Point break: sin límites

«Point break: sin límites»: llegar a la espiritualidad por el camino de la estupidez

Cartel de Point break: sin límites
Cartel de Point break: sin límites (Point break, Ericson Core, 2015)

Título original: Point break
Año: 2015
Nacionalidad: Alemania, China & EE.UU.

Dirección: Ericson Core
Guion: Kurt Wimmer, según una idea original de Rick King, W. Peter Iliff y Kurt Wimmer, según el guión original de W. Peter Iliff, desarrollado a su vez según una idea original de Rick King y W. Peter Iliff
Producción: John Baldecchi, Broderick Johnson, Andrew A. Kosove, Chris Taylor, David Valdes & Kurt Wimmer
Fotografía: Ericson Core
Montaje: John Duffy, Gerald B. Greenberg & Thom Noble
Música: Junkie XL
Diseño de producción: Udo Kramer
Dirección artística: Michael Fissneider & Ralf Schreck
Decorados: Michael Fechner
Vestuario: Lisy Christi
Reparto: Édgar Ramírez, Luke Bracey, Ray Winstone, Teresa Palmer, Marias Varela, Clemens Schick, Tobias Santelmann, Max Thieriot, Delroy Lindo, Nikolai Kinski, Judah Lewis, Glynus barber, Steve Toussaint, James Le Gros, Bojesse Christopher, Ronak Patani, Eddie Santiago Jordan, Patrick Dewayne, Seumas F. sargent, Numan Acar, Julien Lambert, Laird John Hamilton, Jörg Reichlin, Christian Koch, Stephan Baumecker, Jeff Burrell, Francesco Martino, Louie Enriquez, Gerard Monaco, Mouloud Achour, Faris Al-Sultan, Bob Burnquist, Kenny Glasgow, Sal Masekela, Michael Raelert, Brett Rosenberg, Seth Troxler, Sebastian zietz, Steve Aoki, Jeb Corliss, Xavier De Le Rue, Christian Haller, Eric Koston, Chris Sharma, Mitch Toelderer, Louie Vito, Marco Velutti…

Pocas veces sucede que un servidor encuentra satisfacción al predecir una secuencia, pero es lo que me sucede con el principio de Point break: sin límite. No sé si es tanto predecirlo como desear que suceda lo que estoy pensando mientras dos descerebrados recorren en moto la cima de una cordillera… hasta que pasa lo inevitable. Y ahí es donde disfruto, lástima que a partir de ese momento no sólo nada vuelva a ser tan gratamente predecible, sino que además resulta de lo más aburrido, lo que puede llegar a ser incomprensible en una película que derrocha testosterona. ¿He dicho derrocha? La sobredosis es tal que a veces me planteo si no será una película gay.

Responsable de algún que otro bodrio –Esfera (SphereDanny Boyle, 1998), Ultravioleta (Ultraviolet, Kurt Wimmer, 2006), Salt (Philip Noyce, 2010)–, además de incapaz de renovar mínimamente un remake –El secreto de Thomas Crown (The Thomas Crown affairJohn McTiernan, 1999), Desafío total (Total recallLen Wiseman, 2012)–, alguien debería considerar no volver a invertir en un guion escrito por Kurt Wimmer. A pesar de que resulta totalmente innecesario un remake de la película homónima dirigida por Katheryn Bigelow en 1991, en primera instancia se agradece que siendo fiel a su espíritu, el relato se aleje lo suficientemente de su precedente como para no tener la sensación de estar viendo la misma película, que es lo que suele pasar.

Pero claro, resulta muy peligroso introducir la espiritualidad dentro de un contexto en el que cualquier intención de profundidad psicológica se diluye con la misma rapidez con la que cae el de la moto de la primera secuencia. Si el relato es de por sí poco interesante y sus protagonistas carecen del carisma y el encanto de sus predecesores (que ya es decir), la propuesta se ahoga irremediablemente en la estética de videoclip hortera con la que nos tortura Ericson Core en el que es su segundo largometraje como director. ¿Y qué me dices de esa secuencia underwater a medianoche, en la que sus protagonistas ven debajo del agua como si estuvieran a mediodía en la plaza del pueblo. Es el inevitable resultado de una propuesta que se desarrolla en un contexto artificial y forzado en el que la policía del mundo (FBI) sigue a “deportistas” extremos en la India, México, Francia y allí donde se quieran matar, aunque no tengan jurisprudencia. Es lo que pasa cuando siguen a gente capaz de decir que sólo su propia mierda es preciosa. Me da la impresión de que los responsables de este bodrio no llegaron a marcarse una línea, se lanzaron sin paracaídas al vacío y se estrellaron como el motorista de la primera secuencia. Esta no es la película que quieres ver el 1 de enero. Ni después.

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