Christian Bale es Michael Burry en La gran apuesta

«La gran apuesta»: economía para principiantes que no quieran ser banqueros

Cartel de La gran apuesta
Cartel de La gran apuesta (Adam McKay, 2015, EE.UU.)

Título original: The big short
Año: 2015
Nacionalidad: EE.UU.

Dirección: Adam McKay
Guion: Charles Randolph & Adam McKay, basado en una novela de Michael Lewis
Producción: Dede Gardner, Jeremy Kleiner, Arnon Milchan & Brad Pitt
Fotografía: Barry Ackroyd
Montaje: Hank Corwin
Música: Nicholas Britell
Diseño de producción: Clayton Hartley
Dirección artística: Elliott Glick
Decorados: Linda Lee Stutton
Vestuario: Susan Matheson
Reparto: Ryan Gosling, Rudy Eisenzopf, casey Groves, Charlie Talbert, Harold Gervais, Maria Frangos, Christian Bale, Hunter Burke, Bernard Hocke, Shauna Rappold, Brandon stacy, Aiden Flowers, Peter Epstein, Anthony Marble, Silas Cooper, Steve Carell, Leslie Castay, Andrew Farrier, Tracy Letts, Ingrid Steed, Vanessa Cloke, David Zalkind, Carrie Lazar, Marisa Tomei, Mychael Bates, Rajeev Jacob, Jay Potter, Garrett Hines, Ryan Broussard, Adepero Oduye, Rafe Spall, Hamish Linklater, Jeremy Strong, Jeffrey Griffin, Stanley Wong, Anthony Bourdain, John Magaro, Finn Wittrock, Joseph Brooks, Colette Divine, Brad Pitt, Oscar Gale, Cayden Arthur Miscally, Dave Davis, Wayne Pére, Kate Blumberg, Billy Slaughter, Max Greenfield, Billy Magnussen, Heighlen Boyd, Ilan Srulovicz, Melissa Leo, Jay Jablonski, Blaine Kern III, Al Sapienza, Karen Gillan, Marcus Lyle Brown, Tyler Kunkle, Elliott grey, Jason Bayle, Byron Mann, Richard Thaler, Richard Thaler, Sophie Lee, Michael Aaron Santos, David Kallaway, Sharon Landry, James Yeargain, Lyle Brocato, Kelly Lind, Michael Kimball, Robyn Wholey, David Wyman, Peter Anderson, Lara Grice, Tony Bentley, Michael Kives, Jack Millard John Neisler, Michael Joseph Varino, Joel Diggs, Michael J. stein, Logan Crawford, Tim Wilson, Jae Suh Park, Colin Lawless, Margot Robbie, Selena Gomez…

¿Recordáis esas fotografías en las que los turistas se hacen fotografías en lugares típicos desde un ángulo que parece que están tocando los monumentos con el dedo? La mayoría de la gente lo hace no porque quiera, sino porque se supone que es lo que tienen que hacer. Así es como funciona la economía según La gran apuesta, una película que, en un principio, te cae tan mal como todos y cada uno de sus protagonistas, hasta que te das cuenta que no hacen otra cosa que decirte la verdad, por eso no te gustan inicialmente. ¿Que no te gustan? ¡Si hasta les odias!

No deja de ser oportuno ese apóstrofe del primer plano en que vemos a Ryan Gosling, que remite directamente a Uno de los nuestros (Goodfellas, Martin Scorsese, 1990, EE.UU.), porque no se trata exactamente de una cita, de un homenaje, sino de una manera de comparar banqueros y hombres de negocios con gángsteres y criminales que hacen lo que esté a su alcance con tal de conseguir lo que más les importa: el vil metal. Es posible que nunca se nos hubiera ocurrido pensar que un cineasta como Adam McCay, que tenía a Will Ferrer como su actor fetiche, fuera capaz de desnudar la economía de esta manera. Aunque claro, tampoco nunca hubiéramos pensado que los que se supone velan por nuestro dinero no hagan en realidad otra cosa que diseñar estrategias para quedarse con él y apropiarse de nuestro patrimonio.

Si me sorprende que el cine estadounidense siga empeñado en demostrar que la culpa de la crisis no la tuvo José Luis Rodríguez Zapatero, lo que desde luego no me sorprende en absoluto es que sigamos estando prácticamente en la misma situación que antes de que estallara la burbuja inmobiliaria —qué casualidad que en los Estados Unidos la crisis también esté ligada a la compra-venta de viviendas, hay que ver hasta donde llega la influencia de ZP—. A día de hoy las entidades bancarias siguen haciendo lo que hacían y la economía se sigue moviendo a base de amenazas ante las que sus principales «sirvientes», los políticos, se pliegan por miedo a lo que pudieran hacer o no hacer, más que ante lo que verdaderamente podrían hacer: nada.

Lo que en realidad parece la estrategia habitual de Christian Bale, empeñado en ser siempre el más feo de la película, se extiende ahora a sus compañeros de reparto en una estrategia para contarnos una fea realidad que no querrías admitir: que unos pringados vieron venir lo que la mayoría no quiso ver, aunque lo más triste —aparte del hecho de que Brad Pitt esté más atractivo que nunca— es que nadie les habría creído si lo hubieran contado a tiempo, como sigue sucediendo a tiempo pasado. Si a simple vista no parece que las cosas hayan cambiado mucho, al menos esta crisis sí ha sido útil en España, provocando el resquebrajamiento del bipartidismo que, salvo el impasse del franquismo, arrastramos desde los tiempos de la República. Otra cosa es que la sociedad española sea capaz de asimilar este cambio.

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