Jem y los hologramas (Jem and the holograms, Jon Chu, 2015, EE.UU.)

«Jem y los hologramas»: la película ‘teen’ que te hace infeliz

Cartel de Jem y los hologramas
Cartel de Jem y los hologramas (Jem and the holograms, Jon Chu, 2015, EE.UU.)

Título original: Jem and the holograms
Año: 2015
Nacionalidad: EE.UU.

Dirección: Jon Chu
Guion: Ryan Landels
Producción: Jason Blum, Scooter Braun, Jon M. Chu, Stephen Davis, Brian Goldner & Bennett Schneir
Fotografía: Alice Brooks
Montaje: Michael Trent & Jillian Twigger Moul
Música: Nathan Lanier
Diseño de producción: Kevin Bird
Dirección artística: Jennifer Moller
Decorados: Lori Mazuer
Vestuario: Soyon An
Reparto: Aubrey Peeples, Stefanie Scott, Aurora Perrineau, Hayley Kiyoko, Molly Ringwald, Isabella Kai Rice, Barnaby Carpenter, Jason Kennedy, Nathan Moore, Juliette Lewis, Ryan Guzman, Justin Alastair, Mischke Butler, Samantha Newark, Christopher Scott, Marcei Ann Brubaker, Jackie Tohn, Ken Baker, Britta Phillips, Phillip Chbeeb, Nicholas stewart, Kelsey Landels, Jessica Lee Keller, Ryan Hansen, Wuddusm Christy Marx, Hana Mae Lee, Katie Findlay, Eiza González, Kesha, Alicia Keys, Chris Pratt, Dyayne Johnson, Jimmy Fallon…

La línea entre el cine infantil y el cine para adolescentes es cada vez más difusa. Normal cuando un fenómeno de la magnitud de Justin Bieber arrasa más entre niñas a mitad de formar, que entre adolescentes maduras con las ideas claras. La cita no es gratuita porque si el argumento de Jem y los hologramas gira en torno a un grupo de adolescentes con más vida social que el Community Manager más pintado, el director de la película no es otro que Jon Chu, que fuera responsable de los documentales Justin Bieber: Never Say Never (2011) y Justin Bieber’s Believe (2013), estando exactamente la película dirigida al mismo público.

Las protagonistas de Jem y los hologramas son unas niñas insoportablemente superficiales. No tienen una madre que les alerte sobre los peligros de las redes sociales, sobre vivir en una fiesta constante, vistiéndose como si fueran adultas y pintándose la cara como auténticas puertas lacadas, claramente las típicas fashion victims que deben estar todo el día fusilando esas aplicaciones de venta de ropa usada. Madre tienen, pero no parece importarle en absoluto lo que sus hijas hagan, siempre que consigan la gloria y la fama, por su puesto. No importa que la protagonista haga hincapié en que lo que más le importa es la familia, o que en ocasiones se siente sola estando en compañía, es pura pose de cara a justificar las decisiones que toma, de lo contrario no lo preguntaría a sus seguidores de You Tube, sino a las personas que tiene más cerca.

Da la impresión de que Jon Chu se ha quedado colgado de sus documentales, porque nos presenta una generación de adolescentes que hará lo que sea con tal de conseguir la fama. No importa que tengan que vender su imagen y personalidad al primer postor para convertirles en otro producto vendible, sin importarles cómo terminen siendo. Lo único importante parar ellas es el éxito, y tampoco me refiero exactamente a realizarse como artistas, sino tan sólo alcanzar esa ansiada popularidad que hace estragos en los estadounidenses.

Hay un insólito momento de la película en la que pasa de ser una película de adolescentes en la línea de las de Hannah Montana para convertirse en Big Hero 6 (Chris Williams & Don Hall, 2014) mezclada con La invención de Hugo (Hugo, Martin Scorsese, 2011). El problema es aquí no estamos ante una película que te haga disfrutar, sino que te hace infeliz. ¿Por qué no tuviste un padre que tuvo la capacidad de ver que podrías convertirte en una estrella de rock cunado tenías tan sólo 5 o 6 años? ¿Por qué tu padre no fue inventor, para que cuando supiera que iba a morir diseñara un robot —que habría revolucionado la robótica seguro—, pero te le deja a ti para que puedas seguir las pistas que había desperdigado por Los Angeles? ¿Acaso no cambia nunca nada en Los Angeles, ni siquiera la decoración de los garitos de conciertos? El único aliciente real para ver Jem y los hologramas es la presencia de Molly Ringwald y Juliette Lewis. Si la primera no consigue gran cosa, dadas las limitaciones de su personaje, al menos la segunda compone una villana a la altura de Glenn Close en una película Disney. Más allá de eso, casi prefiero los documentales de Justin Bieber.

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