Tom Hardy y Tom Hardy como Ronald y Reggie Kray en Legend

«Legend»: nada como faltar a la verdad para conseguir efímera notoriedad

Cartel de Legend
Cartel de Legend (Brian Helgeland, 2015)

Título original: Legend
Año: 2015
Nacionalidad: Francia & Reino Unido

Dirección: Brian Helgeland
Guion: Brian Helgeland, basado en un libro de John Pearson
Producción: Tim Beva, Chris Clark, Quentin Curtis, Eric Fellmer & Brian Oliver
Fotografía: Dick Pope
Montaje: Peter McNulty
Música: Carter Burwell
Diseño de producción: Tom Conroy
Dirección artística: Gareth Cousins, Marco Anton Restivo & Patrick Rolfe
Decorados: Crispian Sallis
Vestuario: Caroline Harris
Reparto: Colin Margon, Tom Hardy, Christopher Eccleston, Joshua Hill, Emily Browning, Paul Anderson, Tara Fitzgerald, Nicholas Farrell, Adam Fogerty, Mel Raido, Major John Finley, Millie Brady, Chris Mason, Stephen Thompson, Sam Spruell, Taron Egerton, Alex Ferns, Martin McCreadie, Shane Attwooll, Richard Riddell, Huggy Leaver, Sam Hoare, David Thewlis, Frankie Fitzgerald, Christopher Adamson, Chazz Palmintieri, Alex Giannini, Duffy, Samantha Pearl, Mark Theodore, Lara Cazalet, Charley Palmer Rothwell, Tim Faraday, John Sessions, Kevin McNally, Tim Woodward, Nick Hendrix, Robert Ashby, Geoffrey Beevers, Jane Wood, Jon McKenna, John Sears, Stephen Lord, Lorraine Stanley, Ashley Byam…

Abordar un biopipc de personas demasiado conocidas tiene grandes inconvenientes. El primero es que cualquiera tiene acceso a las particularidades de los personajes que se retratan y el segundo es que si tomas el camino de la evasión te conviene convertir tu película en una montaña rusa para eludir las carencias argumentales. En el caso de la aproximación cinematográfica que Brian Helgeland realiza sobre los infames hermanos Kray, fracasa en ambas vertientes convirtiendo Legend en uno de esos incomprensibles misterios que arrastran al público a la sala de cine, desbancando a Trainspotting (Danny Boyle, 1996) del honorable puesto de la película más taquillera del Reino Unido. O sea, que se equipara a los Ocho apellidos vascos (Emilio Martínez Lázaro, 2014) españoles.

En el caso de los despiadados hermanos Kray, las fuentes no se limitan al libro de Johbn Pearson, sino que además existe una película previa, Los Kray (The Krays), dirigida por Peter Medak, estrenada en 1990. Más allá del afortunado casting de su predecesor, que contaba con los hermanos, Gary Kemp Martin Kemp, miembros ambos del grupo musical Spandau Ballet, proporcionando a sus respectivos personajes de ese puntillo de icono popular del que gozaban en su tiempo, a quien se hecha más de menos es a la madre de la pareja, interpretada en aquella película por la inigualable Billie Whitelaw. El problema no es que hayan reemplazado a la matriarca, sino que prácticamente la han eliminado del relato. ¿ Dónde queda lo de «power, fear, family»?Una decisión sorprendente si tenemos en cuenta que su mera presencia contribuye a explicar por sí misma la compleja relación que mantenían ambos hermanos, así como su las contradicciones de su despiadada naturaleza. No se trata de que Helgeland nos proponga otros motivos para el comportamiento de los hermanos Kray, es que no aporta ninguno. ¿Dónde queda lo de «notorious true story»?

Legend termina siendo un biopic tan superficial como insustancial en el que los personajes no se mueven como si estuvieran en el Londres de los años sesenta, sino tal y como si estuvieran en una película de la edad dorada de Hollywood, donde le gustaría terminar a su director (cosa que conseguirá con toda probabilidad). De hecho, en ocasiones me planteo si estoy en una película de animación por el exceso de efectos CGI o en una fiesta de disfraces dada la incapacidad de la fotografía para camuflar el carácter artificial de los elementos artísticos. Ni siquiera los guiños a Martin Scorsese, en la secuencia de entrada al club de la mano de su novia en su primera cita, o a Quentin Tarantino, con los estallidos de violencia con mordisco a una oreja incluido, consiguen reblandecer el corazoncito del cinéfilo más entregado. Todo lo contrario, sólo consiguen resaltar el descaro de su autor que suple sus carencias creativas con la falta de profundidad psicológica en los personajes y la total ausencia de causa-efecto en sus actos y acciones.

Poco o nada vamos a encontrar en este relato de lo que había en sí había en L.A. confidential (Curtis Henson, 1997) o en Mystic river (Clint Eastwood, 2003), ambos guiones de Helgeland. Ni siquiera el punto marica de uno de los hermanos sirve de estímulo, porque más allá de algún momento ocurrente, resulta una aportación cobarde, puesto que tan sólo se menciona, sin que su condición sexual sea determinante ni para el relato ni para el personaje. Estamos ante una obra totalmente gratuita que no sólo no aporta otra cosa que no sea aburrimiento, sino que resta el limitado esfuerzo de Tom Hardy, que cae en saco roto, así como todos y cada uno de los secundarios que se pasean por la película, volviendo a poner sobre la mensa el problema de Emily Browning, gran protagonista de bodrios que no sabemos si tiene mala suerte con los papeles que escoge o son las películas las que tienen la mala suerte de contar con ella.

 

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