Jennifer Lawrence es Joy

«Joy»: la (extra)ordinaria mujer detrás de la fregona milagrosa

Cartel de Joy
Cartel de Joy (David O. Russell, 2015)

Título original: Joy
Año: 2015
Nacionalidad: EE.UU.

Dirección: David O. Russell
Guion: David O. Russell, basado en una idea original de Annie Mumolo y David O. Russell, inspirado en la historia real de Joy Mangano
Producción: John Davis, Megan Ellison, Jonathan Gordon, Ken Mok & David O. Russell
Fotografía: Linus Sandgren
Montaje: Alan Baumgarten, Jay Cassidy, Tom Cross & Christopher Tellefsen
Música: David Campbell & West Dylan Thordson
Diseño de producción: Judy Becker
Dirección artística: Peter Rogness
Decorados: Hillary Derby & Heather Loeffler
Vestuario: Michael Wilkinson
Reparto: Jennifer Lawrence, Robert De Niro, Bradley Cooper, Édgar Ramírez, Diane Ladd, Virgina Madsen, Isabella Rossellini, Dascha Polanco, Elisabeth Röhm, Susan Lucci, Laura Wright, Maurice Bernard, Jimmy Jean-Louis, Ken Howard, Ray De La Paz, John Enos III, Marianne Leone, Drena De Niro, Isabella Crovetti-Cramp, Emily Nunez, Madison Wolfe, Aundrea Gadsby, Gia Gadsby, Tomas Elizondo, Zeke Elizondo, Alexander Cook, Lori McCoy-Bell, Melissa Rivers, Donna Mills, Patrick Pitu…

¿Cómo es posible que Manuel Jalón Corominas no tenga biopic mientras que Joy Mangano ya tiene el suyo? Quizás sea que a ningún cineasta español le parece interesante hacer una película sobre el ingeniero aeronáutico que inventó tan cotidiano utensilio como la fregona, aunque podrían hacérselo igualmente a propósito de la jeringuilla desechable, que también es obra suya. Por otro lado, tampoco es muy probable que ningún cineasta estadounidense vaya a aventurarse a hacerlo, más que nada porque ni le conocen a él ni a su invento, dado que el gobierno estadounidense no quiere ni pagar los royalties de la fregona española. Así se explica que una ama de casa estadounidense en crisis libere sus frustraciones diseñando otra fregona, en este caso milagrosa, que además de hacer su función también te puede ayudar a hacer músculo.

Aunque lo más curioso de Joy no es el relato ni su protagonista, sino que el objetivo de David O. Russell no era tanto reflejar la metamorfosis de una ama de casa en mujer de negocios, sino el de transmitir que cualquier persona puede llegar a convertirse en lo que desea por acción propia, o dicho de otra manera: el sueño americano. No sé si será cosa de Jennifer Lawrence, pero reconozco que, inicialmente, Russell consigue introducirnos el rollito de feel-good-movie en el cuerpo, de manera que deseamos fervientemente que Joy consiga su propósito, igual que su abuela. Pero sólo con buenas intenciones no se consigue una buena película, o al menos no una completa. Y mira que me da rabia porque nunca había visto una película con este tono tan distendido que hiciera guiños a cineastas tan intensos como Orson Welles y David Lynch.

La alusión al primero es de espíritu, a través del plano con el que se inicia la narración, siguiendo el mismo movimiento de cámara que cuando Susan Alexander ofrece su punto de vista de Kane, partiendo aquí del punto de vista de otro personaje, el de la abuela de Joy. Luego está la nieve y la infancia perdida, aunque esto cuesta un poco más de hilvanar con Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941). Sin embargo es mucho más directa la alusión al segundo, porque aparte de apropiarse de una de sus premisas habituales, convertir en extraordinario un hecho ordinario, también recluta a tres actrices directamente vinculadas con su cine: Virgina Madsen, que fuera la princesa Irulan en Dune (1984), Isabella Rossellini, Dorothy Valens en Terciopelo azul (Blue velvet, 1986), y Diane Ladd, la madre de Lula en Corazón salvaje (Wild at heart, 1990). ¿Y cómo es que se dejó fuera a Laura Dern, ya puestos?

La pena es que una película no conmueve por sus intenciones, sino por sus emociones. Y a pesar de que Joy consigue momentos realmente espléndidos, mayormente vinculados con la abuela, y te transmite las ganas de hacer cosas, lo cierto es que termina siendo como un chicle, que al principio tiene mucho sabor, que va perdiendo sabor a medida que lo vas masticando. Es posible que no se apara tanto y esté exagerando un poco, pero también lo es que las expectativas en las primeras secuencias son muy altas, pareciendo que vamos a volver a disfrutar de una comedia dramática en la línea de El lado bueno de las cosas (Silver linings playbooks, 2012), que para eso comparte protagonistas y hasta a Robert De Niro,  desinflándose poco a poco para terminar siendo justo todo lo contrario que pretendía: el relato no tan extraordinario de una mujer más bien ordinaria, pero que luce divina en la imagen de Jeniffer Lawrence, que es lo más extraordinario de la película, además de la abuela.

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