Jason Segel y Jesse Eisenberg son David Foster Wallace y Daic Lipsky en The end of the tour (James Ponsoldt, 2015, EE.UU.)

«The end of the tour»: adorar a alguien no es rendirle tributo

Cartel de The end of the tour (James Ponsoldt, 2015, EE.UU.)
Cartel de The end of the tour (James Ponsoldt, 2015, EE.UU.)

Título original: The end of the tour
Año: 2015
Nacionalidad: EE.UU.

Dirección: James Ponsoldt
Guion: Donald Margulies, basado en un libro de David Lipsky
Producción: James Dahl, Matt DeRoss, David Kanter, Mark C. Manuel & Ted O’Neal
Fotografía: Jakob Ihre
Montaje: Darrin Navarro
Música: Danny Elfman
Diseño de procuddión: Gerald Sullivan
Dirección artística: Sarah M. Pott
Decorados: Yvette Granata
Vestuario: Emma Potter
Reparto: Jesse Eisenberg, Jason Segel, Anna Chlumsky, Mamie Gummer, Joan Cusack, Ron Livingston, Mickey Sumner, Becky Ann Baker, Lindsey Elizabeth, Punnavith Koy, Noel Fletcher, Chelsea Anne Lawrence, Jennifer Jelsema, Dan John Miller, Gina Ferwerda, Scott Stangland, Johnny Otto, Stephanie Cotton, Joel Thingvall, Alexandra nedved, Ben Phelps, Rammel Chan, Javon Anderson, Jen Horling, LaTrallo Presley, Craig Dukus, Michael Cunningham, Stephen C. Forsell, Andy Beningo, Karen Voels, Kim Crozier, Jennifer Rebecka Holman, Kyle Jurassic, Victoria Schreur, Ken Price, Jake Hinkley, Alexander Christopher Jones, Kendra Knapp, Chris Slonske, Alan Holasek, Baleiric MacKiernan, Russell Delbert Johnson, Gerald Wayne Potter, Matthew Conrardy, Jackie Bery, Alisha Atallah, Zachary Parkhurst, John Arden McClure, Jacqueline VanVugt, Megan Smith, Hannah Dale VanHeulen, Christine Norris, Sebastian Love, Anthony Tolefree, Sally Kulikamp, Angela S. Mikker, Katie Galazka, Thomas Biernat, Kelly Piliouras Brown, Derek Spartz, Jaime Freemole, Deandre Davenport, Shawn Davenport, Luke Kulikamp, Andrew Huff, Matt Hiskes…

Acercarse a un escritor desde el punto de vista de otro escritor, frustrado, que se debate entre el respeto y la envidia que le suscita su colega, plantea muchas posibilidades. Pero hay relatos que por mucho que su planteamiento sea ciertamente interesante, por algo el guion de Donald Margulies estaba incluido en la lista de guiones complicados de llevar a la pantalla de 2013, no consiguen cumplir con las expectativas creadas cuando los vemos en la pantalla, con toda probabilidad culpa de su director, James Ponsoldt, al menos en este caso. Es lo que sucede con The end of the tour, que se centra en la entrevista de cinco días que Daivd Lipsky, por aquel entonces redactor mercenario para la revista Rolling Stone, le hace a David Foster Wallace inmediatamente después de publicar su obra cumbre, La broma infinita (Infinite jest, 1996, EE.UU.), que le convertiría en un escritor de culto.

Partimos de un relato que desde la primera secuencia deja claro que, lejos de cuestionar, rinde tributo a su protagonista. Al conocer su final, y el impacto que causa en su antagonista, ya no están dirigiendo hacia el respeto que debemos sentir por Wallace, por mucho que a lo largo del relato no parezca otra cosa que un tipo excéntrico y hasta en ocasiones algo patético. Un patetismo nada comparable con el de Lipsky, que se debate entre conseguir la entrevista que pretende su editor y hacerse amigo de su nuevo dios literario. Pero quizás sean estas mismas características las que se corresponden con el guionista y el director de la película.

Me da la impresión de que la profundidad del texto escrito por Margulies no consigue imponerse a la banalidad de las imágenes creadas por Pospoldt, quien se limita a enmarcar a sus personajes para que escupan sus diálogos sin ninguna intención psicológica ni en los encuadres, ni en la posición de la cámara, ni tampoco en los movimientos de cámara. Es como si cada uno se correspondieran igualmente con las cualidades de los dos personajes, quedando finalmente soterradas las habilidades de uno en las carencias del otro, de la misma manera que no conseguimos ver en la película los destellos de genialidad de Wallace, o aquellas características pro las que impresionó tanto a su entrevistador como para causarle tan buena impresión a pesar de la brevedad y tensión de su encuentro.

Tampoco las interpretaciones de Jason Segel y Jesse Eisenberg contribuyen a proporcionar algo más de credibilidad, por mucho que el primero haya sido reconocido en algún festival independiente. Aparte de que entre los dos actores no hay química ninguna, en ocasiones pareciera que han grabado sus planos por separado para unirlos en postproducción, mientras que uno parece disfrazado para ir a una fiesta de coña, el segundo todavía parece un adolescente con dificultades para sacar sus asignaturas adelante. Hay un momento en el que entra un soplo de esperanza para la película, cunado aparece la encantadora Joan Cusack, ilusión que se desvanece tan pronto te das cuenta de que ni siquiera es un papel de reparto, sino poco más que un cameo estelar, una figuración especial con más de una frase y un par de secuencias. Toda esta colección de torpezas, aparte del letargo que la película producen, al menos no impiden despertar el interés por Wallace y su obra, cumpliendo indirectamente el objetivo de sus autores.

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