«En el sótano»: un espacio por el que deambula gente normal, después de todo

Cartel de En el sótano
Cartel de En el sótano (Im Keller, Ulrich Seidl, 2015, Austria)

Título original: Im Keller
Año: 2014
Nacionalidad: Austria

Dirección: Ulrich Seidl
Guion: Veronika Franz & Ulrich Seidl
Producción: Ulrich Seidl
Fotografía: Martin Gschlacht
Montaje: Christoph Brunner
Reparto: Fritz Lang, Alfreda Klebinger, Manfred Ellinger, Inge Ellinger, Josef Ochs, Alessa Duchek, Gerald Duchel, Cora Kitty, Peter Vokurek, Walter Holzer…

Tras los falsos paraísos que mostraba en Paraíso: amor (Paradies: Liebe, 2012), Paraíso: fe (Paradies: Glaube, 2012) y Paraíso: esperanza (Paradies: Hoffnung, 2012), Ulrich Seidl nos arrastra ahora hasta un nuevo paraíso, que en esta ocasión no es falso, pero sí secreto porque permanece oculto En el sótano.

Pocos son los personajes que pueblan su sórdido documental, pero tampoco hacen falta más para causar un sórdido impacto en cualquier espectador. Lo más perturbador de esta insólita mirada a la privacidad cotidiana no es que sea real, sino que lo que en realidad estamos viendo no es otra cosa que gente normal. Si preguntamos a cualquiera de sus vecinos estoy convencido de que nos dirían que se trata de gente normal, de los que te saludan cuando te cruzas al ir a comprar el pan o que charlan de cosas intrascendentes con sus colegas de trabajo. Seguro que incluso recordarán que compartieron aula o hasta pupitre con alguno de ellos en la escuela y no les llamaron particularmente la atención. O sea: gente normal. En un país como Austria puede ser muy normal encerrar los secretos, las frustraciones más ocultas y los más sórdidos hobbies en el sótano de casa. Aunque no pondría yo la mano en el fuego por los sótanos europeos en general, ni por supuesto por los americanos o los de cualquier otro lugar.

La intimidad de una casa seguro guarda muchas sorpresas, pero poco tiene que ver con la oscuridad de lo que se oculta en su sótano. Lo más terrible no es lo que Seidl nos enseña, sino que es bien probable que no nos lo creeríamos si no fuera un documental, si no supiéramos que son personas reales que se atreven a abrirnos las puertas de sus hogares y exponerse de esta manera en un escalofriante ejercicio de sinceridad, que a alguno de ellos le ha costado bien caro puesto que ha terminado condenado. Me refiero al nazi, al que la justicia no dudó en perseguir y procesar por apología del nazismo.

Una cosa me queda clara dentro de tanta sordidez: no es lo mismo esconder un secreto en soledad que tenerlo en pareja. Si en la primera mitad de la película está ocupada por individuos, la madre, el armero, el nazi, el cazador, que desarrollan sus aficiones en solitario o sin compartirlas con sus respectivas parejas —no sabemos quién le pasa la bandeja de comida al nazi— sino con otros individuos que están tan mal como ellos, en la segunda mitad casi resultan hasta graciosas las prácticas sexuales de las parejas, aunque estén basadas en la dominación y la sumisión o directamente en el placentero dolor del masoquismo. Es probable que no muchos entiendan este sentido del humor, pero si los lobos solitarios dan bastante miedo, las parejas de estos sótanos son francamente encantadoras.

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