Eddie Redmayne y Alicia Vikander son Lili Elbe y Gerda Wegener en La chica danesa

«La chica danesa»: marido o modelo, pero no las dos cosas

Cartel de La chica danesa
Cartel de La chica danesa (The Danish girl, Tom Hooper, 2015, Reino Unido, Alemania & EE.UU.)

Título original: The Danish girl
Año: 2015
Nacionalidad: Reino Unido, Alemania & EE.UU.

Dirección: Tom Hooper
Guion: Lucinda Coxon, basado en una novela de David Ebershoff
Producción: Tim Bevan, Eric Fellner, Anne Harrison, Tom Hooper & Gail Mutrux
Fotografía: Danny Cohen
Montaje: Melanie Oliver
Música: Alexandre Desplat
Diseño de producción: Eve Stewart
Dirección artística: Grant Armstrong & Tom Weaving
Decorados: Michael Standish
Vestuario: Paco Delgado
Reparto: Alicia Vikander, Eddie Redmayne, Amber Heard, Ben Whishaw, Matthias Schoenaerts, Sebastian Koch, Tusse Silberg, Adrian Schiller, Emerald Fennell, Henry Pettigrew, Claus Bue, Peter Krag, Angela Curran, Pixie, Richard Dixon, Tip Torrens, Paul Bigley, Nancy Crane, Nicola Sloane, Sonya Schoenaerts, Clare Fettarappa, Jake Graf, Victoria Emslie, Raphael Acloque, Alexander Devrient, Nicholas Woodeson, Philip Arditti, Miltos Yeromlemou, Cosima Shaw, Sophie Kennedy Clark, Rebecca Root, Issy Van Randwyck, Aisha Fabienne Ross, Holly Weston, Eleanor Hafner, Maya Lindh, Rebecca Clay, Erich Redman…

A veces sabemos más cosas de la gente, que lo que las personas saben de sí mismas y ,de la misma manera, hay ocasiones en las que los accidentes no son tales, sino que se producen como si se tratara de una premonición. Es lo que le sucede al pintor Einar Wegener cunado su esposa, la también pintora Gerda Wegener, le pide que pose para él con unas medias y unos zapatos de mujer, despertando sin pretenderlo unos sentimientos soterrados y hasta olvidados. Luego quizás no fuera exactamente un accidente, sino que es probable que la esposa supiera ver más allá de lo que le mostraba su marido. Tras su incursión en el genero musical con Los miserables (Les misérables, 2012), Tom Hooper retorna a lugares comunes a la película que le hiciera intencionalmente conocido, El discurso del rey (The king’s speech, 2010). Como en aquella ocasión nos encontramos con un individuo que tiene un problema físico, que tiene que buscar ayuda médica para corregir lo que la naturaleza no supo darle.

A primera vista no parece que La chica danesa no podría sorprendernos demasiado, dado que el propio planteamiento del conflicto parece determinar su resolución. Lucinda Coxon se encarga de la adaptación cinematográfica de la novela de David Ebershoff, basada a su vez en la vida real de Lili Elbe, primer transexual que recurre a la cirugía para extirpar sus genitales, cuyo testimonio dejó en los diarios que su propio médico le aconseja desarrollar como terapia. Tan fascinante resulta la evolución de la metamorfosis de Einar hasta convertirse en Lili, demostrando que el amor no está determinado por la sexualidad, como la de ella aceptando una realidad que no puede evitar,  reflejando la necesidad de identidad de ambos, que se fortalece a medida que ella acepta verbalmente el cambio de género. El género y la sexualidad se apoyan de esta manera en personajes diferentes, permitiendo que el espectador consiga separar una cosa de la otra. Si el relato ya se desarrolla con extraordinaria sensibilidad, sin llegar en ningún momento a la sensiblería, la aproximación visual de Hooper tampoco muestra afectación alguna. Arropado con su equipo artístico habitual —vuelve a hacer de las paredes sus grandes aliados estéticos—, logra perturbar con momentos cargados de una explosiva emoción contenida, como el primer beso de Lili con otro hombre o el reencuentro con aquel primer amor de Einar.

A pesar de que el título de la película parezca obvio, lo cierto es que se presta a la misma confusión de identidad que tienen sus protagonistas, porque no sé hasta qué punto se refiere a Lili o a Gerda, dado que más allá de que sea el relato del primer transexual de la historia, también es la historia de amor que una mujer siente por otra persona, sin importarle demasiado si es un hombre o una mujer. Igualmente, tampoco asistimos únicamente al desarrollo del género de Einar, sino también al de Gerda como artista, que sólo consigue el esplendor artístico a través del florecimiento de la mujer que su marido lleva dentro. La evolución de ambos se muestra de esta manera intrínsecamente vinculada, reforzando que no se trata de un accidente fortuito, sino de un claro ejemplo de premonición emocional.

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