zhang Shijun, Michael Chang, Jiang Wen, Zuo Xiaoqing, Xu Fan, Tadanobu Asano, Zhou Yunin

Independientemente de quienes sean los miembros del jurado, de todos los premios que concede el Festival de Cannes, el más discutible siempre me parece el de la mejor dirección. Ocho años ha tardado Hou Hsiao-Hsien en hacer una nueva película y ocho años (u ochenta) me parece que va a tardar un servidor en volver a ver otra, no ya nueva, sino cualquiera de las que haya realizado. En realidad tan sólo he visto una de las anteriores, El maestro de marionetas (Xi meng ren sheng, 1993), que tampoco me convenciera en su momento aunque también llegara avalada con premio en el mismo festival.

Podría hablar del magnífico diseño de producción de The assassin, de su abrumadora dirección artística o de su poderoso vestuario, hasta incluso de su naturalista fotografía. Pero no conseguiría transmitir lo que he experimentado viendo una película cuyo mayor logro es el de utilizar sangre de pollo para simular que te ha bajado el período y no estás embarazada. Tampoco se trata exactamente de que el conflicto se desarrolle más a través de los diálogos que de las acciones, lo que ya de por sí hace más pesado el desarrollo del relato, incluso a pesar de que tenga un par de secuencias muy bien coreografiadas. El principal motivo que dificulta disfrutar de The assassin es que a mitad de la película (incluso mucho antes) ya no te acuerdas de cuál era su argumento porque todo ha transcurrido a un ritmo tan insoportablemente lento que desespera.

No sabes si es que no te has enterado de nada o que te has dormido y has despertado perdiéndote el momento crucial de la película, o si es que había terminado y no te habías dado cuenta de que estabas en una sesión doble de cine chino de época. Ni siquiera los aleatorios movimientos de cámara, al menos aparentemente, dan para discutir sobre las intenciones de su director, porque llega un momento que, como diría Reth Buttler, le película te importa un bledo y sólo quieres que termine y se acabe. Y matar a todo el mundo, y  sacar fuera toda la violencia que, sin mostrar armas ni tener apenas secuencias violentas, es lo que la película mejor te transmite: violencia contra ella.

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