Steve Jobs (Danny Boyle, 2015)

«Steve Jobs»: ese ogro al que nos encanta amar

Cartel de Steve Jobs
Cartel de Steve Jobs (Danny Boyle, 2015)

Título original: Steve Jobs
Año: 2015
Nacionalidad: EE.UU.

Dirección: Danny Boyle
Guion: Aaron Sorkin, basado en el libro homónimo de Walter Isaacson
Producción: Danny Boyle, Guymon Casady, Christian Colson, Mark Gordon & Scott Rudin
Fotografía: Alwin H. Küchler
Montaje: Elliot Graham
Música: Daniel Pemberton
Diseño de producción: Guy Hendrix Dyas
Dirección artística: Peter Borck & Luke Freeborn
Decorados: Gene Serdena
Vestuario: Suttirat Anne Larlarb
RepartoMichael Fassbender, Kate Winslet, Seth Rogen, Jeff Daniels, Michael Stuhlbarg, Katherine Waterson, Pertla Harney-Jardine, Ripley Sobo, Makenzie Moss, Sarah Snook, John Ortiz, Adam Shapiro, John Steen, Stan Roth, Mihran Slougian, Robert Anthony Peters, Noreen Lee, Gail Fenton, Karen Kahn, Rachel Caproni, Lily Tung Vrystal, Damara Reilly, Marika Casteel, Dylan Freitas-D’Louhy, Chris Tomasso, John Chovanec, Daniel Liddle, Lora Oliver, Colm O’Riain, Anita Bennett, Greg Mills, Melissa Etezadi, Rick Chambers, Sara Welch, Emmett Miller, Marc Istook, Carlo Cecchetto, Kristina Guerrero, Bill Seward, Mark Mester, Derrin Horton…

Hace unos años, cuando un servidor no tenía ni Mac, ni iPad, ni iPod, ni iPhone, recuerdo que me acercaba a aquellos míticos y multitudinarios lanzamientos de Apple con cierto recelo. No me parecían otra cosa que eventos artificiales en los que la exaltación del espectador y la mitificación del individuo que los presentaba, Steve Jobs, se parecían más a la devoción de unos feligreses a su predicador que a otra cosa. Hasta el día que compré mi primer Mac y entendí que lo que aquellos (muy mal denominados y demonizados) fanboys, no eran en absolutos seguidores de una secta, sino personas que escuchaban a un individuo que había salido de la cueva, había visto que podía haber un mundo mejor en el que los sueños se hacían realidad, y regresaba para explicarles (y venderles, por supuesto) el camino hacia la luz. Son sentimientos imposibles de explicar a los (bien denominados) haters, que nunca consumirían un producto Apple, aunque no se den cuenta de que ya lo están haciendo a través de sucedáneos de menor calidad.

Los debates en torno a este asunto me parecen aburridos y sin sentido, porque nunca he visto a nadie quejarse de que te compres una cafetera y no puedas utilizar las cápsulas de otra marca, o que te compres una nevera y no puedas utilizar las bandejas de otra, o que te compres una televisión y no puedas utilizar el mando de otra, o que tu coche no pueda tener el motor de una marca y el chasis de otra. Quizás por eso me parece tan apropiado que Aaron Sorkin no sólo haya desarrollado su retrato de Steve Jobs a través de la evolución de esas convenciones, sino que, precisamente, mostrando sin ningún complejo las contradicciones del personaje consigo mismo, con su familia, con sus colegas y hasta con sus propias creaciones, consigue transmitirnos a la perfección que un ingeniero que no era ingeniero, que un diseñador que no era diseñador, que un ingeniero informático que no era ingeniero informático consiguiera crear, diseñar y desarrollar unos productos tecnológicos que realmente nos hacen la vida más fácil. Y así es como realmente llega a convertirse en un auténtico gurú que supo conectar con las necesidades de su público. En el caso de Steve Jobs no pretendía vendernos un producto, sin presentarnos realmente aquello que ni siquiera nos habíamos atrevido a imaginar que pudiera llegar a hacerse realidad. Me quedo con las palabras de Seth Rogen, que tuvo que investigar para saber quien era su personaje, Steve Wozniak, cofundador de Appel, aunque sabía de sobra quién era Steve Jobs.

Te quiero porque no te importa cuánto dinero puedas ganar, sino lo que puedes hacer con él.

No seré yo quien recuerde a Danny Boyle por sus grandes películas, que no tiene (o tenía, ahora sí), sino por sus múltiples bodrios y por su capacidad para (él sí) manipular al espectador con sus ejercicios pirotécnicos en los que siempre ocultaba sus carencias expresivas a través de una banda sonora exultante, una fotografía más o menos deslumbrante o un montaje trepidante. Podemos darle muchas vueltas a la teoría de autor de los chicos de la nouvelle vague, pero, al menos a un servidor, no le cabe duda alguna de que la persona que dirige en este caso la orquesta no es tanto Boyle como Aaron Sorkin. No vamos a encontrar aquí las señas de identidad del director de títulos como Tumba abierta (Shallow grave, 1994), Trainspotting (1996) o 28 días después (28 days later, 2002), únicos de su filmografía que me gustan. Más bien todo lo contrario, lo importante en Steve Jobs no es el relato sino los personajes, de la misma manera que son sus emociones las que importan, no el impacto que pueda causar en el espectador, como sucede habitualmente en su cine. Steve Jobs es al cine de Danny Boyle lo que La red social (The social network, 2010) al cine de David Fincher, ambas películas que surgen de guiones de Sorkin, auténtico autor real de ambos títulos.

Michael Stuhlbarg, Michael Fassbender y Kate Winslet son Andy Hertzfeld, Steve Jobs y Joanna Hoffman en Steve Jobs
Michael Stuhlbarg, Michael Fassbender y Kate Winslet son Andy Hertzfeld, Steve Jobs y Joanna Hoffman en Steve Jobs (Danny Boyle, 2015)

De la misma manera que a Steve Jobs, el personaje, le importan más los resultados, los hechos, que el camino y la manera en que consigue aquello con lo que ha soñado, en Steve Jobs, la película, es más importante llegar al fondo del camino a través de los resultados, de las acciones, que del personaje. Quizás por eso nos enfrentamos a un relato de estructura inductiva, que nos llevará a la esencia del personaje única y exclusivamente en la última secuencia de la película. El relato nos sumerge en un campo de realidad distorsionada en el que se suceden los ataques y los reproches, pero en el que se muestra igualmente la extraordinaria capacidad de resiliencia de un individuo que no parecía ser otra cosa que una anomalía implacable que sabía dirigir con precisión su maravillosa orquesta. Más allá de la extraordinaria aportación de todos y cada uno de los miembros del reparto –memorables Michael Fassbender, Kate Winslet y Seth Rogen–, no sé hasta qué punto el relato tendrá la capacidad de emocionar a quienes no conozcan el periplo de Jobs, dado que no se alumbra en exceso sobre muchos aspectos de su trayectoria profesional, permitiendo que sea en muchos casos el espectador quien complete algunas lagunas con sugerencias, como también se dibuja su trayectoria personal con trazos sencillos pero que, en cualquier caso sí permiten entender los conflictos a los que se enfrenta. Pero lo que sí puedo asegurar es que estamos ante un biopic que consigue transmitir con fuerza y contundencia las razones por las que se puede llegar a amar a una persona cuyo comportamiento no era precisamente ejemplar, pero cuya filosofía de vida le ha convertido en un ser inmortal, en ese ogro al que nos encanta amar.

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