Hyena: el infierno del crimen (Hyena, Gerard Johnson, 2014)

«Hiena: el infierno del crimen»: drugos convertidos en animales

Cartel de Hyena el infierno del crimen
Cartel de Hyena el infierno del crimen (Hyena, Gerard johnson, 2014)

Título original: Hyena
Año: 2014
Nacionalidad: Reino Unido

Dirección: Gerard Johnson
Guion: Gerard Johnson
Producción: Elizabeth Karlsen, Joanna Laurie & Stephen Woolley
Fotografía: Benjamin Kracun
Montaje: Ian Davies
Música: Matt Johnson
Diseño de producción: Marie Lanna
Dirección artística: Melanie Light
Decorados: Jerry Bland
Vestuario: Suzie Harman
Reparto: Peter Ferdinando, Stephen Graham, Neil Maskell, Elisa Lasowski, MyAnna Buring, Richard Dormer, Gordon Brown, Tony Pitts, Orli Shuka, Gjevat Kelmendi, Thomas Craig, Lorenzo Camporese, Shaban Arifi, Alfred Doda, Mem Ferda, Can Kabadayi, Juliet Oldfield…

No sé si será una predisposición personal, pero lo primero que pienso con la secuencia inicial de Hienas, el infierno del crimen es en los drugos de La naranja mecánica (Clockwork orangeStanley Kubrick, 1971), aquellos jóvenes que se vistieron de uniforme para seguir aplicando la misma ley que cuando eran delincuentes. Cuatro son también los policías de la película dirigida por Gerard Johnson, y la manera en la que irrumpen en un establecimiento nocturno para arrasarlo y coger lo que les viene en gana bien parece una alusión directa a la adaptación cinematográfica de la novela de Anthony Burgess. Aquí también el líder de la banda se desmarca de sus compañeros, pero no por rebelión, sino por impacto, por decirlo de alguna manera, por percibir en primera línea lo que son capaces de hacer unas alimañas que viven totalmente fuera de la ley. Aquí no hay buenos ni malos, sino más bien malos más y menos malos, o con mayor o menor capacidad de hacer daño.

Peter Ferdinando es Michael en Hienas el infierno del crimen
Peter Ferdinando es Michael en Hienas el infierno del crimen (Hyena, Gerard Johnson, 2014)

En su segunda película como director después de Tony (2009), Johnson —auténtico terrorista psicológico cuyo objetivo no parece ser otro que destrozar emocionalmente al espectador— escarba en la corteza terrestre para sacar toda la basura oculta del Reino Unido, ese país tan moderno, avanzado y educado, no está exento de tener una unidad de policías que combate el narcotráfico de manera tan efectiva como nihilista. Nos encontramos por debajo incluso del nivel en el que se revolvían aquellos escarabajos de David Lynch en Terciopelo azul (Blue velvet, 1987), porque el relato nos arrastra a una esfera en la que todo está corrupto y podrido, un nivel en el que rebosa la misma mierda de aquel cuarto de baño de Trainspotting (Danny Boyle, 1996). Salvo que aquí no hay humor, ni mucho menos condescendencia con los personajes. Tampoco nos encontramos, desde luego, ante una de esas películas en clave de género protagonizadas por Jason Stathan, en las que la violencia juega en favor de la diversión. Aquí al primer golpe ya no te levantas. Te desplomas y no hay opción alguna de que puedas devolver el golpe. La violencia es implacable. Sucia. Demoledora. Exactamente igual que los perturbadores personajes que la aplican.

Orli Shuka y Gjevat Kelmendi son los hermanos Nikolla Kabashi y Rezar Kabashi en Hienas: el infierno del crimen
Orli Shuka y Gjevat Kelmendi son los hermanos Nikolla Kabashi y Rezar Kabashi en Hienas: el infierno del crimen (Hyena, Gerard Johnson, 2014)

Ganadora del premio a la mejor película en la sección Orbita de Sitges, la película consigue transmitir a la perfección la sensación de que puedes estar prisionero, aunque puedas salir a hacer la compra, trabajar en un club o incluso te permitan caminar por la calle. Aquí la extorsión conlleva un nivel de sometimiento psicológico tan difícil de soportar que incluso te dará miedo pensar en escapar. Mucho menos de superar lo que te ha sucedido, si acaso llegas a salir. En este sentido, recuerdo aquella película española, Secuestrados (2010, Miguel Ángel Vives), en la que también se producía esa colisión entre el instinto y la razón a través del desconcierto unos ante un uso primario y totalmente instintivo de la violencia aplicada por seres mucho más cerca de un animal que de un ser humano con una mínima conciencia.

Stephen Graham es David Knight en Hienas el infierno del crimen
Stephen Graham es David Knight en Hienas el infierno del crimen (Hyena, Gerard Johnson, 2014)

Es la violencia de la que nos alertaba Michael Haneke en Funny games (1997), en su versión alemana, que revalidaba en Funny games (2007), su versión estadounidense, demostrando una década después que occidente sigue sin estar preparado para la violencia cuando llega de personas que carecen del más mínimo apego a la vida, particularmente la ajena. Esta violencia no tiene nada que ver con un puñetazo aunque sea a un presidente, cosa de niños para estos embrutecidos depredadores que pasan completamente desapercibidos en nuestra sociedad, unos porque llevan placa, otros porque no están enfermos o, desde luego, no lo parecen a primera vista. En este mundo poblado por hienas, no es una cuestión de buenos ni malos, sino de quien es más rápido y tiene menos escrúpulos.

 

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